HELENA GUEVARA - Expandiendo los límites de lo posible -

Mensajes etiquetados sensibilidad

Mejorar sin esfuerzo.

Ley weber y FechnerCómo aprende el ser humano

La auto-conciencia y la capacidad de aprendizaje del ser humano son las dos cualidades más significativas que nos diferencian del resto de las especies de nuestro planeta.

Nuestra capacidad de aprendizaje se deriva de la plasticidad cerebral, esto es, de la capacidad que tiene nuestro cerebro, a lo largo de toda su vida, de modificar su organización para una mejor adaptación al medio. La autoconciencia es la capacidad de darnos cuenta de qué sucede en nuestro medio interno y en nuestro medio externo.

Tomando esto en consideración Moshé Feldenkrais llegó a la conclusión de que si descubriéramos cómo aprendemos los seres humanos, podríamos optimizarnos a nosotros mismos hasta niveles aún, hoy por hoy, desconocidos.

Podríamos modificar aprendizajes deficientes o limitados adquiridos en el pasado. Aprender nuevas maneras de funcionar y usarnos a nosotros mismos, más eficaces y placenteras, en el presente, para vivir una vida más cómoda, estimulante y creativa, en el futuro. De esta forma podríamos acelerar nuestra evolución como individuos y como especie.

Y a eso dedicó Moshé Feldenkrais gran parte de su obra: a investigar cómo aprende el ser humano y bajo que condiciones este aprendizaje se puede optimizar.

Una de las claves más importantes que descubrió y aplicó al diseñar su método fue la “Ley de Weber-Fechner” o “Ley de la mínima diferencia perceptible”, la cual afirma que:

“A más débil sea un estímulo más facilidad tiene el sistema nervioso en detectarlo y modificarlo.”

Más concretamente significa que al reducir el esfuerzo muscular se agudiza la sensibilidad y la capacidad de percepción, lo que nos ayuda a tomar conciencia de diferencias cada vez más sutiles y a captar pequeños detalles inconscientes en nuestra forma de organizarnos, de movernos y de responder en la vida.

Por eso durante las clases se sugiere constantemente que los movimientos realizados sean pequeños y se realicen con el menor esfuerzo posible, para que el cerebro pueda modificar con mayor precisión la actividad muscular.

Por lo expuesto anteriormente, podemos deducir que tomar conciencia de lo inconsciente es mucho más fácil en la medida en la que nos vamos sutilizando, haciéndonos más sensibles y como consecuencia más vulnerables.

Hacerse más vulnerable significa, sentir más, estar más abierto, más expuesto, con menos miedo. Ósea, que cuanto menos esfuerzo más sensibilidad y cuanto menos miedo más conciencia. Cuanta más conciencia, mayor capacidad de darnos cuenta y de elegir una nueva forma de actuar y responder a todos y cada uno de los desafíos que nos presenta la vida, por que aumentar la capacidad de discernimiento aumenta la capacidad de elección.

Después de todo esto yo me pregunto:

• ¿Por qué en nuestras escuelas se promueve que los niños y jóvenes se “esfuercen” más?

• ¿Por qué el campo de la salud física se obceca en promocionar deportes de “esfuerzo” y competitividad?

• ¿Por qué en la vida hay que “currárselo” y “ganar el pan con el sudor de tu frente”?

• ¿No será esta forma de pensar y de actuar, a través del esfuerzo, un mecanismo de control social que impide el desarrollo de la sensibilidad, la conciencia y por consiguiente de la evolución del ser humano?

El exceso de esfuerzo o de fuerza de voluntad no son sino la ausencia de inteligencia y de conocimiento de cómo estamos diseñados y cómo funcionamos los seres humanos.

Muchas Gracias

Helena Guevara

“El propósito de mi método es que el cuerpo esté organizado para moverse con el mínimo esfuerzo y máxima eficacia, no a través de la fuerza muscular, sino de un mayor conocimiento de su funcionamiento”. Moshé Feldenkrais

Hiper-estimulación sensorial y estrés: Mecanismos control social.

tomar un descanso“Menos es más”

Afinar la percepción nos ayuda a descubrir pequeños matices, en nosotros y en el mundo que nos rodea, que sin una observación precisa y detalla pasarían inadvertidos.

A menudo nos quejamos de que tropezamos siempre con “la misma piedra”. Esto es debido a que los obstáculos que nos hacen tropezar suelen escapar a nuestra conciencia.

Feldenkrais nos propone afinar nuestros sentidos, especialmente el sentido Kinestético, para poder apreciar diferencias cada vez más sutiles y llevar nuestra conciencia hacia esos aspectos que hasta ahora eran irreconocidos y nos impedían avanzar, aprender y desarrollar nuevas habilidades o destrezas.

Para que nuestra capacidad perceptiva aumente es necesario disminuir la intensidad de los estímulos. Así nuestros sentidos se agudizarán, gradualmente, para poder captar la información que reciben.

Por ejemplo: Si estoy hablando contigo y voy progesivamente bajando el volumen de mi voz, tendrás que prestar más atención, para poder captar lo que digo y tu capacidad auditiva aumentará.

Si de pronto te trasladas de un espacio con luz a un lugar oscuro, al princpio no verás nada, pero progresivamente, tus ojos se adaptarán, y verás objetos y detalles que al principio pasaban inadvertidos.

Si estas una semana sin tomar nada de sal y tomas una comida con muy poca sal, te parecerá salado lo que siete días antes te resultaba soso.

Si reduces el esfuerzo muscular al moverte, podrás darte cuenta de hábitos de movimiento disfuncionales inconscientes que impiden que te muevas con más soltura y liviandad.

Osea, que al reducir los estímulos, nuestra capacidad de percepción se incrementará y, por consiguiente, la cantidad de información que recibiremos será mayor. A mayor información, mayor es la capacidad de un sistema para reorganizarse y evolucionar hacia un orden superior.

Si nos paramos a observar nos daremos cuenta que vivimos en una sociedad urbana que nos hiper-estimula:

  • A nivel visual: tiendas llenas de objetos, coches, personas, luces, pantallas, móviles, etc.
  • A nivel auditivo: música en cada comercio, televisiones en consultas médicas, bares y viviendas, megafonías, auriculares, conversaciones,  tráfico, etc.
  • A nivel gustativo: comida hiper-azucarada o hiper-salada, potenciadores del sabor, etc.
  • A nivel olfativo: sudores, perfumes, cremas, desodorantes, jabones, champus y suavizantes, desinfectantes, humo de cigarillos, motores,  etc.

Reducir estímulosA esto hemos de sumar un ritmo de vida vertiginoso: agendas hiper-apretadas con trabajo, familia, deporte,  actividad social, terapias, viajes, formaciones, etc.

¿A qué da lugar todo esto? Pues a que nuestro sistema nervioso esté hiper-estimulado, recibiendo constantemente una cantidad de información imposible de procesar, lo que da lugar al estrés, la angustia, ansiedad, cansacio crónico, insomnio, desorientación vital, altibajos emocionales, mentes que no descansan saltando de preocupación en preocupación…

Consumir objetos, información, actividades, relaciones, etc. es otro mecanismo de control social que nos impide captar la información esencial para el cambio y hacernos más inteligentes y creativos. Muy al contrario, este consumismo desaforado, con su correspondiente hiper-estimulación, nos embrutece, nos enferma y nos insensibiliza.

¿Qué podemos hacer? Decrecer en estímulos, parar, observar dónde y cómo vivimos nuestro día a día, deshacernos de lo que no necesitamos, refinarnos, sensibilizarnos, desarrollar nuestra auto-conciencia, y por ende, nuestra inteligencia y nuestra salud.

Una vez más, si somos conscientes de cómo actuamos tendremos la posibilidad de elegir.

Siempre fuimos libres.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estas dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies