HELENA GUEVARA - Expandiendo los límites de lo posible -

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¿Niños dependientes en cuerpo de adulto?

Padres modelan a hijosPor Helena Guevara: Cuando éramos niños, la atención y el afecto de nuestros padres, su aprobación, eran los únicos medios de subsistencia que teníamos a nuestro alcance y como es lógico, aunque no nos acordemos, hicimos todo lo posible por conseguirlos. Es entonces cuando inconscientemente comenzamos a asociar la seguridad con la aprobación.

Aprendimos que debíamos “ser buenos” para conseguir el afecto que necesitábamos y a sentirnos “culpables” si no obedecíamos dicha pauta establecida por los adultos.

Durante más de 10 años trabajé como asistente social con niños y adolescentes “maltratados” en centros de acogida. Vi casos en extremo dramáticos, pero siempre me impresionaba cómo, a menudo, los niños hablaban con orgullo y cariño de sus padres aunque éstos les hicieran sufrir.

Ese proceso me ayudo ser consciente de cómo el ser humano, por supervivencia física y emocional, tiende a “besar la mano que le da de comer” aunque “esa mano” sea violenta y carezca de respeto y amor.

Años más tarde pude corroborar como mis observaciones estaban apoyadas por la visión de Moshé Feldenkrais, quien afirmaba que:

“La pérdida de la seguridad atormenta más que el dolor del castigo. La angustia por el abandono puede forzar al niño a besar la mano punitiva.”

Si bien es cierto que en los servicios sociales suelen presenciarse los casos más dramáticos, no creo que muchos de nosotros estemos exentos de haber vivido bajo esta circunstancia.

Ahora trata de recordar. Para tus padres y/o profesores… ¿Que significaba “ser bueno”?

¿Estarse quieto, callado, no llorar o no molestar? ¿Obedecer a todas las indicaciones que señalaban? ¿Atender a sus demandas silenciando las propias necesidades? ¿Pensar como ellos? ¿Tener la misma forma de entender el mundo, de funcionar y de relacionarse con él?

¿Sentías cierto “chantaje emocional” que dictaba algo así como… “Si no haces lo que yo quiero, si no te comportas como yo espero de ti, no te voy a querer, me voy a enfadar, me vas a defraudar…”?

Me temo, que la inmensa mayoría de nosotros hemos crecido bajo esta forma de pensar, en la que el adulto ha de modelar al niño según sus propios criterios, sin escuchar sus verdaderas necesidades e inquietudes.

Si nos observamos como adultos podremos darnos cuenta de que, actualmente, nuestra dependencia de otros es tan grande que continuamos teniendo que cumplir con lo que se quiere o se espera de nosotros, para no perder el afecto de nuestros padres, la aprobación social y/o nuestros medios de subsistencia.

Desgraciadamente seguimos siendo niños dependientes pero ahora con cuerpo de adulto. Por continuar viviendo con miedo al aislamiento y a la soledad seguimos perpetuando el patrón de hacer lo que se espera de nosotros, ahogando en silencio nuestra individualidad, nuestras inquietudes y nuestras verdaderas necesidades. Quizás, por eso, acarreamos una constante y subterránea sensación de frustración y de falta de conexión con la verdadera alegría de vivir.

Y lo que más me interesa de esta reflexión es que si no tomamos la responsabilidad sobre nosotros mismos y no maduramos, si continuamos siendo niños con cuerpo de adulto, perpetuaremos este patrón disfuncional de “amor condicionado” y lo transmitiremos a nuestros hijos, a nuestros alumnos y/o empleados y el mundo seguirá siendo como es, nos guste o no.

Por eso dice Feldenkrais que:

“Si queremos crear una sociedad de personas creativas y en desarrollo, hay que suprimir totalmente esa relación de dependencia por la que nos dan un caramelo si somos buenos chicos y hemos de ganarnos el derecho a vivir obedeciendo los deseos del otro”.

Y añade:

“Las personas realmente sanas son aquellas capaces de vivir sus sueños plenamente”.

Entonces, ¿Qué significa madurar? ¿Te consideras una persona creativa, libre y en desarrollo?

Se sincer@ contigo mism@, ¿Estas viviendo tus sueños más anhelados plenamente?

Y más importante aún, ¿Qué quieres para tus hij@s y las generaciones venideras?

Muchas Gracias

Helena Guevara

Recuerda cuáles eran tus sueños

Materializar tus sueños¿Tú sabes cuál es tu gran sueño? ¿Qué es lo que realmente tú, como individuo único, quieres? ¿Sabes qué quieres hacer con esta vida, cómo vivirla?

No me refiero a lo que tu familia o tu pareja desean que hagas, no a lo que tus estudios o conocimientos te permiten hacer, tampoco a lo que te demanda la sociedad, sino a lo que tu corazón o la parte más profunda de tí quiere.

Generalmente, ante esta pregunta, la mayoría de las personas responde: “Si, sé lo que quiero. Quiero ser feliz, querer y que me quieran, tener trabajo, salud, dinero…” ¡Generalidades!

Si pedimos más concreción ante esta pregunta, normalmente acabamos escuchando: “La verdad, realmente no sé lo que quiero”.

Entonces…

¿Cómo vamos a materializar nuestros sueños si realmente no sabemos cuáles son?

Contestar a esta pregunta no es cosa fácil… Me pregunto por qué: ¿Por qué no sabemos lo que queremos?¿Por qué cuando “la vida” nos saca de nuestra zona de confort (la pareja se rompe, el trabajo se acaba, etc) nos desmoronamos, nos desorientamos, nos desalentamos y no sabemos hacia donde “tirar”?

En mi opinión hay una razón muy importante que nos impide saber “qué es lo que queremos” y sobre la cual, entiendo, es importante reflexionar. Esta razón es:

“Nunca, o casi nunca, nadie te preguntó, cuando eras niño: ¿Qué quieres?¿Qué sientes?¿Qué necesitas?”

Y es que todos fuimos criados, educados, enseñados, aleccionados, bajo el paradigma del autoritarismo. La autoridad pertinente siempre supo, o pretenciosamente creyó saber, qué era lo que necesitabamos, más allá de lo que nosotros, como niños, sentíamos que queríamos.

Quizás queríamos jugar con las ranas del rio, pero nuestros padres “sabían que lo mejor en ese momento no era jugar sino estudiar”, quizás necesitábamos dormir más por la mañana pero nuestros padres “sabían que lo mejor era que nos levantaramos y fueramos al colegio”, quizás nosotros queríamos leer cuentos de aventuras, pero nuestros profesores “sabían que lo mejor era  que leyéramos “El Quijote””, quizás queríamos bañarnos desnudos, no comer ese día, quedarnos más tiempo jugando, etc pero nuestros mayores elegían por nosotros sin tener en cuenta nuestras necesidades. Nadie nos escuchó.

Cada día nos decían lo que teníamos que hacer, qué comer, qué vestir, que estudiar, dónde ir, cuando, qué decir, que no decir, cómo comportarnos… nadie nos preguntaba qué queríamos, qué sentíamos, cuáles eran nuestras ilusiones, nuestros sueños… Así, poco a poco, fuimos alejándonos de nosotros mismos, de nuestro propio sentir, dejamos de escuchar nuestros corazones y nos desconectamos de nuestra sabiduría interior, de nuestra guía interior.

Y, así, despojados de nuestra conexión interna fueron pasando los años y una vez adultos nos preguntamos qué es lo que queremos y ya no nos acordamos, no sabemos cómo acceder a la información de nuestro interior, no sabemos cómo conectar con nuestro corazón. Y así vagamos por la vida, sin saber muy bien qué es lo que hacemos aquí…

Nos cortaron las alas…

¿Qué podemos hacer para recuperarlas, para que nos nazcan de nuevo?

¿Cómo reconectar con nuestras sensaciones internas más profundas?

¿Qué podemos hacer para no cortárselas a los niños que viene después de nosotros?

A este respecto podemos preguntarles: ¿Qué sientes? ¿Qué necesitas? ¿Cómo te puedo ayudar?

Al hilo de esto…

Túmbate cómodamente. Te van a contar un cuento… Espero que te inspire…

http://contandovoyyvengo.blogspot.com.es/2012/02/bolboreta.html

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