HELENA GUEVARA - Expandiendo los límites de lo posible -

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Sé tu propio fisio-psico-terapeuta.

“La grandeza de Moshé Feldenkrais fue la de ser un maestro que

entrenó a maestros y no a discípulos”

pies hacia techo feldenA través del Método Feldenkrais® no se enseña ningún sistema de creencias, sino que se invita a las personas a cuestionarse a si mismas constantemente. La clases de Feldenkrais® son un laboratorio en el que, a través del movimiento, cada alumno se convierte en el investigador y en el objeto investigado. Son clases de autoconocimiento experimental.

No existe una autoridad externa que sabe, diagnostica y orienta al alumno acerca de cómo proceder. Por el contrario, el facilitador crear un ambiente amable y propicio para que cada persona se conozca y se enseñe a sí misma.

“ El objetivo de este aprendizaje es quitar toda autoridad externa de su vida interior. Eliminar el viejo hábito de escuchar a los demás acerca de su propia comodidad o conveniencia.” Moshé Feldenkrais

Gracias al original diseño de las clases de Feldenkrais®, a las orientaciones y preguntas del facilitador y, sobre todo, gracias a la inteligencia intrínseca del sistema nervioso humano, cada alumno, paulatinamente, podrá hacer conscientes muchos aspectos inconscientes de sí mismo y descubrir las claves para generar un cambio profundo y duradero.

En las clases de Feldenkrais® no se ejercitan los músculos sino que se entrena la atención y se educa el sentido de la percepción. Es esencial mantener un alto grado de atención en las sensaciones, durante el desarrollo del movimiento, para darnos cuenta de qué estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo.

Darnos cuenta de qué estamos haciendo nos abre la puerta a la posibilidad de explorar formas alternativas, más sanas e inteligentes, de hacer lo que hacemos.

Explorar y descubrir nuevas opciones de hacer lo que hacemos, despierta nuestro potencial creativo, desarrolla nuestra capacidad de inventar nuevas preguntas y aumenta nuestra capacidad de elección.

Al aumentar nuestra capacidad de elección, nos sentimos más libres y autónomos. Los límites de lo posible se empiezan a expandir…

“Una persona madura es aquella que es capaz de tomar la responsabilidad de su vida y de dirigir los propios pasos a través de las tormentas sin vacilaciones y sin necesitar el apoyo sentimental de otra persona.” Moshé Feldenkrais

Lo que expresan, a menudo, las personas que prolongan este entrenamiento de la atención y la percepción en el tiempo, es que van aprendiendo a solucionar sus propias dificultades, sean estas físicos, emocionales, laborales, familiares, etc., sin necesitar apoyos externos.

La experiencia y sensación interna de ser capaz de solventar e integrar cualquier situación que se presente en nuestra vida es lo que crea las bases de una autoestima real. Por ello es primordial aprender por uno mismo a resolver los propios desafíos.

gente alegra haciendo feldenSi Moshé Feldenkrais, cuando se lesionó tan gravemente su rodilla, hubiera hecho caso a los médicos acerca de que jamás volvería a caminar y no se hubiera convertido en su propio “fisio-psico-terapeuta“, quizás yo también les habría hecho caso cuando me dijeron, con 27 años, que tenía una enfermedad genética degenerativa en la columna, para la cual no había cura, y que tenía que asumir el dolor crónico y la limitación de movimiento progresiva como parte de mi vida.

Helena Guevara

¿Niños dependientes en cuerpo de adulto?

Padres modelan a hijosPor Helena Guevara: Cuando éramos niños, la atención y el afecto de nuestros padres, su aprobación, eran los únicos medios de subsistencia que teníamos a nuestro alcance y como es lógico, aunque no nos acordemos, hicimos todo lo posible por conseguirlos. Es entonces cuando inconscientemente comenzamos a asociar la seguridad con la aprobación.

Aprendimos que debíamos “ser buenos” para conseguir el afecto que necesitábamos y a sentirnos “culpables” si no obedecíamos dicha pauta establecida por los adultos.

Durante más de 10 años trabajé como asistente social con niños y adolescentes “maltratados” en centros de acogida. Vi casos en extremo dramáticos, pero siempre me impresionaba cómo, a menudo, los niños hablaban con orgullo y cariño de sus padres aunque éstos les hicieran sufrir.

Ese proceso me ayudo ser consciente de cómo el ser humano, por supervivencia física y emocional, tiende a “besar la mano que le da de comer” aunque “esa mano” sea violenta y carezca de respeto y amor.

Años más tarde pude corroborar como mis observaciones estaban apoyadas por la visión de Moshé Feldenkrais, quien afirmaba que:

“La pérdida de la seguridad atormenta más que el dolor del castigo. La angustia por el abandono puede forzar al niño a besar la mano punitiva.”

Si bien es cierto que en los servicios sociales suelen presenciarse los casos más dramáticos, no creo que muchos de nosotros estemos exentos de haber vivido bajo esta circunstancia.

Ahora trata de recordar. Para tus padres y/o profesores… ¿Que significaba “ser bueno”?

¿Estarse quieto, callado, no llorar o no molestar? ¿Obedecer a todas las indicaciones que señalaban? ¿Atender a sus demandas silenciando las propias necesidades? ¿Pensar como ellos? ¿Tener la misma forma de entender el mundo, de funcionar y de relacionarse con él?

¿Sentías cierto “chantaje emocional” que dictaba algo así como… “Si no haces lo que yo quiero, si no te comportas como yo espero de ti, no te voy a querer, me voy a enfadar, me vas a defraudar…”?

Me temo, que la inmensa mayoría de nosotros hemos crecido bajo esta forma de pensar, en la que el adulto ha de modelar al niño según sus propios criterios, sin escuchar sus verdaderas necesidades e inquietudes.

Si nos observamos como adultos podremos darnos cuenta de que, actualmente, nuestra dependencia de otros es tan grande que continuamos teniendo que cumplir con lo que se quiere o se espera de nosotros, para no perder el afecto de nuestros padres, la aprobación social y/o nuestros medios de subsistencia.

Desgraciadamente seguimos siendo niños dependientes pero ahora con cuerpo de adulto. Por continuar viviendo con miedo al aislamiento y a la soledad seguimos perpetuando el patrón de hacer lo que se espera de nosotros, ahogando en silencio nuestra individualidad, nuestras inquietudes y nuestras verdaderas necesidades. Quizás, por eso, acarreamos una constante y subterránea sensación de frustración y de falta de conexión con la verdadera alegría de vivir.

Y lo que más me interesa de esta reflexión es que si no tomamos la responsabilidad sobre nosotros mismos y no maduramos, si continuamos siendo niños con cuerpo de adulto, perpetuaremos este patrón disfuncional de “amor condicionado” y lo transmitiremos a nuestros hijos, a nuestros alumnos y/o empleados y el mundo seguirá siendo como es, nos guste o no.

Por eso dice Feldenkrais que:

“Si queremos crear una sociedad de personas creativas y en desarrollo, hay que suprimir totalmente esa relación de dependencia por la que nos dan un caramelo si somos buenos chicos y hemos de ganarnos el derecho a vivir obedeciendo los deseos del otro”.

Y añade:

“Las personas realmente sanas son aquellas capaces de vivir sus sueños plenamente”.

Entonces, ¿Qué significa madurar? ¿Te consideras una persona creativa, libre y en desarrollo?

Se sincer@ contigo mism@, ¿Estas viviendo tus sueños más anhelados plenamente?

Y más importante aún, ¿Qué quieres para tus hij@s y las generaciones venideras?

Muchas Gracias

Helena Guevara

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