HELENA GUEVARA - Expandiendo los límites de lo posible -

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Cómo los adultos condicionaron nuestra buena o mala postura.

¿Qué significa buena o mala postura? ¿Cómo contribuyeron nuestros padres, cuidadores y profesores a crear una buena o mala postura en nosotros cuando éramos niños?

Para Moshé Feldenkrais “postura” es un término dinámico. Es el modo en el que una persona se organiza a sí misma para la acción. En palabras textuales: “Postura es el empleo que se hace de toda la función neuromuscular.”

BUENA POSTURA

Según su entendimiento, una persona con buena postura es alguien hábil en el uso de sí mismo. Eficaz biomecánicamente y sereno mentalmente. Que sabe actuar deprisa pero sin precipitación, y sobre todo, capaz de emplear toda la potencia que posee sin elementos parásitos.

MALA POSTURA

Una persona con mala postura es alguien que obra con una excesiva tensión muscular o emocional. Ineficaz, en el sentido de que gasta más energía de la que es necesaria para la acción. Torpe o brusca en su forma de actuar, incapaz de realizar acciones sosegadas, precisas o sutiles.

¿CÓMO SE GENERA LA MALA POSTURA?

Existen dos visiones acerca de cómo y cuándo nace la mala postura, de dos investigadores diferentes, que merecen ser expuestas. La de M. Feldenkrais y la de E. Hengstenberg.

VISIÓN DE MOSHÉ FELDENKRAIS

Feldenkrais argumenta que:

“La mala postura se cultiva, en la infancia, durante el periodo de dependencia, cuando el adulto exige al niño que realice actos para los cuales no tiene medios… cuando el fin a alcanzar esta fuera de las posibilidades reales del niño…” M.F

Niña jugando campoExplica que los niños, para no perder la aprobación, la protección o el reconocimiento de los adultos, tratarán de lograr, por todos los medios posibles, encarar la acción que se les demanda, aunque aún no estén preparados. Esto les obligará a forzar su sistema aún en desarrollo, tensándose, encorvándose, contrayendo músculos de cuello, manos o cara, agarrotando las articulaciones pélvicas y paralizando la respiración para no sentir la angustia que les genera la situación.

Estas contracciones excesivas, gestadas en un contexto emocionalmente intenso y perpetuadas en el tiempo, son los componentes de una “mala postura”.

“La mala postura manifiesta, siempre, la tensión emocional a la que se debió su formación.” M.F

Reflexionemos juntos.

¿En que situaciones de la vida los niños se ven obligados a realizar actos para los cuales no están preparados?

Por ejemplo:

• ¿Cuándo, nada más nacer, se separa al bebé de la madre, por que ésta necesita recuperarse?

• ¿Cuando se le pide al niño que duerma sólo, cuando aún anhela el contacto con su madre?

• ¿Cuándo se le obliga a comer “por su propio bien”?

• ¿Cuándo se le incita a andar antes de haber terminado su aprendizaje del gateo?

• ¿Cuándo se le pone un andador, cuando no anda por sí mismo?

• ¿Cuándo se le sienta en el orinal para que aprenda a orinar y a defecar, antes de que él lo demande, porque tiene que ir a la escuela y no puede entrar si usa pañal?

• ¿Cuándo se le separa de la familia y se le mete en centros cerrados cuando aún el niño necesita a sus padres y no a sus iguales?

• ¿Cuándo se le enseña a leer y a escribir, antes de que sienta un interés genuino por números y letras, y así se satisfaga la necesidad de lo adultos de “ver que aprende”?

• ¿Cuándo se le anima a un desafío motriz que no ha elegido por sí mismo, pero da a los adultos la sensación de que le están “enseñando a superarse”?

Veamos ahora que opina E. Hengstenberg…

VISIÓN DE ELFRIEDE HENGSTENBERG

Esta maestra e investigadora, colega de Elsa Gindler, Heinrich Jacoby y Emmi Pickler, en su libro “Desplegándose” habla de la importancia de:

No coartar la libertad de los niños de proceder libremente, de observar, investigar, probar y vencer los obstáculos sin la interferencia del adulto.

Respetar el afán del niño de querer probar las cosas por sí mismo, sin recortar sus iniciativas.

Aprender sin modelos. Por que los niños tienden a realizar los actos que el modelo muestra, cuando ellos aún no han pasado por el proceso de aprendizaje que requieren dichos actos. Además de que el aprendizaje por imitación les acaba alejando de sus propias percepciones internas.

No amenazar, castigar o imponer modos de obrar, ya que esto:

“Obliga al niño a abandonar el contacto natural con su organismo y a exigirle esfuerzos excesivos.”

Según su visión, todos estos aspectos deforman el cuerpo del niño y generan malas posturas.

En resumen, si no nos exigieron ir más allá de nuestros límites, si nos dejaron obrar a nuestra manera, nos permitieron tomar decisiones y aprender a nuestro ritmo y por nosotros mismos, en un contexto emocionalmente equilibrado, cultivamos, una buena postura.

Si nos forzaron a actuar antes de tiempo, si el fin a alcanzar estaba fuera de nuestras posibilidades reales, si no nos dejaron explorar libremente o nos castigaban o amenazaban, entonces cultivamos una mala postura.

Y tú, ¿Cómo te sientes? ¿Cómo es tu postura?

¿Te sientes ágil? ¿Te duele la espalda, los hombros, el cuello? ¿Estas encorvada? ¿Actuas precipitadamente? ¿Cómo es la tensión en tus mandíbulas y en la musculatura de tu cara? ¿Sientes la respiración amplia y libre?

¿Cómo fue tu infancia? ¿Qué quieres para los niños de la generación que te sigue?

Muchas gracias

Helena Guevara

* Próximo artículo: ¿Cómo mejorar nuestra postura?

Cómo nacieron tu carácter y tus creencias.

Crianza Padres HIjosCuando nacimos éramos un cuerpo que sentía. Aún no se había desarrollado nuestra mente racional, ni el lenguaje, ni el pensamiento abstracto, simplemente sentíamos.

Éramos, fundamentalmente, piel y boca. Una piel que pudo ser acariciada o no, que pudo ser respetada o abusada… Una boca que pudo ser alimentada con leche materna o no, alimentada cuando lo demandaba o cuando se le imponía.

Nuestro sistema nervioso se configuró gracias a la información que recibimos a través de las sensaciones tanto de nuestro entorno, como del interior de nuestro cuerpo.

Orinábamos y defecábamos, vomitábamos, nos caíamos, llorábamos… Dice Feldenkrais que según cómo nuestros cuidadores respondieron a estas demandas tan físicas comenzamos a crearnos un modo de comprender el mundo y a generar unas respuestas para adaptarnos a él y sobrevivir. Ante esa brutal dependencia no tuvimos opción y cada uno se adaptó como pudo al contexto que le envolvía. Hicimos todo lo que pudimos para no sentirnos abandonados y obtener afecto, aprobación, protección, seguridad y reconocimiento. Y así nacieron nuestros patrones de comportamiento y nuestro caracter…

Si los adultos aliviaron nuestras necesidades orgánicas con respeto, paciencia y amabilidad creamos una visión del mundo.

Si nos apartaron, nos hicieron sentir culpables o respondieron con dilación ante los diferentes sucesos que aparecían en nuestro cuerpo, formamos otra visión muy distinta.

Probablemente, en el primer caso, comprendimos, somáticamente, que este mundo era un lugar amable que merecía ser explorado con entusiasmo, alegría y agradecimiento. En el segundo caso, posiblemente, sentimos que esta vida, este mundo, era un lugar difícil al que debíamos adaptarnos y resignadamente comenzamos a aceptar el sufrimiento como parte inherente de la vida.

¿Cómo percibes tú la vida? Sé honesto, cómo la percibes realmente, no cómo se supone que la debes percibir.

¿Cómo era el contexto en el que te desarrollaste? ¿Eres consciente de las estrategias, funcionales o disfuncionales, que tuviste que inventar para no perder la sensación de seguridad y no sentirte abandonado?

¿Cómo respondes hoy en día ante los diferentes desafíos de tu vida? ¿Qué estrategias utilizas? ¿Has descubierto cierto patrón de funcionamiento o de respuesta que se va repitiendo a lo largo de tu vida?

Mantén estas preguntas presentes, porque son importantes. Y no tengas prisa por responderlas, por que no es tan fácil… A menudo nos hacemos trampas a nosotr@s mism@s, nos mentimos, para no sufrir…

Dice Moshé:

“Cuando nos hacemos conscientes de lo que, de hecho, estamos haciendo, y no de lo que decimos o pensamos que hacemos, el camino real a la mejoría se abre ante nosotros.”

Lo cual quiere decir que antes de mejorar, cambiar y evolucionar hemos de ser conscientes de “qué es realmente lo que estamos haciendo” y no engañarnos creyendo que “ya sabemos” lo que estamos haciendo.

Feldenkrais es un camino de auto-aprendizaje y auto-consciencia a través del movimiento. Sus clases  te van a enseñar tu potencial muy rápidamente, pero también, te aviso, es un camino de humildad, por que te van a mostrar las mentiras que te cuentas…

Helena Guevara

Recuerda cuáles eran tus sueños

Materializar tus sueños¿Tú sabes cuál es tu gran sueño? ¿Qué es lo que realmente tú, como individuo único, quieres? ¿Sabes qué quieres hacer con esta vida, cómo vivirla?

No me refiero a lo que tu familia o tu pareja desean que hagas, no a lo que tus estudios o conocimientos te permiten hacer, tampoco a lo que te demanda la sociedad, sino a lo que tu corazón o la parte más profunda de tí quiere.

Generalmente, ante esta pregunta, la mayoría de las personas responde: “Si, sé lo que quiero. Quiero ser feliz, querer y que me quieran, tener trabajo, salud, dinero…” ¡Generalidades!

Si pedimos más concreción ante esta pregunta, normalmente acabamos escuchando: “La verdad, realmente no sé lo que quiero”.

Entonces…

¿Cómo vamos a materializar nuestros sueños si realmente no sabemos cuáles son?

Contestar a esta pregunta no es cosa fácil… Me pregunto por qué: ¿Por qué no sabemos lo que queremos?¿Por qué cuando “la vida” nos saca de nuestra zona de confort (la pareja se rompe, el trabajo se acaba, etc) nos desmoronamos, nos desorientamos, nos desalentamos y no sabemos hacia donde “tirar”?

En mi opinión hay una razón muy importante que nos impide saber “qué es lo que queremos” y sobre la cual, entiendo, es importante reflexionar. Esta razón es:

“Nunca, o casi nunca, nadie te preguntó, cuando eras niño: ¿Qué quieres?¿Qué sientes?¿Qué necesitas?”

Y es que todos fuimos criados, educados, enseñados, aleccionados, bajo el paradigma del autoritarismo. La autoridad pertinente siempre supo, o pretenciosamente creyó saber, qué era lo que necesitabamos, más allá de lo que nosotros, como niños, sentíamos que queríamos.

Quizás queríamos jugar con las ranas del rio, pero nuestros padres “sabían que lo mejor en ese momento no era jugar sino estudiar”, quizás necesitábamos dormir más por la mañana pero nuestros padres “sabían que lo mejor era que nos levantaramos y fueramos al colegio”, quizás nosotros queríamos leer cuentos de aventuras, pero nuestros profesores “sabían que lo mejor era  que leyéramos “El Quijote””, quizás queríamos bañarnos desnudos, no comer ese día, quedarnos más tiempo jugando, etc pero nuestros mayores elegían por nosotros sin tener en cuenta nuestras necesidades. Nadie nos escuchó.

Cada día nos decían lo que teníamos que hacer, qué comer, qué vestir, que estudiar, dónde ir, cuando, qué decir, que no decir, cómo comportarnos… nadie nos preguntaba qué queríamos, qué sentíamos, cuáles eran nuestras ilusiones, nuestros sueños… Así, poco a poco, fuimos alejándonos de nosotros mismos, de nuestro propio sentir, dejamos de escuchar nuestros corazones y nos desconectamos de nuestra sabiduría interior, de nuestra guía interior.

Y, así, despojados de nuestra conexión interna fueron pasando los años y una vez adultos nos preguntamos qué es lo que queremos y ya no nos acordamos, no sabemos cómo acceder a la información de nuestro interior, no sabemos cómo conectar con nuestro corazón. Y así vagamos por la vida, sin saber muy bien qué es lo que hacemos aquí…

Nos cortaron las alas…

¿Qué podemos hacer para recuperarlas, para que nos nazcan de nuevo?

¿Cómo reconectar con nuestras sensaciones internas más profundas?

¿Qué podemos hacer para no cortárselas a los niños que viene después de nosotros?

A este respecto podemos preguntarles: ¿Qué sientes? ¿Qué necesitas? ¿Cómo te puedo ayudar?

Al hilo de esto…

Túmbate cómodamente. Te van a contar un cuento… Espero que te inspire…

http://contandovoyyvengo.blogspot.com.es/2012/02/bolboreta.html

Premio y Castigo – Dos obstáculos para materializar tus sueños

Feldenkrais tenía un novedoso concepto de Salud, decía que:

“Las personas realmente sanas son aquellas capaces de vivir sus sueños plenamente.”

Además sostenía que:

“Si queremos crear una sociedad de personas creativas y en desarrollo, hay que suprimir totalmente esa relación de dependencia por la que nos dan un caramelo si somos buenos chicos y hemos de ganarnos el derecho a vivir obedeciendo los deseos del otro.”

Observó que el sistema de educación conductual premio y castigo, predominante en nuestra cultura, anulaba la facultad del ser humano de desarrollarse plena y libremente como persona y le incapacitaba para desarrollar la habilidad de crear la realidad que deseaba.

Premio y Castigo¿Por qué el modelo conductista de premiar y castigar impide que realicemos nuestros sueños?

La mayoría de nosotros hemos sido educados bajo el paradigma premio-castigo, lo que genera una necesidad compulsiva de éxito y/o miedo al fracaso. Esto nos ha hecho ser personas inseguras y miedosas o en exceso ambiciosas y enfocadas en el logro, bien sea económico, personal o social.

Pero analicemos esto más detenidamente…

MIEDO AL FRACASO

Durante nuestra infancia, la mayoría de nosotros, hemos sido juzgados, criticados, evaluados, amenazados, reprimidos, castigados, suspendidos, sermoneados, etc. En la familia, por nuestros padres, en la escuela, por nuestros profesores, en la iglesia, por los curas y en la calle, por nuestros vecinos. Unas veces de forma manifiesta, otras de forma más sutil. Esto ha hecho que crezcamos con miedo; miedo a ser castigados, a ser inadecuados, a no ser aceptados, etc.

Recordemos que nuestro cerebro reptiliano, el más antiguo y primitivo de los tres, bajo amenaza se activa, poniendo en funcionamiento el mecanismo de huida o defensa con el fin de mantener la supervivencia. Al activarse el cerebro reptiliano se desconectan las áreas más evolucionadas del cerebro, como la corteza prefrontal, encargada, entre otras funciones, del pensamiento abstracto y de la solución creativa de problemas.

Esto hace que bajo amenaza de castigo se inhiba la capacidad de dar respuestas ingeniosas ante los obstáculos que van apareciendo en el proceso de materialización de nuestros sueños.

Además el miedo a ser juzgado, junto con el miedo a perder la aprobación externa, hace que la exploración espontánea de nuevas opciones vaya disminuyendo hasta quedar anulada por completo.

En resumen, el miedo al fracaso y al castigo hace que nos quedemos paralizados, impide que nos pongamos en marcha, que demos un sí rotundo a lo que dicta nuestro corazón y que materialicemos nuestros sueños.

NECESIDAD COMPULSIVA DE ÉXITO

De nuevo, hemos de remontarnos a nuestra infancia, cuando nuestra necesidad de pertenencia y de sentirnos seguros y aceptados sólo era satisfecha cuando estábamos a la altura de las expectativas de nuestros cuidadores.

Cuando respondíamos tal y como se esperaba de nosotros recibíamos diferentes tipos de premios: alabanzas, elogios, aplausos, recompensas materiales, etc. Así es cómo se configuró nuestro modelo sentimental de conducta, es decir, la forma en la que aprendimos a conducirnos en la vida.

Inconscientemente, una vez “adultos”, continuamos repitiendo este modelo de conducta buscando la aprobación y el reconocimiento familiar y social a través del éxito en las áreas que nuestra familia o nuestra sociedad considera adecuadas.

Esta necesidad compulsiva de éxito y/o de aprobación hace que, corramos apresuradamente, hacia delante, en pos del éxito, saltándonos partes del proceso imprescindibles para la concreción de nuestros deseos, o bien que nos desviemos de nuestros anhelos personales y acabemos materializando los deseos de otros.

Entonces… ¿Cómo deshacernos de estos condicionamientos? ¿Cómo realizar lo que verdaderamente deseamos?

  • Descubriendo qué es lo que realmente queremos. No lo que se espera de nosotros, discerniendo qué deseos son propios y cuáles son  impuestos por las expectativas de nuestra familia y/o de nuestra sociedad.
  • No teniendo miedo a explorar, a probar, a intentar… aceptando que equivocarse es una parte natural e imprescindible del proceso de aprendizaje.
  • No teniendo miedo al que dirán, al juicio externo, reconociendo nuestra propia valía y respetando nuestra propia individualidad.
  • Conociendo y respetando nuestro propio ritmo, yendo despacio y prestando atención al proceso, al arte de ir logrando.
  • Y sobre todo, sobre todo, disfrutando del camino…

¡MEJORA TU SALUD, CREA TUS SUEÑOS!

Gracias

Helena Guevara

VÍDEO – FELDENKRAIS “BABY TEACHER II”

442308340_640Y el maestro continúa enseñándonos…

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