HELENA GUEVARA - Expandiendo los límites de lo posible -

Feldenkrais y las Artes Marciales

ENTREVISTA A MOSHÉ FELDENKRAIS SOBRE SU EXPERIENCIA EN LAS ARTES MARCIALES

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Entrevista realizada por Dennis Leri y los compañeros de curso Charles Alston, Mia Segal, Robert Volberg, Frank Wildman, Anna Jonson y Jerry Karzen, durante el primer curso para futuros profesionales del método Feldenkrais en San Francisco en 1977.
Las artes marciales, especialmente el Judo, fue para Moshé Feldenkrais una fuente inagotable para el desarrollo de su método. Los ejercicios de la Toma de conciencia a través del movimiento están inspirados en gran medida en el Judo, arte marcial de la que fue el primer cinturón negro europeo con la máxima graduación y que consideraba más como arte que marcial. Fundó el primer club de Judo en Europa, París, todavía en activo.
No sólo se habla de Judo, y eso es lo que hace interesante el artículo para los que tenemos curiosidad por la vida y el entorno en el que vivió Feldenkrais, y el origen del método. Es un relato cargado de humor, ironía y, a veces, sarcasmo, talante que caracterizaba al fundador del método y recursos que usaba con habilidad para despertar el interés y atraer la atención del auditorio, en este caso ante un grupo de alumnos del que fue su primer curso.

Pregunta: ¿Cuál es tu historia en las artes marciales?

Respuesta: Bien, podría escribir un libro sobre ella. Uno que se vendería como churros porque es muy interesante. Es una crónica extraordinaria. En pocas palabras, es como sigue…
Ya sabes que fui a Israel cuando era muy joven; entonces no era Israel, era Palestina. Estaba bajo mandato británico. Éstos eran unos expertos en la política que inventaron los romanos: divide y vencerás. Esto quiere decir que si quieres ocupar un territorio sin mantener un millón de soldados allí, lo único que hay que hacer es decirle al señor X que el señor Y te dijo cualquier cosa, o le explicas algo al señor X, y otra cosa al señor Y. Al cabo de 5 semanas ambos señores se “comerán” el uno al otro y así seguirán de por vida. Todo lo que tienes que hacer es decirle el señor X que tiene razón, y al señor Y que, no, que la razón la tiene él, y otra vez das la razón al señor X y después al señor Y, y así sucesivamente…(risas)…, y durante 25 años podrás gobernar sin coste alguno, pero con mucho derramamiento de sangre ¿La sangre de quién? De los que se matan entre sí. Ellos (los británicos) hicieron lo mismo en la India y en todas partes, y los demás (no sólo los británicos), los que gobiernan en territorios ajenos, hacen lo mismo. No hay otro modo de hacerlo. Ésta es la experiencia del mundo. El mandato británico en Palestina fue así, un enfrentamiento entre árabes y judíos que aun continúa, con el odio que introdujeron y fomentaron los británicos entre estos dos pueblos.
A lo largo de la historia los árabes y los judíos han vivido juntos como hermanos. Durante la Era Dorada de nuestra cultura, la Era de Maimonedes, vivieron nuestros grandes poetas y los grandes poetas y matemáticos árabes; Maimonedes escribió algunos de sus libros en árabe y otros en hebreo, y lo mismo hicieron los árabes. Ellos conocían el hebreo. Fue una época dorada para ambos pueblos y jamás hubo ningún enfrentamiento. Más tarde llegaron los británicos e introdujeron el odio que no hubo durante 2000 años entre judíos y árabes. Así que, cuando llegué a Palestina éramos un grupo reducido y nunca colonizamos ni una pequeña porción de terreno que no fuera comprada ¿Habéis visto alguna nación así? ¿Cuánto pagaron los americanos a los indios por sus tierras? Nada, nada. Pagamos por cada trozo de terreno en todas las colonias. Teníamos contratos legales aprobados por el gobierno y pagamos por las primeras colonias; todo era correcto.

Si sigo contando la historia de esta manera necesitaremos dos días. Lo que pasó a continuación es que, los británicos solían iniciar algunos enfrentamientos, y mientras los judíos y árabes se peleaban, ellos nunca intervenían. Solían mandar a la policía para pacificar, pero la policía estaba más preocupada por sus caballos que por la sangre que se derramaba. Solían venir desde las afueras de la ciudad y se quedaban allí para dar de comer a los caballos durante dos horas. Tenían la costumbre de llegar a la ciudad cuando ya habían unos 50 muertos de cada bando, entonces desarmaban a los que llevaban armas. Por supuesto esta iniciativa también era bastante “objetiva”. Los árabes llevaban espadas y puñales, pero como los llevaban habitualmente, se consideraba como el “atuendo normal”, y esto no era ir armado, ya que, los árabes llevaban siempre dagas ajustadas al cinto. Pero, si un judío llevaba un cuchillo de más de cinco centímetros, se le detenía porque iba armado y se le consideraba responsable de cualquier altercado.

Y así, un día un grupo de 43 judíos fueron arrestados, por defender sus propias vidas, las de sus esposas e hijos a causa de una invasión árabe en Tel Aviv. No fue porque estuviéramos en una colonia árabe, puesto que éstos vinieron de fuera. Los que tuvieron un cuchillo para defenderse fueron arrestados y algunos fueron condenados a muerte como responsables del enfrentamiento. Del mismo modo, en el lado árabe, portaban largas espadas cubiertas de sangre, pero era su “atuendo habitual”. Por supuesto, después de esto los judíos decidieron que se vengarían de este derramamiento de sangre. En la siguiente refriega los británicos hicieron lo mismo a los árabes; no pensar que sólo nos lo hacían a nosotros. Y este era el modo en que los británicos espléndidamente gobernaban, hasta que decidimos mandarlos a hacer puñetas. Les hicimos la vida tan difícil que tuvieron que marcharse de allí. Pero antes de irse nos hicieron el mayor perjuicio que pueda hacerse. Solicitamos a los árabes permanecer allí. Les dijimos, vosotros estáis aquí, nosotros estamos aquí, vivamos en paz. Permanecer, conservaréis todos vuestros derechos como ciudadanos en igualdad de condiciones.

Los británicos propusieron en todas las colonias árabes, “no seáis estúpidos, hay una guerra, os pueden matar. Marchaos, ir a Transjordania, ir a Egipto. Iros. En tres días venceréis a los puñeteros judíos; no tienen armas, quieren iniciar un Estado ¿Cómo van a hacerlo? Si os mantenéis unidos los derrotareis.” Y así es como los británicos crearon lo que hoy llaman refugiados, porque todos los que les creyeron se marcharon y en lugar de vencernos en tres días, les vencimos sin armas, sin nada, simplemente con valor ¿Sabes como destruíamos sus tanques? Los chavales se dirigían hacia el tanque con un cóctel molotov, los mataban y los tanques eran destruidos. Teníamos centenares de personas así, que dieron sus vidas con las “armas” que los judíos no tuvieron. No se puede destruir un tanque con un cóctel molotov a menos que lo pongas debajo del tanque, y así lo hicieron centenares de personas. Los refugiados volvieron, incitados por lo que les dijeron los británicos, que en tres días vencerán a los judíos serían vencidos y podrían regresar.
Habían muchos jóvenes como yo; entonces tenía 16 años. Era como los demás. Decidimos que moriríamos, pero los jodidos británicos no estarían aquí para enfrentarnos contra los árabes como enemigos permanentes. De este modo creamos el Haganah, que quiere decir grupo de autodefensa. Éramos unos 300 jóvenes y no teníamos nada, ni cuchillos, tan sólo bastones. Nos mantuvimos unidos, aprendimos a usar nuestras manos, palos, cualquier cosa que tuvieras a mano para poder cuidar de la población indefensa.

Un joven alemán, experto en Jujitsu, nos dio la primera lección de esta técnica. Después de un tiempo nos convertimos en expertos en Jujitsu. Nos entrenábamos por la noche. Pero, en aquel momento, fue una época tranquila y abandonaron el entrenamiento. Cuando los enfrentamientos se reiniciaron, resultó que, aquellos que no sabían Jujitsu, que no se entrenaron lo suficiente, ninguno fue asesinado ni herido ya que huyeron y se escondieron. Pero los expertos que se enfrentaron a los puñales y a las espadas con las manos desnudas o con palos, la mitad fueron asesinados o heridos. ¡Fíjate! Los que no se entrenaron se salvaron porque corrieron, o no arriesgaron el cuello y evitaron el peligro. Pero aquellos idiotas que habían entrenado unos cuantos meses y se llamaban a sí mismo expertos porque se entrenaban en el gimnasio lleno de colchonetas, simulando ataques, la mitad fueron asesinados. Es como si haces un mes de Aikido e intentas enfrentarte a alguien con una espada, entonces verás de qué te sirve el Aikido. De esta forma, así fue.
No podía aceptarlo. Sentí que este Jujitsu era un sistema estúpido. Obviamente, si me entrenara toda la vida y estuviera interesado en ser un Samurai, concentro toda mi vida en la preparación, en la lucha, estaría preparado a todas horas. Incluso hasta cuando fuera paseando por la calle, con las manos preparadas para desenvainar la espada; sabría que soy invencible. Pero, si estudias durante dos meses y luego estás dos años sin formación, y te crees que puedes desarmar a quien quiera matarte con una espada, entonces eres un pobre inocente. Las posibilidades de conseguirlo se han jodido. Así pues, me senté y les dije, mirar, os voy a proponer algo muy divertido. La mayoría de los trucos que hemos aprendido no tienen valor alguno. Si intentara agredirte con un cuchillo ¿qué harías? ¿levantar la mano? Este es el punto de inicio. Ahora, solamente os voy entrenar sobre este movimiento, hasta que, de forma natural, sin pensar ni plantarse nada, os protejáis la cabeza, la garganta, y el cuerpo de cualquier ataque, a partir del primer movimiento que surge espontáneamente.

A continuación, con un grupo de personas, cogí un cuchillo y ataqué a cada una de ellas, y las fotografié. Quedaron reflejados los primeros movimientos y detecté que, si realmente se sufre un ataque nadie reacciona quitándote el cuchillo, si no que la reacción es de protección. Nadie responde el ataque, se protegen la cabeza con el brazo, la garganta, la espalda. Si se intenta golpear a alguien, verás qué hace; no permanecerá con los brazos abajo, mirándote, sin protegerse. Cuando golpeas a alguien con un bastón, gira su espalda hacia ti y protege su cabeza, deja que le golpees la espalda. Por lo tanto, la mayoría de la gente, hasta en las películas, se dejan golpear la espalda protegiéndose la cabeza. Los golpes en la espalda son dolorosos, pero no peligrosos, a menos que, por supuesto, se rompa algún hueso, cosa que es posible. Pero, aunque se llegasen a romper todos los huesos, no fallecería súbitamente. Ésta era la idea, descubrir cuál es el primer movimiento que se hace ante un ataque. Desarrollé un sistema de defensa para cualquier tipo de ataque, en el que la primera reacción no es pensar qué hay que hacer, sino qué se hace realmente cuando se está amenazado. Les dije, “hay que empezar a preparar a la gente a partir del primer movimiento espontáneo, la primera reacción.” Los entrené durante tres meses, como hicimos anteriormente, y al cabo de un año, sin haber entrenado regularmente, ensayamos de nuevo un ataque. Desde luego, continuamos ensayando movimientos defensivos a partir de la primera reacción espontánea de protección. Fue una experiencia excepcional. La mayoría supieron qué hacer inmediatamente, sin pensar en ello. Me sentí orgulloso y, por supuesto, recluté un grupo de muchachos en el Haganah con los que trabajamos dos o tres años perfeccionando este sistema de autodefensa. Presenté la idea a la dirección de la organización, que, en aquel entonces era un grupo secreto. Nadie conocía sus nombres para que no pudieran ser desenmascarados y sentenciados por los británicos a la horca. Todavía recuerdo que me dieron 25 libras esterlinas, que en 1921 eran el equivalente a unos 100.000 dólares de hoy. Con este dinero publiqué en hebreo el libro que describía el sistema defensivo, el cual se distribuyó a todos los miembros de Haganah, tanto en Tel Aviv como en otras colonias. El libro contenía dibujos de todo.
Si el libro caía en manos británicas y se descubría quién lo había escrito, probablemente, me hubieran detenido e interrogado sobre la identidad de los líderes de Haganah, etcétera. Por lo que el día que se publicó me encontraba en Francia.

En realidad fue el coronel Keech, un militar británico, quien nos dio la 25 libras para que se publicara el libro. Esto es cierto. Me fui a Francia a estudiar Ingeniería mecánica y eléctrica, y me olvidé completamente de todo este puñetero asunto, puesto que me preocupaba más mis estudios.
La gente del hotel donde me alojaba sabía que tenía conocimiento de algunos trucos como los que habéis presenciado aquí (Nota del editor: Moshé había mostrado algunas de las técnicas que desarrolló). El conserje del hotel sabía que era de Palestina (todavía no era Israel) y que conocía algo de autodefensa, lanzar y derribar a un contrario, inmovilizarlo, y cosas por el estilo. Un día me trajo un periódico deportivo. Me enseñó el anuncio de una exhibición de Judo en París que se llevaría a cabo por el ministro de educación, el Profesor Kano. En este evento también se presentaría oficialmente al embajador japonés en Francia. Desconocía quién era Kano y qué era el Judo, pero supuse que estaba relacionado con el Jujitsu, que se iba a hacer una demostración de un arte marcial, por lo tanto me interesaba. En un principio dije que tenía que preparar mis exámenes por lo que no quería distraerme, pero insistieron que sería interesante no perdérselo. Finalmente decidí ir y echar un vistazo. Por tratarse del ministro de educación y del embajador japonés…, había un guardia de seguridad en la entrada al que se le tenía que enseñar una invitación para poder pasar. Yo no tenía ninguna por lo que no podía entrar.

Cuando llegué, sin nada que mostrar para poder acceder a la exhibición, me insultaron y se mofaron. A pesar de todo, yo no había ido a ver al embajador, sino porque quería ver qué narices era eso del Judo. No tenía ni la más remota idea, pero estaba relacionado con las artes marciales y, por tal motivo, me interesaba. Volví a casa, cogí mi libro en hebreo sobre la técnica de autodefensa, y volví de nuevo. En una tarjeta personal anoté, “como puede observar me gustaría ver qué es y cómo funciona el Judo puesto que soy un viejo estudiante de Jujitsu ¿Me permitiría acceder a la demostración?” Introduje la nota en el interior del libro y le pedí al agente que se la entregara al profesor Kano. No tenía muchas esperanzas de que se la entregara, tampoco sabía si entendía el francés. Esperé unos quince minutos y ¡Sorpresa! Apareció un caballero japonés, apartó a la gente, me condujo al interior y me ofreció un buen lugar, no el mejor, pero si uno donde podía verlo todo. (Risas)

Bien, tomé asiento y observé lo que allí transcurría…parecía divertido. Lo divertido era que Kano era un hombre pequeño y viejo con la cara llena de arrugas. Vi al embajador japonés, Sigumaro, que medía metro ochenta, más o menos, muy corpulento, algo poco habitual en los japoneses. Si el pequeño Kano se levantaba para decir algo, el corpulento Sigumaro se levantaba también y no podía sentarse hasta que lo hiciera Kano. Me dije a mi mismo, es gracioso. Cualquiera puede hacer unos trucos de Jujitsu o como se llame ¿Por qué el embajador lo trata como si fuera un dios? En realidad parecía un espectáculo ridículo, no entendía nada. El ministro francés, que también estaba allí sentado, tampoco entendía nada.

No te pierdas este video de JIGORO KANO:  https://youtu.be/XrLDzQohZYs

A continuación entraron en escena dos tipos, uno era Kotani y el otro Ida. Ella (señalando a Mia Segal, una de las asistentes y de las más veteranas alumnas de Feldenkrais) estaba en Japón cuando me encontré con Kotani y le dije, “tú eres Kotani y participaste en una demostración en París en 1932.” No sabía quien podía saber que había estado en París en 1932 haciendo una demostración. Pero, para mí, la demostración fue algo excepcional, por eso se me quedó grabado en la memoria, como el motivo por el que lo conocí. Ida es uno de los mejores judokas que escribió y se publicaron en su país dos libros excepcionales, cosa que es una rareza en Japón. A pesar de ser un tipo menudo podía hacer cosas asombrosas.
Bien, estos dos tipos estaban allí porque Kotani estudiaba matemáticas en la Universidad de Cambridge. Lo que hacía Ida, no lo sé, pero dijeron que Kano los había invitado porque tenían una graduación elevada en Judo. Durante la demostración, parecían unos cretinos; uno se caía, después el otro, volaban por los aires, no parecía que hicieran ningún tipo de esfuerzo. Obviamente era un montaje preacordado, ya que, en realidad, no hacían más que tirarse el uno al otro, hacer ruido, gritar ¡Ah!, …Parecía un completo disparate. Pensé que todo estaba amañado, que era una kata, una manera de entrenarse, y no una lucha, una competición. No me lo creía, en cambio, supuestamente eran los mejores. Uno era sexto Dan en el Kodokan, y el otro quinto Dan. Ambos habían sido campeones de Japón en dos ocasiones. Eran buenos colegas y daban la sensación de que jugaban. La superficie sobre la que estaban parecía un ring en el que se movían por todos lados.

Me encontraba en un lugar estupendo. De este día recordaré siempre que no sabía qué era lo que estaba viendo. A continuación, el hombre viejo y pequeño entró el ring y empezó a hacer Judo con ambos Eran dos tipos fuertes, musculosos y de excelentes movimientos, ante un viejo de unos 65 o 70 años, aunque no conocía su edad ¿cómo se puede saber la edad de un viejo japonés? Empezó a hacer algo muy divertido, cogió al tipo joven y fuerte, hizo un simple movimiento y dijo “@ ¡!*#…y lo derribó. El joven, seguramente, se lo dejó hacer y, a continuación, lo derribó otra vez. Me pareció que esto era un auténtico disparate y me dije a mí mismo “Kano, tú serás un experto, pero en mis manos no vivirías más de diez segundo.”(Risas). Realmente así lo creía ya que contaba con experiencia real contra adversarios armados y eso daba la impresión de ser una farsa teatral. Por lo tanto, era obvio que podía darles una paliza. Pero como no tenía nada mejor que hacer me quedé hasta el final de la demostración.

Cuando finalizó todos salieron fuera del recinto. Los asistentes habían sido invitados por el ministro y todos vestían esmoquin mientras que yo iba como un ciudadano ordinario. Esperé a que salieran todos los invitados por no mezclarme, así que salí el último, tranquilamente, sin prisas, con la intención de volver a casa. Estaba decepcionado. Fue agradable verlo, pero no creía que hubiera nada que aprender. Mientras salía alguien se me acercó y me dijo: “Disculpe ¿es usted Feldenkrais? El profesor Kano pregunta si sería tan amable de cenar con él.” No podía creerlo, esto es una broma ¿cenar?. Dije, “de acuerdo” pero mi mujer estaba en casa y le había dicho que llegaría antes de las diez. “Iré a avisarla y volveré de seguida.” Bien, fue una buena cena (dirigiéndose a Jerry Karzen, quien le había llevado comida preparada y se le había enfriado. Obviamente, Moshé disfrutó de la memoria de esa comida en París más que la que le habían traído). (Risas). Bromas aparte, me pidieron que esperara un momento, y un gran Rolls Royce llegó mientras la gente todavía estaba saliendo del recinto. Subí en el vehículo y me senté entre el embajador y Kano. No sabía qué decir ni qué hacer.

No debéis olvidar que entonces era un joven provinciano que acababa de llegar a París y que, repentinamente, me encontraba en la cima de una situación que nunca hubiera imaginado. Realmente no sabía qué hacer. Aunque intenté ser tan correcto como me fue posible, os aseguro que sentí un frío y cálido sudor varias veces durante el trayecto. En París hay un hotel donde se alojan todos los visitantes japoneses de un alto poder adquisitivo. Es un hotel muy caro y exclusivo. Una vez llegamos a ese hotel, el embajador japonés bajó del coche y me abrió la puerta para ayudarme a salir. Una vez en el hotel me preguntó “¿Qué le apetece cenar?” “¿No sé que…cualquier cosa que usted tome.” “Me gusta la trucha, me gustaría cenar trucha.” En aquellos tiempos, para mí una trucha no era suficiente. Entonces era un hombre joven y fuerte. Podía comerme cinco truchas de aperitivo, Bien, tenía que hacer lo que él hacía. Entramos en un inmenso vestíbulo con unas dimensiones parecidas a las de una cancha de baloncesto, cubierto de colchonetas de tatami como en un dojo normal (lugar donde se practica las artes marciales). Había una mesa pequeña en el suelo; divertida manera de sentarse para comer, pensé, y nos sentamos. Kano se sentó enfrente y dos orangutanes, uno con un mostacho y una fuerza tremenda, nos sirvieron. Veamos, supón que te sientas aquí, este soy yo, y Kano más allá, y el tipo grande nos sirve algo, lo deja sobre la mesa y, previamente, pide permiso para pasar con un gesto de las manos. No me imaginaba que quería, así que, yo también moví las manos. (Risas). No sabía qué hacía, volvió a mover las manos y a continuación se inclinó haciendo una reverencia. Cada vez que dejaba algo sobre la mesa hacía exactamente lo mismo, pom pom pom. Bien, todo era nuevo y extraño, me senté al lado de Kano ya que no sabía qué quería de mí. No podía entender todo este desaguisado.

La velada continuó, me explicó historias de sus alumnos como la del orangután, Nagaoka. En aquel tiempo, Nagaoka me sonaba igual que si me hablaras de Gerald Ford. (Risas). Pregunté “¿quién es Nagaoka?”, me dijo “es el instructor principal del Kodokan.” En esos días, alrededor de 1930, habían dos personajes importantes en el Judo, Nagaoka y Mifuni. Nagaoka era el más fuerte del Kodokan, y Mifuni el más rápido y mayor calidad, un tipo pequeño que podía con cualquiera. Escuché un montón de historias; Kano me habló de Mifuni también en otras ocasiones (nos vimos unas doce veces después de este encuentro). Me dijo que Mifuni nació luchador y que, dos o tres veces al año, tenía que ir a las dependencias policiales para sacarlo de la prisión. En cualquier lugar que había una reyerta, Mifuni estaba allí y, normalmente, la ambulancia tenía que trasladar a una docena de personas por lo que la policía tenía que arrestarle. (Risas). ¿Qué os parece? Entonces Kano, como Subsecretario de Estado para la Educación, tenía que usar su influencia. Comentó que durante su vida había tenido que sacarle de prisión unas treinta veces.

Sin embargo, aquí aparecía como un agradable caballero, vestido de una forma curiosa, con un traje blanco y cinturón negro de judo, al cual era la primera vez de mi vida que lo veía. Los dos calzaban sandalias japonesas y nos sirvieron la cena a Kano y a mí. Después de la cena me preguntaron quién era y qué hacía en París. Me sorprendió que conocieran la Biblia y que habían judíos en el mundo. Les dije que procedía de Palestina. Pensaba que los japoneses no tenían la menor idea sobre estos temas, pero, obviamente, era un hombre culto con muchos conocimientos. Me preguntaron cómo y por qué fui a Israel, quienes eran mis padres. Les expliqué toda mi historia, pero no tenía ni idea que querían de mí.

Una vez acabada la cena, sacó mi libro escrito en hebreo y dijo, “puedo entenderlo aunque no pueda leerlo, pero, aquí hay algo que no puedo entender. Muéstrame cómo aplicas esta técnica (la técnica de desarmar a una hombre armado con un cuchillo).” Esto era una de las partes del libro, de invención propia, un truco modificado del Jujitsu. Obviamente, se había fijado en los dibujos. Dijo, “gracioso, conozco once escuelas diferentes de artes marciales en Japón, en las que aprendí antes del Judo. Conozco todas las tretas que existen, pero jamás he visto ésta, ¿de dónde la has sacado?” Le expliqué la historia que os he contado al principio, se quedó perplejo, y dijo: “Es estupenda, muéstramela”. De este modo, hice la demostración con un cuchillo que había encima de la mesa y, por supuesto, el cuchillo voló por los aires. Yo era fuerte y rápido y me deshice del arma contundentemente. Aplaudió sonoramente. Le dio el cuchillo a Nagaoka y dijo, “inténtalo con él ahora; quiero verlo otra vez.” Volví a hacer lo mismo, lo vio y lo aprobó, aunque no lo manifestó…ya sabes, los japoneses son impasibles, pero, obviamente, se interesó.

Volvió a mirar el libro y dijo, “es muy interesante, pero, mira, esto que muestras aquí no es bueno” “Qué quieres decir con ‘no es bueno’? ¿Por qué?” Le dije que, según mi experiencia, nadie había sido capaz de liberarse de ese truco, excepto si moría. Dijo “mmmm, no bueno” “¿No bueno? Bien demuéstrame por qué.” La técnica consistía en retener al contrario en el suelo, las manos en la garganta y con la ayuda de una chaqueta o algo así, apretar con todas tus fuerzas, tienes un minuto de vida. Un minuto, un segundo. Inmediatamente todo se ve negro, te asfixias. Me dijo, “inténtalo conmigo.” Yo era más fuerte que este hombrecillo, pensé, con este anciano tengo que hacerlo suavemente. Así que empecé despacio y me encontré que lo que le estaba haciendo no le afectaba lo más mínimo, por lo que usé toda mi fuerza y, creerlo o no, perdí el conocimiento. Realmente, no me di cuenta qué había sucedido. A continuación dijo, “ya ves, no es bueno”. (Risas) Le pregunté qué había pasado; no lo sabía, lo vi todo negro. Dijo, “mira, strangulation”, hablaba en francés. “Strangulation, pardon? Comme ca? No puede estrangularse a nadie con los brazos estirados”, le dije, aunque siempre lo hacía y siempre funcionaba. Respondió, “sí, pero la gente corriente no sabe cómo defenderse. Inténtalo de nuevo.” No me entusiasmaba volverlo a probar ya que nunca me había pasado algo semejante. Dije “de acuerdo, lo intentaré.” Mientras lo repetía me di cuenta de que tenía las manos totalmente libres, y que usaba mi fuerza para estrangularme. No para asfixiarme, cortarme el aire, sino para cortar el fluido sanguíneo del cerebro. Me sentí fatal puesto que algo en lo que confiaba, mi fuerza y mi técnica, inesperadamente, me encontraba con que, a más empujaba, más me estrangulaba. Me desmayé sin darme cuenta porque lo hizo a la perfección, tampoco me di cuenta que estaba atrapado. Vi como utilizaba sus manos, sus dedos, pero ¿cómo podía defenderme? Lo tenía cogido de manera que creía que lo había vencido, y dijo, “eres un hombre inteligente, tendré que comprobar esta técnica del cuchillo, pero, como puedes ver, tu libro no es muy bueno, aunque es muy interesante. Eran las dos de la madrugada cuando acabamos.

Llegué a casa a las 3 de la madrugada, mi mujer estaba muy preocupada. Había ido al lugar donde se realizó la demostración, pero ya estaba cerrado y no me encontró. Quería telefonearla, pero ¿qué podía hacer? No me atreví. No pensé en pedir telefonear. Pensé veinte veces en llamar, pero tuve la sensación de que sería un lío, tendría que pagarle la llamada. Estas minudencias son las que complican la vida. De ese modo estuve en la demostración, aunque a partir de un momento quería irme a casa ya que tenía que ir a la escuela al día siguiente. En aquel tiempo estaba estudiando ingeniería mecánica. Tenía que madrugar y, además, tenía que prepararme para un examen de matemáticas. Escuché con atención y estaba interesado, pero, quería ir a casa. Al final, Kano me explicó por qué se debía de estrangular de ese modo, cuál era el principio, el fundamento. Me contó que el truco para desarmar a un oponente con un cuchillo lo ensayaría durante un año en el Kodokan para averiguar por qué era efectivo. Quizás pensó que era demasiado peligroso, o quizás creyó que no funcionaría, o que era un truco fácil. El caso es que le intrigaba no haberlo visto nunca. Era tarde, las dos y media de la madrugada. Kano quería irse a dormir y que me fuera, entonces le dije “¿puedo coger un taxi ya que a estas horas no funciona el metro?” “Oh”, dijo y el Rolls Royce del embajador con el chofer vinieron a recogerme y me llevaron a casa. Iba solo y me pareció divertido. Cuando llegué a casa mi mujer estaba esperándome sentada y preocupada sin saber qué hacer. Me llevó unas horas explicarle toda la historia y después tuve una noche de insomnio.

Me olvidé del asunto. Fue una buena experiencia y punto. Dos días mas tarde me llamó el embajador japonés para comunicarme que Kano había dejado una carta para mí y que deseaba verme. No disponía de tiempo para dedicar una noche tras otra a este asunto, lo daba por zanjado, pero no podía osar no responderle. De modo que lo llamé. Me habló muy cordialmente, como si nos conociéramos de toda la vida, me dijo, “mire, el profesor Kano se marchó a Londres, pero mañana vuelve y quiere invitarle a almorzar ya que le gustaría hablar con usted. Yo también estaré con ustedes.” En esta ocasión no sabía qué hacer. No podía ir a almorzar con ellos con mi ropa habitual. Así que, fui a comprarme una especie de esmoquin y una corbata que jamás me volví a poner. No me gustó vestir de ese modo, me sentía torpe como un mono. Pensé que tenía que ir elegante para el almuerzo. Estos tipos se dirigieron a mí como si fuera un auténtico huésped. Fueron muy correctos, esperaron a que se sentara primero, etcétera. Pensé, “En qué lío me he metido.” Kano me dijo, “Escucha, creo que eres el tipo de persona que conseguirás traer el Judo a Europa. Lo hemos intentado tres o cuatro veces y fracasó. Enviamos a Ida, la persona que conociste en la demostración. Empezó con un grupo numeroso y en seis meses se quedó sólo, tuvo que cerrar. Enviamos, también, varios expertos y no ha funcionado nunca. Creo que tienes madera, pero no puedes ir enseñando esa basura que hay en tu libro. Tienes que aprender correctamente Judo.“ Le respondí que no disponía de tiempo suficiente para aprender correctamente nada debido a mis estudios universitarios. Dijo, “Ya veremos si dispones del tiempo necesario. Te enviaremos a un experto de Japón que te adiestrará en el Judo. Comprobaré que seas bien adiestrado y, con su ayuda, después de graduarte montarás un club de Judo. Te enviaré cuatro filmaciones donde me verás practicar Judo, y a Nagaoke, Yokoyama y Mifuni, ése es el mejor Judo jamás filmado: Te pondremos a prueba y, si realmente eres bueno, serás el primer hombre blanco con un curriculum de Judo en el Kodokan. Mientras tanto, el embajador atenderá todas las necesidades para facilitar tu aprendizaje, tan sólo tendrás que telefonearle. Atenderemos tus deseos para facilitar tu progreso.” Así fue como me metí en el Judo. En aquellas filmaciones habían cosas divertidas y curiosas. Un cinturón negro primero dan, lucha contra un segundo dan, ves que el primero no tiene ninguna remota posibilidad. El segundo dan hace lo que quiere como un gran héroe. A continuación, se enfrenta con un tercero dan. En aquel tiempo, conseguir un dan requería entre cinco y siete años, motivo por el que los yudokas estaban muy preparados, no como ahora, que se puede conseguir un cinturón al cabo de seis meses en el dojo previo pago. Conseguir el sexto dan requiere ser uno entre cinco millones, el mejor. Ahora, cualquiera que va a un club, en año o año y medio, consigue el cinturón negro. Lo cual no quiere decir gran cosa. Un cinturón negro, hoy en día, es un nivel de segunda. Se puede ver en las olimpiadas, las graduaciones más altas es la cosa más fea que jamás he visto, peor que el boxeo, peor que la lucha libre. En los juego olímpicos, ambos son más agradables que el Judo. Si Kano viera esto se moriría.

Pregunta: ¿Por qué ha bajado tanto la calidad del Judo?

Respuesta: Si Kano viviera no habría permitido nunca que el Judo fuera un deporte olímpico ni que las categorías fueran por pesos. En los juegos olímpicos, la técnica es secundaria, lo importante son las categorías por peso. Ahora tienen el sistema de que un hombre pequeño lucha con otro pequeño, nunca con uno grande. Por lo tanto, ves esos tipos usando la fuerza, empujándose el uno al otro, no hacen Judo. Es contrario al principio del Judo. Es feo e ineficiente. Kano dijo, “Mientras esté vivo el Judo no tendrá distinciones de peso y si llega el día que se considere deporte olímpico será un fracaso. El Judo se acabará con la inclusión en los juegos olímpicos.” Desafortunadamente tenía razón.

Pregunta: ¿El Judo se está enseñando de forma muy diferente a como se hacía?

Respuesta: Totalmente, incluso en Japón. Verás, los japoneses están muy orgullosos del Judo, pero ahora, es sólo cuestión de fuerza bruta, lo cual es contrario a sus principios. El Judo pertenece a una escuela que usa la fuerza del oponente y, por lo tanto, se basa en el movimiento, no en la resistencia ni en empujarse el uno al otro. ¿Quién empuja a alguien más fuerte y le gana terreno? Kano fue un hombre pequeño que podía lanzar por los aires a cualquier oponente que se le enfrentara, en cualquier momento, y al instante. Este es el principio, si alguien le empujaba, dejaría que éste cayera sobre él aprovechando la fuerza del oponente e incluso ayudando la fuerza del contrario. Kano caería bajo sus cadera y, desde abajo, se desharía tan suavemente de la fuerza que le aplicaran que el tipo sería lanzado por encima sin darse cuenta ni cómo ni por qué. Hoy en día, ninguno es lo suficientemente ágil para aplicar este “tai-sabaki” a un contrario, que quiere decir girar de atrás a delante con un movimiento de caderas. Ya no se entrena de esta manera.
Los campeones auténticos jamás pelean, tan sólo pretenden hacerlo mejor que el contrario, no para pelearse, ni para competir. Esta era la idea. Incluso uno permitía que el otro aplicara alguna técnica para demostrarle que puede deshacerse de ella con facilidad. Mi profesor solía estirarse en el suelo y exponer la garganta para que fuera presionada. Cualquiera que lo intentaba quedaba eliminado en un segundo. Podían intentarlo diez veces y siempre se deshacía del oponente. El asunto es extremadamente simple, pero tienes que tener la habilidad, el vigor, para hacerlo. Kano lo hacía tanto por el lado derecho como por el izquierdo, de cualquier manera. Era como un dios de la habilidad, pero además, te enseñaba cómo se hace. Ahora, si pones las manos en la garganta de un judoka, morirá. (Risas)

Pregunta: ¿Todavía hay quien enseña al viejo estilo?

Respuesta: Oh, sí. Hay algunos shimizo, ancianos en Japón, que están disgustados por todo esto, igual que yo. Ellos observan a estos jóvenes idiotas que están echando a perder el patrimonio del Judo, que era único en el mundo y que lo están cambiando por esta mierda. Hay mucha gente que…

Pregunta: ¿Sólo en Japón?

Respuesta: Bien, algunos de mis alumnos como Glen en París que es un tipo pequeño y en estos momentos es sexto dan. Fue entrenado por mi y por Kobyashi. Puede vencer a personas con el triple de peso. A pesar de ser pocos años más joven yo, puede vencer al mejor profesor de París. Hay varios judokas como él, pero no abundan. Han ido muriendo.

Pregunta: Unos días atrás hablaste del ki, chi. Me gustaría saber qué piensas al respecto.

Respuesta: Ki y chi es la misma cosa. Sobre este asunto podrían responderte mejor los chinos o los asiáticos. Koizumi, habló sobre este asunto en un congreso internacional de cinturones negros de Judo en Londres en el que estuve presente. Éramos unos quinientos. Tuvimos un curso especial dirigido por Koizumi. A la mitad del curso, sobre el quinto día, de imprevisto dijo, “Ahora voy a hablaros del aspecto más importante de la formación del Judo, del saika-tanden.” Algunos lo llaman tantien, el asiento del chi, ki, o como quieras llamarle, aunque en japonés es el saika-tanden. “Feldenkrais, ven aquí.” Dijo a los asistentes, “Creo que él os hablará de el saika-tanden más acertadamente, de manera que podáis entenderlo. Se trata de algo que siento y que conozco, pero que no puedo explicar.” A continuación me dejó hablar al auditorio sobre este tema. Él escribió el prólogo de mi libro. El asunto es que, cuando se habla de esto de la forma que yo lo entiendo, nadie lo considera como chi o ki. Verás, la mayoría de la gente habla de él como si fuera algo misterioso situado en el bajo vientre, con todo tipo de significados metafísicos y poderes. Yo no tengo conexión con eso. Por consiguiente, mi forma de entenderlo es, en realidad, algo inútil para esas personas. Si se les plantea este tema dirán, “Va ¿qué sabrá?, es un científico.”

Pregunta: Pero, eso es sólo una diferencia semántica, ¿no es así?

Respuesta: Oh, no ¿Una diferencia semántica? No ¿Los fantasmas son una diferencia semántica? Los fantasmas es algo que si crees en ellos y les tienes miedo, les tienes miedo. Nunca irás a una casa encantada.

Pregunta: Sí, pero ya sabe,…No es semántico, pero por experiencia conoce la importancia de esto, lo que en su idioma llaman tanden.

Respuesta: Por supuesto, lo conozco.

Pregunta: Y su descripción al respecto, aunque pudiera ser…

Respuesta: Mi descripción al respecto se refiere sólo al movimiento, no me preocupa ningún otro aspecto.

Pregunta: Pero ¿no es lo mismo?

Respuesta: No, no lo es porque, verás, si dices que has conseguido el chi, mucha gente querrá ser como tú y hacer lo que tú y si fallan dirán, “Oh, nunca alcanzaré el chi.” Para conseguirlo tienes que poseer coraje moral, tienes que estar conectado con la esfera más elevada de las cosas. Por lo tanto, te das cuenta de que dificulta el aprendizaje. (Al entrevistador) ¿Tienes chi?

Pregunta: No puedo responder la pregunta.

Respuesta: Por lo tanto, si no puedes responder, de eso estoy hablando. Puedes trabajar durante veinte años y no manifestarlo. No estás seguro si lo tienes o no. Porque si es una cantidad misteriosa, entonces debes merecerlo, debes pertenecer a un grupo selecto, o debes haber nacido en China ¿Cómo puedes adquirir el chi si es algo metafísico que nadie sabe lo que es? Bien, es una cualidad como la curación psíquica, si eres un curandero, eres un curandero. Si no curas, no lo eres. Por lo tanto, el chi es lo mismo. Si lo tienes, lo tienes. Si no lo tienes, no lo tienes. (Risas) Es como la hora oficial del Este.

Pregunta: Pero ¿qué quiere decir con que es diferente?

Respuesta: Sí, lo he dicho. Puedo mostrarte qué es el chi en movimiento, qué es ki en tí o en cualquiera ¿Has observado que mis nociones sobre la respiración son diferentes de cualquier otra que jamás hayas escuchado? Date cuenta, puedes comprobarlo en ti mismo que hay una apreciable diferencia entre una y otra, tú mismo puedes contrastarlo.

Pregunta: De acuerdo, por ejemplo, en los entrenamientos de las artes marciales, en Aikido, donde se tiene la noción del arma inexorable o se habla de focalizar aproximadamente unos centímetros por debajo del ombligo y unos centímetros hacia el interior del bajo vientre, a continuación se mantiene el peso en esta zona sin mantenerse rígido, pero tampoco relajado, sino fijando la atención…

Respuesta: Bien, desconozco que esté unos centímetros aquí y unos más allá. Tiene que ver con la totalidad de la organización corporal, puedes sentirlo en cualquier cosa que hagas. En realidad adquieres el chi por el uso de la pelvis y los músculos del bajo vientre, los músculos más fuerte del cuerpo agrupados en una unidad, desde los que surgen todo empuje o atracción. El resto del cuerpo y los brazos no necesitan ser potentes. No es un músculo, no es un punto. No tiene nada que ver con este punto, porque si fuera un punto…Mira, si mueves el cuerpo así, el punto desaparece (hace un movimiento de muestra, un cambio del centro de gravedad hacia el exterior). Un punto unos centímetros allí, unos centímetros aquí, si indagas en esa zona del bajo vientre a la que te refieres encontrarás que está llena de mierda, literalmente. (Risas) Este lugar está lleno de excrementos. Este es el punto chi.

Pregunta: Así ¿nos enseñará este tipo de organización?

Respuesta: ¿Para qué lo quieres? No lo quieres para luchar. No ¿Qué quieres?

Pregunta: ¿Sólo sirve para la lucha o es para organización global corporal, que es útil para cualquier acción?

Respuesta: Oh, desde luego es útil. Creo que un bailarín no es un bailarín sin esta reorganización. Esa es la razón por la que la mayoría de los bailarines no lo son del todo.

Pregunta: ¿Por qué se puede vivir sin él?

Respuesta: No se sabe. Nadie está dispuesto a hacer lo necesario para conseguirlo porque tendrían que cambiar su forma de danzar.

Pregunta: Pero ¿la gente como nosotros puede aprenderlo?

Respuesta: Os lo estoy enseñando de una manera u otra. La mejora de la organización del movimiento que se obtiene de mover libremente la cabeza para que la pelvis pueda, de ese modo, engendrar la fuerza necesaria, esto es el ki ¿Qué hacía Kano? Esto es todo. Cuando estaba de pie no podías empujarlo. Si te empujaba, te lanzaba donde quería. Por consiguiente, el misterioso desarrollo del chi consiste en el uso eficiente de uno mismo. Se necesita una cantidad ingente de conocimiento para entender esta reflexión. Como es normal, es más fácil enseñar a la gente sin impartir conocimiento, diciendo, mira, esto es así, imítame. Observa, puedo permanecer inmóvil en esta posición. No puedes desplazarme. Ahora empújame, no puedes empujarme. Si yo te empujo, te desplazo.
De vez en cuando te hacen dirigir el chi hacia abajo y de nuevo a volver a subirlo, o sea, en ambas direcciones. Es una técnica maravillosa. Pero en cierto modo sabes que es importante que se enseñe así porque si la corteza motora es la responsable de la organización del movimiento, decir a cualquiera que envíe su fuerza hacia abajo provocará una organización corporal diferente y, por consiguiente, el peso lo desplazará con mayor dificultad. Pero, si te propones orientar tu energía…¿Cómo se envía la energía aquí o allí? Muéstrame un ejemplo de cómo se orienta la energía a cualquier lugar. Nuestro método se puede practicar con la toma de conciencia o sin ella, meramente mecánico o prestar atención al hacer cualquier movimiento. Así contemplo el concepto del ki y chi, como un enorme impedimento para el aprendizaje, y observo a la gente en las clases de Aikido, Kung Fu o lo que sea, que es tan sólo una lucha. Nunca lo conseguirán, porque la idea de chi o ki es absurda ¿Cómo conseguirlo si es un punto en el abdomen? ¿Qué se hace con semejante punto? ¿Qué cambio producirá? Bien, esto suena a una especie de un súperpoder misterioso que se accede desde algún lugar del vientre. Este punto, descrito correctamente. es el duodeno y está literalmente lleno de excrementos.

Pregunta: Kano y tu profesor fueron entrenados con esta noción en un contexto cultural que facilitaba no verlo todo tan misterioso.

Respuesta: Ciertamente, cuando Kano tenía su escuela en Japón donde la gente progresaba, trajo a un adolescente de 14 años al dojo (gimnasio de artes marciales) y ninguno de aquellos grandes expertos pudieron derribarlo, porque este chaval poseía algo natural que llamaron tai-sabaki, que quiere decir “caderas que se escabullen”. Nadie podía nunca desequilibrarlo, siempre se escabullía como un gato. Equilibrio. Volvía sobre sus pies una y otra vez, no importaba qué le hicieras. Nadie podía agarrarlo, si le empujabas iba contigo, pero no conseguías que su pelvis se desplazase de la línea de sus pies, hicieras lo que hicieras, por eso se enojaban con él. Los alumnos decían, mira, el Judo no funciona. Kano les respondió, vosotros no funcionáis. Este chico estará aquí hasta que aprendáis a hacer lo que él hace, o aprendáis a luchar de esa manera. Cuando lo consigáis tendréis un saika-tanden mejor que el suyo. Es mejor que cualquiera de vosotros, por lo tanto, tenéis que seguir aprendiendo.

Pregunta: Si hoy tuvieras que abrir una escuela de Judo ¿empezarías por tu trabajo, por la Toma de conciencia a través del movimiento?

Respuesta: Bueno, puedo comentaros que he estado enseñando Judo exactamente de la misma manera. Los alumnos que han aprendido conmigo son algunos de los mejores judokas del mundo de hoy día, con 40 años de experiencia, es decir, son ancianos. Como en Japón, a más viejos se es, son mejores. Esto demuestra que han aprendido el Judo auténtico. Mifuni, con 74 años, participó en 20 campeonatos de Japón.

Pregunta: Permítame que le pregunte lo siguiente, me gustaría saber, más o menos, en qué medida el judo ha contribuido en su método.

Respuesta: Mucho, mucho.

Pregunta: En tu libro El cuerpo y el comportamiento maduro, hablas sobre la posición de la pelvis cuando se camina o se está parado, y la posición de la cabeza, y cómo se compensan, y el grado de temor que se siente por tal compensación…

Respuesta: Sí, sí. Bien, en primer lugar, estoy seguro de la coincidencia con Kano, en la forma de pensar los japoneses sobre este tema interpretado en el lenguaje europeo. Kano y Koizumi estuvieron siempre de acuerdo con cualquier formulación que hice al respecto. A más conversábamos, más modos encontrábamos de razonarlo de un modo sensible para Occidente.

Pregunta: Con la lectura del libro de Koizumi, uno se da cuenta de que era muy inteligente…

Respuesta: Si, es maravilloso. Mira, en Japón le otorgaron el octavo dan a pesar de haber estado ausente en su país durante cincuenta años. Es una persona muy erudita, muy listo y eficiente. A los ochenta años podía hacer la kata (ejercicios de las artes marciales) de los cinco vientos (la única forma de sentarse y levantarse desde la posición estirada con el cuerpo recto) que os enseñé. Con ochenta años fue entrenador nacional de Inglaterra, a pesar de estar muy ocupado viajando, atendiendo a la gente, dando clases e instruyendo a los alumnos de mayor gradación. Es un trabajo muy pesado incluso para un joven. Koizumi ha escrito un pequeño libro, ¿lo has leído?

Pregunta: He leído uno.

Respuesta: Sí, ya ves como derriba a un judoka legendario británico. ¿Sabías que tiene un libro de ejercicios? Yo lo tengo. Es estupendo. En él se puede observar ejercicios que también hacemos, como cruzar y descruzar las piernas. Se ve como este anciano abre las piernas maravillosamente. Ninguno de nosotros, ningún experto de Aikido se mueve de forma tan hermosa como él, ni se levanta del suelo con un movimiento tan fácil y suave. Es un movimiento bonito, lo hace medio desnudo, en pantalones cortos, por lo que se pueden observar los detalles del movimiento. Es increíble ya que en las fotos tiene 78 años ¡La elegancia del movimiento! La gracia del movimiento sólo pueden alcanzarla unos pocos bailarines. Fotografiar semidesnudo de esa manera, que puede verse el movimiento, es tan hermoso: todo el cuerpo como una sola línea. Es agradable verlo. Quiero decir que, aunque no sepas qué es el Judo dirás, mira, qué figura más hermosa, qué hermoso movimiento.

Pregunta: Cual es la contribución de Kano al Judo?

Respuesta: Él lo creó.

Pregunta: ¿Qué relación tiene el Judo con el Jujitsu, técnica más antigua?

Respuesta: Todos estos principios los extrajo del Jujitsu…Verás, su idea en aquel tiempo…En sí misma, esta es una historia muy interesante, en qué derivó el Judo. Ya sabéis que la flota americana llegó a Japón con unos marineros grandes y fuertes. Llegaron allí, donde la gente era pequeña, no todos eran sumarais. Esos tipos americanos con su presencia, su robustez y fuerza, causaron una pavor a los japoneses, se sintieron inútiles. Los japoneses, aislados del resto del mundo, se sentían de la tierra del sol naciente, como dioses. Todavía conservan en su bandera el sol naciente. De repente se encuentran que unos grandotes, blancos idiotas, llegan ante los que fueron los más fuertes y mejores luchadores y podían hacerles cualquier cosa. Toda la nación se desanimó. Ante esta situación decidieron engañar hábilmente a los americanos, hacer algo para ganarles la partida, cuando quisieran deshacerse de alguno lo harían, pero no usando la fuerza, sino de una manera estratégica que les permitieran unos resultados óptimos. Porque ¿qué puedes hacer si un elefante te ataca? ¿Qué harías? ¿Sería poco ético darle una patada en las pelotas? No, claro que no, Por lo tanto, le das una patada en las pelotas y punto. Te enorgulleces de hacerlo, porque sino morirías. De este modo se creó el karate. MacArthur lo creó, el general MacArthur lo originó.

Pregunta: ¿Quieres decir que fue el responsable de traerlo a Occidente?

Respuesta: Por traerlo a Japón. Porque, verás, el Judo tenía unos cinco millones de afiliados en Japón. Contando aquellos aficionados que se iniciaron y lo habían dejado eran unos diez millones. Así, MacArthur pensó que si se agrupaban en clubes no podría controlarlos. Diez millones de personas que podían luchar muy eficientemente. El tratado prohibía a los japoneses practicar el Judo. El general MacArthur lo prohibió, como el partido comunista. Por lo que fue terrible para la gente que llevaba toda la vida practicándolo. Era como quitarle la botella a un borracho. Alguien habituado a practicar Judo tres o cuatro veces por semana, durante diez, quince o veinte años, y que, de repente, no puede continuar, tiene que hacer algo. Entonces empezaron a hacer Karate. Dieron, no haremos ningún tipo de Judo, pero practicaremos atemi (ataque). Atemi-waza, sólo la parte de impacto. Esto nos ayudará en la lucha directa con los americanos. De este modo empezaron a hacer del atemi un arte y, así, gradualmente, en todo el Japón todos los que practicaban Judo volvían a entrenarse en esta nueva técnica que no estaba prohibida. Por lo tanto, se sustituyó el Karate por el Judo. El Karate asumió los principios y las cualidades del Judo desarrollando una lucha espectacular. Digamos que, algo ilegal se convirtió en legal. Por practicar Judo podían ir a la cárcel. En pocos años el Karate, durante la ocupación americana en Japón, se llegó a practicar en todos los clubes en sustitución del Judo. De este modo, ha llegado a ser lo que es hoy.

Pregunta: Durante la conversación del otro día, comentaste que, si dieras a conocer tu idea del ki, no le interesaría a nadie, nadie publicaría nada al respecto ¿Es correcta esta información?

Respuesta: Mmmmm.

Pregunta: De todos modos, me gustaría que tocáramos este tema…

Respuesta: No es que no quiera hablar de ello, si no que el asunto empieza con la organización del cuerpo.En mi opinión, el ki no es un objeto ni un espíritu ni nada parecido, sino la forma en que el cuerpo se organiza para la acción y de ese modo funcione mejor. Esto quiere decir, lo que el cuerpo puede poner de manifiesto con su peso, con los músculos, con el cerebro, una enorme cantidad de actividades con una organización específica corporal, y esta organización particular resulta que es fundamental para el tema que estamos tratando. Es una apreciación compleja sobre el cómo está dispuesto y cómo funciona el cuerpo humano: que tiene una cabeza que no debe implicarse en el movimiento, pero debe permanecer libre para moverse en cualquier dirección, y que el bajo vientre debe estar en disposición para realizar cualquier acción que se requiera sin interferir en la cabeza. El resto del cuerpo y los brazos no están para generar fuerza. Esta es la verdad. Una vez se asume, si lo aprehendes, puedes hacer cualquier llave de Judo, incluso las de mayor complejidad y a la persona más corpulenta. Pero quienes son aficionados a los misterios del ki y del chi (una auténtica simpleza) no les interesa mi visión, no quieren oírla, no les gusta que sea así.

Pregunta: Lo que dices suena como si el concepto de F.M. Alexander de “función” fuera más eficaz que el concepto del ki.

Respuesta: Oh no, no es verdad, porque esa “función” es una función limitada. Con ese concepto no se puede hacer ninguna llave de Judo, ni tan sólo podrías lanzarte a ti mismo, no se puede rodar de este modo. Por consiguiente esto es la “función”. Movimiento, movilidad, puedes comprobar que mi planteamiento fue aceptado por Koizumi, un hombre de movimientos excelentes y eficaces hasta los ochenta años, que era capaz de derribar a cualquiera, incluso a quien pesaba cinco veces más que él. Estaba encantado de pensar que el chi no es algo misterioso.

Pregunta: Estoy seguro. Por lo que creo que mucha gente estaría también encantada de oír lo que acaba de decir.

Respuesta: Claro, y aprender a llevarlo a la práctica. No es una cuestión de si lo tienes o no (el chi o ki).

Pregunta: ¿Qué opina sobre el equilibrio, relacionado con las artes marciales?

Respuesta: Bien, el concepto de equilibrio de las artes marciales es un concepto divertido. Puedo explicarte que mi madre era una mujer pequeña y frágil y que a los ochenta y cuatro años, con mi peso, me levantó sobre la cadera y me derribó, cosa que pareció una simulación difícil de creer. Mi madre es una especie de …probablemente heredó de mí unas convicciones similares. (Risas) Cuando vio hacer trucos de Judo dijo, “yo también puedo hacerlo”, le llevó diez minutos aprenderlo. Todos creyeron que le iba a dar un colapso al soportar mi peso sobre la cadera. Levantó completamente mis piernas en el aire sin mayor dificultad, y sin ningún esfuerzo en la respiración. También tengo una fotografía de mi hermana lanzándome por los aires mediante una llave de Judo. ¿Cómo lo consiguió? La foto se publicó en Francia en veinte periódicos. Parecía un simulacro… Una mujer joven, frágil, levanta a un hombre fuerte y pesado por encima de la cabeza, como si fuera un levantador de pesas ¿Cómo se hace esto? ¿Con el chi o ki?. Compra el chi o ki y hazlo. Esta es la trampa, la gente que puede hacerlo dicen que poseen el chi. Este es el tipo de…para mí, es exactamente lo mismo que decir que mi madre lo heredó de mí. Es como poner el caballo detrás del carro.

De la misma manera, el equilibrio en las artes marciales es muy peculiar, insólito. Tiene que recuperarse más rápido que el del oponente para sacarle partido. Veamos, ¿cómo hacerlo? Entre dos personas, el que recupere antes el equilibrio podrá con el otro. De nuevo, la idea general es que si tienes equilibrio tienes chi. Así pues, que te jodan y escríbelo tú si quieres. No puede hacerse a menos que pueda hacerse. Cuando puedes hacerlo (tener equilibrio) puedes decir que tienes ki. Pero, para adquirirlo, tienes que aprender a organizar tu cuerpo para ser capaz de recuperar el equilibrio más rápido que el oponente, y ¿cómo se hace?

Observa cómo actúa el octavo dan ante la gente normal o con un segundo o tercero dan ¿Qué sucede? El tipo los vence ¿y cómo lo hace? ¿No lo has visto nunca? ¿Por qué sucede así? Un dan inferior ataca y no pasa nada. El atacante puede ser vigoroso y fuerte y no sucede nada ¿Por qué? Porque el octavo dan recupera antes el equilibrio y, cuando el otro le ataca, tiene control total de su cuerpo, cambia y recupera el equilibrio tan rápido que, al menor movimiento del oponente, ya tiene ventaja. Vamos a ver, el tiempo en reaccionar de las personas es aproximadamente el mismo en todos. El tiempo que tarda en reaccionar el Sistema Nervioso es similar en cualquier persona, a no ser que tenga o haya tenido alguna dolencia. Por consiguiente, la recuperación, la reorganización es sólo cuestión de la conexión entre aquellas partes por las que uno ve, oye y siente. Para coordinar el movimiento de la pelvis y las piernas no debe de haber exceso de fuerza, ni exceso de trabajo, ni exceso de empuje por parte de la cabeza, la columna y la pelvis. Esto, otra vez, demuestra que hay una organización del esqueleto y la cabeza y el vínculo entre ellos está tan fundamentado que permite a uno moverse con rapidez. Cuando la organización es avanzada, el tiempo de reacción no es lo importante puesto que el periodo de reacción neurológica es el mismo para todos, pero, uno puede organizarse más rápido que el otro, por consiguiente, puede recuperar el equilibrio más rápido que el oponente y, por lo tanto, vencerlo. En el Judo, la recuperación del equilibrio se enseña y se hace.

Si un combate se alarga dieciséis asaltos, quiere decir que hay igualdad entre oponente. Pero, si uno de los dos se cansa, vencerá el contrario. Apuesto que a un chaval de diez años, tanto si sabes como si no Aikido o Judo o cualquier otra arte marcial, le vencerás en menos de treinta segundos. Por lo tanto, cuando se tiene más fuerza, a este nivel, no es cuestión de ki, sencillamente eres superior. Un perro no tiene ningún problema para matar un gato. Si lo coge por el cuello lo derribará y le romperá el cuello. Pero nunca verás a un gato matar un perro, no puede; puede arañarle los ojos, y eso es todo. Cuando se desatiende el peso, la organización es lo único que cuenta. Cuando el cuerpo está organizado para que se mueva mejor y más rápido que el del oponente no es necesario competir con él.

Kano demostró que, por lo menos, hay diez grados cualitativos diferentes. Por tal razón Mifuni no podía ser vencido por un quinto dan, es inconcebible. Mifuni cogía al quinto dan y lo derribaba inmediatamente. Éste le cuestionaba ¿cómo lo hiciste? a continuación lo volvía a derribar una otra vez durante diez minutos y jamás sabía cómo lo hizo. Koizumi en una ocasión derribó a cincuenta personas, una tras otra, de este modo. Se levantaban y le preguntaban ¿cómo lo has hecho? les respondía, mira, lo hice así, y volvía a derribarlo.
De este modo podéis ver que, para mí, el ki, como todo lo que hago, es algo concreto que puede enseñarse, aprenderse, y es algo común en los seres humanos a condición de que la persona esté dispuesta a aprender y no tenga alguna afección corporal. Aún y así, con defectos, también se puede aprender a hacerse.

(Dirigiéndose a Charles Alston). Date cuenta que cuando te derribé no lo hice con un exceso de fuerza, sino usando tu esqueleto y tu postura. Para enseñar esto, primero se aplica mucha fuerza, después muy poca y a continuación un grado intermedio. Puedo sentirlo, puedes sentirlo. Esto es lo que considero como el ki, lo que puedo enseñar a cualquier persona. Pero, si se enseña de forma parcial, sólo funcionará en esa situación. Transferir este tipo de aprendizaje limitado a otras situaciones distintas requiere mucho trabajo.

Pregunta: ¿Está afirmando que la concepción mística que la gente tiene del ki es innecesaria, que no le interesa?

RespuestaOpino que la organización neuromotora es necesaria, de otro modo no puede hacerse. Pero, no es algo que …, mira, imagina que el ki fuera cuantitativamente espiritual, una forma mental desde la cual la gente puede pensar. Bien, entonces imagina que yo tengo mucho ki y puedo transferirlo a los demás. De alguna manera te transfiero parte de este poder y, así, puedes disponer de él para cualquier acción ¿Te das cuenta? Esta es la idea. Creo que esta idea es absurda. Las personas como Kano enseñó a los Mifunis, Nagoakos y Yokohamas y a todo tipo de personajes que fueron considerados como dioses. Así es como yo lo entiendo y así es como lo enseño. No tan bien como Kano, pero tampoco menos de la mitad, puesto que él está muerto y yo vivo. (Risas)

Pregunta: Entonces, estas organizaciones son jerárquicas y, en la época de Kano, el cinturón negro era una designación según el grado de organización psico-neuro-muscular.

Respuesta: Desde luego. Tengo escenas filmadas, ya te lo comenté, que van del primer al séptimo dan. En ellas puedes contemplar las enormes diferencias entre un grado superior y uno inferior. La persona de la categoría superior, que da la impresión de ser insuperable y más rápido que el de la categoría inferior, cuando se bate con el de un grado aún superior lleva las de perder. El del grado superior lo derriba tantas veces como quiera, cada tres segundos, y una vez derribado lo inmoviliza con los brazos o lo estrangula, o cualquier otra cosa que quiera hacerle como si fuera un bebé. Esto es lo que sucede con un cuarto dan sobre un tercero, un quinto sobre el cuarto, etcétera. En estos combates entre diferentes gradaciones, el superior derriba una y otra vez al contrario. No es como ahora, que parecen unos asnos estúpidos que se empujan mútuamente sin cesar.

La cuestión del qué y el cómo producir cambios en la organización neuromuscular de una persona, y qué significa asumir tales cambios es una cuestión no exenta de dificultad. No se puede examinar el cerebro, no se sabe lo que sucede en él. Tan sólo puede deducirse por las acciones. En cambio, en el Judo o en el Karate o en el Aikido la cuestión es simple: si tienes un buen maestro o si tienes un mal maestro. Uno bueno te formará. Por ejemplo, te pondrá tres oponentes para que consigas el primer grado de cinturón negro. Te presentará a un alumno de cinturón naranja, uno azul y otro verde para que te enfrentes a ellos, y si lo haces eficazmente, no perdiendo el tiempo durante tres horas…Si no que, si bates cada tres minutos a uno de ellos, el maestro hará que te enfrentes a un cinturón marrón y si en poco tiempo lo derrota, no dudará en promocionarte. Además, lo increíble es que, una vez conseguido el cinturón negro, tiene que vencer a cualquiera de los que se batieron con él en un cuarto de tiempo que lo hizo y mantenerlo regularmente. El hecho de que se reconozca públicamente el ascenso de grado, da seguridad a sí mismo. Ha mejorado ante sí mismo y ahora tiene mayor disponibilidad para analizar al oponente y darse cuenta de si puede vencerlo o no. No tendrá que volver a enfrentarse con aquellos que ya luchó previamente. Es decir, si el maestro es bueno, guía al alumno a un grado cualitativo y de autoconfianza suficiente para superar la prueba del nivel que corresponda y, así, tener muchas más posibilidades de superarla. Un mal maestro pondrá directamente a prueba al alumno y si no la supera tendrá que esperar un año o dos más. El alumno, en estas circunstancias, se siente inseguro, rígido, sin libertad en los movimientos que serán lentos y espasmódicos, siempre con dudas: “¿debo hacerlo?” “¿no debo?” “¿es el momento?” “no me gustaría fracasar de nuevo.” Es lo mismo que le pasó a Frazier en su último ataque, que perdió a pesar de ser infinitamente mejor que el adversario. Perdió sólo porque dudó de que podía vencer.

Tener la convicción de ganar no es tan sencilla. Se aprecia cuando los movimientos del compañero son torpes, desaprovecha las oportunidades, ya que no consigue percibir al adversario. Hay que darse cuenta de cuando se puede vencer y cuando no se puede superar la destreza del adversario. Destreza no quiere decir hacer un esfuerzo mental. Por lo tanto, un buen maestro hará lo siguiente: Una vez comprobada la capacidad del alumno, le enseñará en los días consecutivos, aspectos importantes ya que, en ese momento, está en disposición de aprenderlos. Le enseñará técnicas que le aseguren que nadie de un nivel inferior puede vencerlo. Y ¿cómo lo hará? Pondrá al alumno ante un tipo corpulento para que aprenda a esquivarlo. Éste lo agarrará no excesivamente fuerte y, de este modo, aprenderá con alguien que le causa temor. El alumno reaccionará y verá como escapar del fortachón, puesto que en ese momento verá las posibilidades que antes no veía. A continuación, le pedirá que lo agarre sin contemplaciones, tan fuerte como pueda, y volverá a eludirlo. El maestro continuará entrenándole. Una vez consolidado el nuevo grado adquirido, es muy hermoso verlos. En un par de semanas consigue vencer a aquellos de su mismo grado que antes no podía. A partir de entonces y inicia un nuevo aprendizaje que mejorará sus habilidades y, en un año o nueve meses, el maestro lo volverá a poner a prueba, elegirá los oponentes con los que probará la eficacia del aprendizaje. Los oponente no sufrirán daño alguno aunque sean vencidos. De este modo ambos se benefician, unos no serán herido y el otro conseguirá un dominio mejor.

Por consiguiente, es evidente que Kano fue un hombre instruido e ingenioso, que hizo posible que el judoka auténtico pudiera enfrentarse a los de cualquier nivel en el kodokan. Era un maestro que jamás competía, tan sólo luchaba. Se dejaba derribar para que aprendieran, ya que no tenía nada que defender, su honor estaba a salvo.

Por lo anterior manifestado, si tu pregunta es un pregunta específica sobre el Judo, Aikido u otras artes marciales, ya tienes la respuesta. Pero, si lo que planteas es algo más general, entonces la respuesta depende del profesor o maestro. Si éste es ingenioso y te enseña, por ejemplo, matemáticas, te pondrá un problema que esté a tu alcance puesto que conoce cuál es tu nivel y grado de evolución. La solución requerirá calma, atención y tener confianza en las propias cualidades. Si plantea un problema superior a tus posibilidades, no lo superarás y, probablemente, en la siguiente ocasión seas uno de los peores de la clase, y una año más tarde abandones con la idea de que no eres un matemático. Si tienes un profesor que quiere enseñarte, entonces aprendes y te ayuda a que amplíes tu conocimiento día a día. Si se tiene a un profesor que lo quiere es demostrar lo buen profesor que es, echará a perder a la mayoría de los alumnos, quizás a excepción de uno o dos, a pesar de su pésima pedagogía, los demás fracasarán o serán mediocres en las matemáticas. Esto es aplicable en todo. Por lo tanto, cuando se habla de los niveles del sistema nervioso, se consideran del modo en que Jackson los describió. En realidad la medula espinal puede hacerlo todo o nada, sin niveles, sin gradaciones. Por consiguiente, se necesita los otros centros nerviosos que posibiliten ser menos espasmódicos. Los niveles son jerárquicos. De este modo, cuando se asume un grado, el sistema permite alcanzar mejores gradaciones, más ricas…

Pregunta: ¿Cuándo se alcanza un nivel, nunca se pierde?

Respuesta: Sí, siempre puede perderse. Si alguien que ha ganado un dan es vencido por otro de un grado inferior varias veces, renunciará y no finalizará su formación, además el mismo creerá que no es apto. Cualquier trauma, cualquier actividad que te sitúa por debajo de tus posibilidades te destruye. Esto pasa en todos los niveles neuromusculares. Las jerarquías son tan claramente perfiladas en el desarrollo, como sucede con un buen profesor de Judo, Kendo o Aikido, o…en las matemáticas y en la física.

Transcrito por Dennis Leri
www.semiophysics.com

La publicación del artículo en esta página web fue autorizada por el autor en diciembre de 2002.
Traducido por Juan Rivas

Juan Rivas Bedmar, educador del método Feldenkrais desde 1998, graduado en SemioPhysics Feldenkrias Profesional Training (California, EE UU, 2000). Tiene su consulta particular en  Barcelona y Sitges. Imparte cursos por todo el territorio español a aquellas entidades e instituciones que lo solicitan.

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