HELENA GUEVARA - Expandiendo los límites de lo posible -

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Clase Audio Gratuita I

CLASE GRATUITA I

Aquí tienes la 1ª Clase Gratuita del Desafío Feldenkrais del mes de Mayo 2015

 

AUDIO GRATIS I

¿Cómo se practica?

“Sugiero, y creo que estoy en lo cierto, que el estímulo sensorial está más cerca del inconsciente, subconsciente, o la función autónoma que cualquier entendimiento consciente. En el nivel sensorial la comunicación es más directa con el inconsciente y, por consiguiente, más efectiva y menos distorsionada que el nivel verbal.” Moshé Feldenkrais

Lección 1 Desafío Feldenkrais

Momentos Feldenkrais…

Si vas a participar en el Desafío Feldenkrais:

SEMILLAS DESAFIÓ PORTADA

. MAÑANA Lunes 18 de Mayo, a las 9 a.m (hora española) se publicará en el muro de este evento el 1er Link para descargar la 1ª LECCIÓN DE FELDENKRAIS GRATUITA del Desafío, guiada por Helena Guevara.

. Si tienes problemas con la descarga, comunícate vía mail con nuestro técnico Daniel a través de www.feldenkraisymas.com.

. AVISO IMPORTANTE: Antes de realizar las clases, por favor, lee las siguientes recomendaciones y artículos.

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• FUNDAMENTOS MÉTODO FELDENKRAIS: Pincha aquí
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DESAFÍO FELDENKRAIS en Facebook

Una clase de FELDENKRAIS EN AUDIO GRATUITA, durante 7 días 

Únete a este desafío, del 18 al 24 de Mayo, y experimenta los asombrosos efectos que puede tener la practica diaria de una Clase de Feldenkrais en Audio, de 45 min. de duración, en todo tu ser.

FECHA DE INICIO: LUNES 18 DE MAYO 2015

LUGAR: Ciber-Espacio

CÓMO PARTICIPAR EN EL DESAFÍO FELDENKRAIS:
1.- Apuntarse a este evento: EVENTO
2.- Adquirir el compromiso personal de dedicarse 45min. al día, durante 7 días, a la exploración de la Clase de Feldenkrais en Audio que aparecerá cada día en el muro del evento.

Estáis invitados a compartir tanto las experiencias de las clases como sus efectos en el muro del evento.

Para resolver cualquier duda sobre el desarrollo de este evento podéis contactar conmigo vía mail: helenauta@gmail.com

www.feldenkraisymas.com

“El propósito de mi método es que el cuerpo esté organizado para moverse con el mínimo esfuerzo y máxima eficacia, no a través de la fuerza muscular, sino de un mayor conocimiento de su funcionamiento” Moshé Feldenkrais

Cuerpo Unificado – Cuerpo Liberado

Cuerpo Liberado“El cuerpo liberado de sus corazas es un cuerpo unificado, en el que todas las capas musculares están interrelacionadas, lo que permite un cambio constante de los líquidos intersticiales entre el corazón del cuerpo y su superficie, pasando por las capas medias. Este intercambio libre, produce una sensación de unidad, de unicidad, de intimidad consigo mismo. El cuerpo liberado permite al cuerpo ser lo que es en su naturaleza profunda, un árbol de vida que echa sus raíces en la tierra y el cosmos. Cuando el cuerpo recupera su estado verdadero, real, su autenticidad, el propietario que lo habita descubre en su carne que ya no hay separación. Puede nutrirse en cualquier momento en su fuente de vida, en la tierra y en el cosmos. Ha recuperado sus raíces.

El intercambio libre que se produce entre las diferentes capas del cuerpo envía a la psique la señal de que el individuo que lo habita puede nutrirse de su propia fuente. De este modo, poco a poco, el individuo que se libera de sus corazas deja de intentar tomar su energía de otro, deja de vaciarse de su energía vital a favor de otro o deja de nutrirse de sus complejos y de las compulsiones que se han arraigado en la personalidad. Se hace autónomo. La entidad que habita este cuerpo puede permitirse liberarse de sus dependencias, de los apegos que impiden no sólo la circulación de la energía vital, sino también un desplazamiento de la energía que nutría la personalidad. Así la energía vital ya no se desvía hacia las formas de autodestrucción que nutrían los complejos, las lesiones y las compulsiones. Ahora se ha reunido en el receptáculo, el núcleo del cuerpo. La energía reposa allí, en este centro, es libre para nutrir el cuerpo y el ser entero. El cuerpo liberado tiene una sensación de autonomía y libertad… “.

MARIE LISE LABONTÉ “Liberar las corazas”. Ed. Luciérnaga.

Fuente: Blog www.tmtfeldenkrais.com

Volver a sentirnos como niños.

Todos anhelamos volver a sentirnos como cuando éramos niños.

Cuando teníamos energía infinita para jugar, para explorar, para reír. Cuando ningún obstáculo nos parecía tal, sino que lo vivíamos como un desafío. Saltar un muro, subir a un árbol, rodar por la hierba pradera abajo, dar volteretas, hacer equilibrios sobre las piedras de un río, saltar…

niño saltando

¿Hace cuanto tiempo que no haces algo de esto? ¿Mucho?¿Por qué? ¿Porque son cosas de niños o porque interiormente sientes que ya no tienes  la misma agilidad que antes? ¿Por qué según pasan los años, dejamos de disfrutar de la vida, de explorar, de jugar y nos hacemos viejos, torpes e inflexibles? ¿Por qué perdemos la habilidad de movernos con facilidad, soltura y rapidez? ¿Por qué olvidamos la profunda e inocente alegría de vivir que sentíamos cuando éramos niños?

Por que hemos dejado de aprender, sobre todo, por que hemos dejado de aprender a través del movimiento.

Cuando éramos bebés nuestro cerebro se fue conformando, creando miles de redes neuronales, sobre todo, a través el movimiento en relación a la fuerza de la gravedad. Primero yacíamos recostados y sentíamos las zonas de contacto de nuestro cuerpo con el suelo. Luego comenzamos a hacer uso de estas zonas de contacto utilizándolas como apoyos para generar nuevos movimientos. Más tarde, gracias a nuestra curiosidad innata, seguimos explorando cómo el uso de los apoyos nos permitía levantar la cabeza, rodar, reptar, gatear, sentarnos y finalmente caminar.

Lo más importante que aprendimos durante nuestro primer año de vida fue a estar erguidos y caminar y lo aprendimos a través del movimiento. De ahí seguimos aprendiendo a subir y bajar desniveles, a caer y levantarnos rápidamente y muchísimas más habilidades, si es que no se coartó mucho nuestra libertad de movimiento, juego y exploración.

En general éramos niños ágiles y adaptables. Al serlo físicamente también lo éramos mentalmente: éramos imaginativos, intuitivos, ingeniosos y creativos, es decir, inteligentes. Estábamos vivos, éramos felices.

¿Pero qué sucedió con el paso de los años?

Sucedió que dejamos de movernos, nos sentamos, o mejor dicho, nos sentaron en una silla, no nos permitieron seguir explorando y aprendiendo a nuestra manera y a nuestro ritmo, nos adoctrinaron para, finalmente, estar al servicio de ciertos poderes. Así inhibieron nuestra evolución, nuestro desarrollo motriz, intelectual y emocional. Impidieron nuestro florecimiento como seres únicos, perdimos nuestra individualidad y nos convertimos en masa, en una masa consumista y doliente al servicio de dichos poderes.

Aquí es donde aparece Moshé Feldenkrais con su legado: el Método Feldenkrais®. Un regalo, que nos dejó este buen hombre, tras dedicarse más de 50 años a investigar cómo ayudar al ser humano a  recuperar su dignidad humana, su autonomía e individualidad.

Tras décadas de estudio  e investigación de disciplinas como neurología, desarrollo psicomotor, psicología, ciencias del aprendizaje, judo, física e ingeniería, concluyó que la mejor manera para deshacer las restricciones que se nos impusieron y desarrollar nuestro potencial era continuar aprendiendo a través del movimiento.

Feldenkrais I

Volver a hacer contacto con el suelo, sentir el influjo de la fuerza de la gravedad, descubrir un uso inteligente de nuestro apoyos, explorar nuevas formas de organizarnos para movernos, diferentes a las usadas habitualmente, sin nadie que nos juzgue ni nos corrija desde afuera, rescatando una actitud lúdica, respetando nuestro propio ritmo, sumergiéndonos en el placer que producen los movimientos lentos, sin esfuerzo, ni expectativas.

El proceso de re-aprender a rodar de lado a lado, de boca arriba a boca abajo, a levantar la cabeza del suelo sin esfuerzo, a sentarnos, a ponernos de pie y caernos sin esfuerzo, etc. va deshaciendo los patrones restrictivos de movimiento y pensamiento que nos fueron impuestos cuando aún no teníamos la suficiente independencia para poder elegir qué hacer y qué no hacer, qué creer y qué no, cuando nuestra necesidad de supervivencia estaba supeditada al cuidado y aprobación de los adultos.

Gracias al Método Feldenkrais® podremos aprender a movernos con una gran libertad y ligereza, lo que hará que mejoren nuestras circunstancias de vida, nuestra salud, nuestras ganas de vivir, nuestra creatividad e inteligencia.

Recuperaremos, progresivamente, la alegría de vivir,  de movernos y de ser, como cuando éramos niños.

Muchas gracias por tu atención

Helena Guevara

“La vejez comienza cuando una persona se autoimpone restricciones para formar nuevos patrones corporales. Primero selecciona ciertas actitudes y posturas que encajan en una supuesta dignidad. Del mismo modo rechaza determinadas acciones como estar sentado en el suelo o saltar que pronto se convierten en algo imposible. Retomar y reintegrar estas acciones tan simples tiene un efecto marcadamente rejuvenecedor y no solamente en la mecánica del cuerpo sino en toda la personalidad.” Moshé Feldenkrais

La revolución neurocientífica modificará los conceptos del yo y de la realidad.

Los hallazgos sobre el cerebro podrían suponer “la cuarta humillación humana”, afirma el neurocientífico Francisco J. Rubia

El pasado 10 de septiembre, el neurocientífico Francisco J. Rubia, Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, dictó la siguiente conferencia, dentro del marco del 43º Congreso de la European Brain and Behaviour Society de Sevilla, sobre los últimos avances de la neurociencia. Según Rubia, los hallazgos realizados en este campo en los últimos años han sido múltiples y podrían producir lo que él denomina “la cuarta humillación humana”, tras el final del geocentrismo, la aparición de la teoría de la evolución y el descubrimiento del inconsciente. Estos hallazgos llevarían, de hecho, a cuestionarse conceptos tan fundamentales para nuestra cosmovisión como la naturaleza de la realidad o del yo o la existencia del libre albedrío. Por Francisco J. Rubia.

Francisco J. Rubia.

Francisco J. Rubia.

Se ha dicho que la humanidad ha pasado por tres revoluciones sociales que han supuesto un avance considerable.La primera, la revolución agrícola hace unos 10.000 años, cuando el hombre se asienta y comienza a labrar la tierra produciendo alimentos y creando las ciudades. La segunda, la revolución industrial hace unos 250 años, con la invención de la máquina de vapor y la producción de mercancías y la extensión de los mercados.Y en nuestro tiempo, la tercera revolución debida a la creación del microchip, que dio lugar a la sociedad de la información con un intercambio de conocimientos antes desconocido.Algunos autores consideran que la cuarta revolución será la revolución neurocientífica, que ya está invadiendo numerosas disciplinas y creando nuevas, colocando el prefijo “neuro” ante disciplinas tradicionales.Así, hoy se habla de neuroeconomía, neuromarketing, neurofilosofía, neuroética, neuroeducación, neuropolítica y un largo etcétera. Todas estas nuevas disciplinas pretenden aplicar los nuevos conocimientos de la neurociencia a sus materias, esperando que esta aportación sirva para darles un nuevo impulso y desarrollo.

La revolución y sus efectos

Es un hecho que la declaración de la década del cerebro por el Congreso de los Estados Unidos, alentada por laLibrary of the Congress y por el NIH en los años noventa del siglo pasado, supuso una fuerte inyección, sobre todo económica, para las investigaciones neurocientíficas. Desde la neurobiología molecular hasta las técnicas modernas de imagen cerebral, los estudios tanto básicos como clínicos se multiplicaron, y desde entonces se han acumulado muchos conocimientos que ahora esas nuevas disciplinas pretenden aplicar.

A mi modo de entender, cuando se habla de revolución neurocientífica habría que diferenciar entre una revolución objetiva que se traduce en esos nuevos conocimientos y sus aplicaciones, y una revolución subjetiva de la que hablaremos luego y que, a mi juicio, es mucho más trascendente que la revolución objetiva.

Dentro de la revolución objetiva habría que mencionar la utilización cada vez más frecuente de las técnicas de imagen cerebral, o técnicas de neuroimagen, no sólo en el estudio de enfermedades, sino también del ser humano normal y sano, ya que son técnicas no invasivas que pueden aplicarse sin intervención cruenta alguna.

En el sistema judicial, por ejemplo, se están aplicando cada vez más esas técnicas que van a sustituir pronto a los polígrafos detectores de mentiras del pasado, ya que la exactitud de sus resultados supera a la de los detectores tradicionales, con la esperanza de que pronto será imposible engañar a los jueces y fiscales.

El presidente de la Fundación MacArthur de Estados Unidos, Jonathan Fanton, dice que la neurociencia puede tener un impacto sobre el sistema legal tan dramático como los test de ADN. Esta fundación invirtió 10 millones de dólares en 2007 en varias universidades, para entender cómo la neurotecnología impactaría sobre los sistemas legales en todo el mundo.

Y el neurocientífico Michael Gazzaniga, de la Universidad de California en Santa Barbara, afirma que pruebas neurocientíficas ya se han utilizado para persuadir a jurados a decidir sentencias, y que los tribunales han admitido los resultados del uso de técnicas de imagen cerebral durante juicios para apoyar peticiones que justificaban actos criminales basándose en la demencia de los implicados.

Neuroarmas y neurosociedad

Recientemente, en Estados Unidos se han invertido millones de dólares en universidades para investigaciones neurotecnológicas. El MIT, por ejemplo, recibió 350 millones de dólares para el Instituto McGovern de investigación cerebral y, en la última década, el National Institute of Health dobló su presupuesto, alcanzando los siete mil millones de dólares para el estudio de enfermedades del sistema nervioso.

Por otro lado, tanto empresas privadas como agencias de inteligencia están invirtiendo mucho dinero en ese intento de aplicación de los conocimientos generados en neurociencia para utilizarlos en su beneficio. El estudio, por ejemplo, de la base neurobiológica de la toma de decisiones es de suma importancia para los ejecutivos de las empresas. Y en la elaboración de los anuncios de productos y mercancías, la utilización de esos conocimientos también está adquiriendo una gran importancia.

El posible uso de los conocimientos neurocientíficos en el campo de batalla es más preocupante. Los ejércitos modernos están desarrollando ‘neuroarmas’ que pueden ir desde la eliminación de contenidos de la memoria hasta las armas neurotóxicas que pueden transformar los estados de ánimo, producir cambios psicológicos e incluso eliminar al enemigo. Recordemos lo sucedido en Chechenia el 26 de octubre del 2002, cuando las fuerzas rusas OSNAZ introdujeron un gas que mató tanto a terroristas como a rehenes en un teatro de Moscú.

Aunque durante mucho tiempo el descubrimiento del genoma humano ha centrado la atención del público creando numerosas expectativas futuras, la neurociencia ha ido avanzando y despertando asimismo la impresión de que se avecinan importantes descubrimientos. Las técnicas de neuroimagen, los psicofármacos, las interfases entre el cerebro y las máquinas, las técnicas de estimulación cerebral, los implantes de células troncales en el cerebro o las posibilidades que se abren con la terapia génica están hoy en todos los medios de comunicación.

En algunos casos, las técnicas de neuroimagen han podido detectar idearios racistas, diferenciar contenidos falsos y verdaderos de la memoria o el contenido de algunos pensamientos. Aunque estos datos son aún muy preliminares, sin embargo ya nos están indicando por dónde se orientarán los próximos hallazgos en este campo cuando mejore la resolución espacial y temporal de las técnicas que hoy se utilizan.

A pesar de todos estos avances, no podemos olvidar lo que aún falta por saber. Hace ya siete años, once conocidos neurocientíficos alemanes publicaron un Manifiesto sobre el presente y el futuro de la investigación cerebral. En él hablaban de tres niveles distintos: El nivel superior que explica la función de grandes áreas cerebrales; el nivel medio que describe lo que ocurre en las asociaciones de cientos o miles de células nerviosas en el cerebro; y el nivel inferior que abarca los procesos a nivel celular y molecular. Según estos neurocientíficos hemos avanzado significativamente en los niveles superior e inferior, pero no en el nivel medio, cuando precisamente son las asociaciones o redes neuronales la base de los procesos mentales.

Con qué reglas trabaja el cerebro; cómo refleja así el mundo, de manera que la percepción inmediata y la experiencia pasada se fundan; cómo la acción interna se vive como su acción y cómo planifica las acciones futuras, todo esto seguimos sin entenderlo más que en sus comienzos. Tampoco está claro, dicen los neurocientíficos alemanes, cómo podríamos investigarlo con los medios de que disponemos hoy.

Aparte de esto, queda por conocer lo más importante: cómo se pasa de las descargas neuronales a la consciencia; con otras palabras, cómo es el paso de lo objetivo a lo subjetivo, algo que se considera por muchos autores el problema más difícil en neurociencia. Es el antiguo enigma de la relación cerebro-mente.

Pero todo esto, como dije anteriormente, pertenece a lo que podíamos llamar la revolución neurocientífica objetiva, mientras que lo que, a mi juicio, es más relevante es lo que denomino revolución neurocientífica subjetiva, de la que trataremos a continuación.

Una cuarta humillación

Y digo que la revolución neurocientífica subjetiva es más relevante porque va a modificar de manera considerable la opinión que tenemos sobre el mundo que nos rodea y sobre nosotros mismos. El título de esta conferencia me vino a la mente cuando releí una pequeña obra de Sigmund Freud, el gran psicólogo vienés, titulada “Una dificultad del psicoanálisis”, en la que Freud hizo la reflexión de que el ser humano había sufrido a lo largo de la historia tres humillaciones importantes en su amor propio.

La primera, la de Nicolás Copérnico en el siglo XVI, que había acabado con el geocentrismo, es decir, con la idea de que la tierra era el centro del universo y de la creación. La tierra no era más que un planeta, y no de los más importantes, del sol. Hoy esta idea no sólo está confirmada, sino que sabemos que el sol no es más que uno de los millones de soles que componen una de las muchas galaxias que existen, por lo que la importancia de la Tierra ha ido disminuyendo a pasos agigantados.

Charles Darwin. Fuente: Wikimedia Commons.

Charles Darwin. Fuente: Wikimedia Commons.
La segunda humillación provino del biólogo inglésCharles Darwin en el siglo XIX, con su teoría de la evolución, que hoy nadie pone en duda excepto algunos grupúsculos cristianos creacionistas en Estados Unidos. Aunque después de más de 150 años todavía hay personas que no han asumido lo que ella significa, o sea nuestra procedencia de animales que nos han precedido en la evolución. Esto significó sin duda un gran golpe a la idea de que éramos la perla de la creación divina, que habíamos sido creados de golpe por un soplo de la divinidad, como se dice en el Génesis. Con ello, la explicación de la Biblia pasó a ser lo que es: un mito o leyenda como muchas otras.Para Freud, la tercera humillación vendría dada por su descubrimiento, que no fue tal, del inconsciente. El inconsciente ya había sido descrito a lo largo del siglo XIX por varios médicos naturalistas románticos alemanes, pero Freud hizo de él el centro de sus estudios y le dio una importancia que otros no le habían dado. El resultado de esos estudios fue saber que la consciencia era sólo la punta de un iceberg, y que debajo del agua se encontraba una inmensa mayoría de funciones que, a pesar de ser inconscientes, gobernaban y dirigían la conducta humana. La tercera humillación, pues, era que el ser humano no era ni siquiera dueño de muchos de sus actos. Hoy se calcula que de todas las operaciones que el cerebro realiza, sólo una ínfima parte, un uno o dos por ciento, es consciente; el resto se lleva a cabo sin que sepamos que se está realizando. Con otras palabras: probablemente Freud se quedó corto.A mi entender, nos aguarda una cuarta humillación, de la que hoy sólo vislumbramos su comienzo: la revolución neurocientífica que está poniendo en entredicho convicciones tan firmes como la existencia del yo, la realidadexterior o la voluntad libre.Temas todos estos que tradicionalmente no han sido objeto de estudio por parte de las ciencias naturales, convencidos como estábamos que eran objeto de la teología, la filosofía o, como mucho, de la psicología. Pero que hoy sí que se cuentan entre los objetos de estudio de la neurociencia para darnos a entender que hemos estado equivocados hasta ahora cuando dábamos carta de naturaleza a determinados conceptos que muy posiblemente eran y siguen siendo fruto de nuestros deseos.El ser humano no tiene, por ejemplo, ningún motivo para pensar en la continuidad de su persona, de su yo, que considera que es el mismo desde la cuna a la tumba, sabiendo que nada ni en su cuerpo ni en su alrededor tiene permanencia. Y, sin embargo, ¿quién nos va a convencer de que no existe ese yo que subjetivamente está tan presente como la propia realidad exterior?

Los órganos de los sentidos nos han engañado desde siempre y lo sabemos, como ya lo sabían los filósofos griegos de la naturaleza de las colonias jónicas en Asia Menor. La neurociencia moderna nos dice que ni los colores ni los olores, ni los gustos ni los sonidos existen en la naturaleza, sino que son creaciones del cerebro. Sin embargo, ¿quién no está convencido de que esas ‘proyecciones’ del cerebro no son tales y que las cualidades de los órganos de los sentidos son parte de la realidad que percibimos?

No obstante, ya en el pasado Descartes, por ejemplo, en el siglo XVII había dicho que las cualidades secundarias de las cosas, colores, sonidos, gustos, olores, etc., no existían fuera de nosotros, sino en nosotros como sujetos sintientes. Y el filósofo napolitano del siglo XVIII Giambattista Vico escribía en su libro “La antiquísima sabiduría de los italianos”: “Si los sentidos son capacidades activas, de ahí se deduce que nosotros creamos los colores al ver, los gustos al gustar y los tonos al oír, así como el frío y el calor al tocar”.

Revisión del concepto de realidad

El filósofo inglés Charli Broad decía que el cerebro es como una válvula reductora que filtraba el inmenso caudal de datos que fluía desde los órganos de los sentidos al cerebro. Además, los propios órganos de los sentidos perciben sólo una pequeña parte de la realidad. Por eso, desde el punto de vista neurofisiológico, llamar realidad a lo que percibimos es completamente inadecuado y sin sentido.

Y el filósofo irlandés George Berkeley decía que sólo conocemos lo que percibimos, de manera que sus contemporáneos discutieron si cuando caía un árbol en el bosque y nadie estuviera presente para escucharlo haría algún ruido o no. Por lo que hoy sabemos, indudablemente no habría ningún ruido, ya que el sonido no es ninguna cualidad de la realidad absoluta, sino sólo de la nuestra.

La conclusión que podemos sacar de todo esto es que cuando hablamos de materia, del mundo material, parece que nos estamos refiriendo a una realidad subyacente, cuando de hecho nos referimos en gran parte a imágenes de nuestra mente.

En uno de los escritos filosóficos hindúes, el llamado Ashtavakra Gita se dice: “El mundo que de mí ha emanado, en mí se resuelve como la vasija en el barro, la ola en el océano y el brazalete de oro en el oro de que está compuesto”. Como es sabido, en los Vedas hindúes el mundo, así como el yo, son considerados maya, esto es, ilusión. Y los Vedas se remontan a unos 2.000 años antes de nuestra era.

En el Libro tibetano de la Gran Liberación, también llamado Bardo Thodol, encontramos la frase siguiente: “La materia se deriva de la mente o consciencia y no la mente o consciencia de la materia”.

Por cierto, en física cuántica se conoce que el acto de observar un fenómeno afecta a lo que se está observando, algo similar a lo que sabemos que hace el cerebro durante la percepción.

Uno de los escritores llamados constructivistas, Heinz von Foerster dice: “Objetividad es el delirio de un sujeto que piensa que observar se puede hacer sin él”. Este mismo autor llama la atención sobre el hecho de que tenemos unos cien millones de receptores sensoriales frente a unos diez billones de sinapsis en nuestro sistema nervioso, lo que interpreta como que somos 100.000 veces más receptivos a lo que ocurre dentro de nuestro cerebro que a las informaciones procedentes de los órganos de los sentidos.

El descubridor de la dietilamida del ácido lisérgico, LSD, Albert Hoffmann, fallecido hace sólo tres años a la edad de 102 años, decía: “Reconocí que todo mi mundo se basaba en mis vivencias subjetivas, que estaba dentro de mí y no fuera”.

El yo como cualidad emergente

Se han planteado tres argumentos a favor de que el yo es una construcción cerebral. En primer lugar, su ontogenia, o sea cuándo surge ese concepto en el desarrollo del ser humano. Al parecer, el niño no nace con ese concepto del yo, sino que se encuentra en la primera fase de su vida en un estado indiferenciado de fusión con el mundo, es decir, sin autoconsciencia. Es a partir de los dos años y medio o tres cuando surge esa impresión subjetiva de un yo propio que se diferencia del resto de la realidad y se enfrenta a ella. No deja de ser curioso que hablemos del yo y del mundo cuando ese yo es parte también de ese mundo.

En antropología se sabe que en comunidades humanas más primitivas se tenía una concepción de la persona o del yo esencialmente sociocéntrica, o sea ligada a la pertenencia al clan o a la tribu y, desde luego, mucho menos individualista que en nuestra cultura occidental. Algunos antropólogos consideran que el yo individualizado no es una idea innata, sino una noción que ha tenido un desarrollo histórico.

Entre los indios ojiwba, por ejemplo, una tribu de los algonquinos que todavía existe en algunas reservas, principalmente en Minnesota en Estados Unidos, el concepto que estos indios tenían de sí mismos no tenía nada que ver con el concepto occidental. No diferenciaban bien entre mito y realidad, entre ensueño y vigilia o entre humanos y animales.

El antropólogo Brian Morris es de la opinión que el yo en esencia es una abstracción y que se refiere más a un proceso que a una entidad. Mientras que el pensamiento occidental tiene un concepto del yo egocéntrico, en otras culturas este concepto es más sociocéntrico y en muchas de ellas el dualismo tradicional del yo frente al mundo está completamente difuminado.

Hay otro argumento que nos hace sospechar que el yo es una construcción cerebral. Para evitar que los ataques epilépticos que se producen en un hemisferio cerebral se propaguen al hemisferio del lado contrario por las fibras que unen ambos y que forman lo que se llama el cuerpo calloso, con doscientos millones de fibras, algunos neurocirujanos seccionaron el cuerpo calloso generando así lo que se ha llamado pacientes con cerebro dividido o escindido que fueron estudiados intensamente sobre todo en Estados Unidos.

Aparte de muchos otros fenómenos, uno de los resultados más llamativos de esta operación fue que estos pacientes tenían pensamientos independientes en cada hemisferio. El investigador que recibió en 1961 el premio Nobel por estos estudios fue el psicólogo norteamericano Roger Sperry y que decía lo siguiente: “Cada hemisferio parece tener sus sensaciones separadas y privadas, sus propios conceptos y sus propios impulsos para la acción. La evidencia sugiere que dos consciencias van en paralelo en ambos hemisferios de estas personas con cerebro escindido”.

Como vemos, Sperry aceptaba la existencia en estos sujetos de dos consciencias, una en cada hemisferio, lo que sugiere que en condiciones normales estas dos consciencias aparecen como una sola, por la predominancia de una de ellas o por la fusión de ambas.

En algunos pacientes esta situación creaba enormes conflictos, como, por ejemplo, que la mano izquierda, controlada por un hemisferio, cometiese un error y la mano derecha intentase corregirlo, o lo que es peor, que una mano abriese un cajón y la otra intentase cerrarlo. La conclusión de estas observaciones fue que en estos pacientes existían dos personalidades distintas, dos yos, con dos consciencias diferentes que se expresaban no sólo en las acciones, sino también en los pensamientos. Otra conclusión importante fue que la consciencia del yo tenía que estar ligada a las funciones de la corteza cerebral.Esta división del yo en dos no es necesario que se produzca en los pacientes con hemisferios separados por el cirujano, La psiquiatría sabe hace mucho tiempo de casos de desdoblamiento de personalidad, como la que se describe en la película “Psicosis” de Hitchcock.También se conoce un trastorno de personalidad múltiple que se atribuye a una violación incestuosa en edad temprana de estos pacientes. Se ha supuesto que el shock emocional que supone ser violado o violada por una persona de la propia familia puede conducir, según algunos autores, a una excitación tan grande de la amígdala, una región perteneciente al sistema límbico o cerebro emocional, que lleve a una inhibición por ésta de distintas partes del hipocampo, otra región relacionada con la memoria, generando así personalidades múltiples e independientes.Se ha planteado la hipótesis de que todos nacemos con el potencial de desarrollar múltiples personalidades, y en el curso de un desarrollo normal conseguimos más o menos consolidar un sentido integrado de la personalidad. Algo de eso debe haber, pues si observamos el comportamiento, por ejemplo, de adolescentes normales cuando se encuentran con sus padres, con su novio o novia o con sus compañeros de juerga estos comportamientos son tan distintos que parece que proceden de distintas personalidades.Resumiendo todos estos hechos podríamos decir que el yo es una entidad que desarrolla el cerebro como cualidad emergente, entidad con la que no nacemos, sino que se desarrolla a partir de la maduración de estructuras corticales y en interacción con el entorno, dependiendo, por tanto, de la cultura en la que la persona se encuentra.

¿Qué pasa con la voluntad?

Sin duda, nuestra civilización occidental ha acentuado enormemente esta cualidad del yo, generando individuos especialmente poco sensibles a los intereses colectivos. Precisamente por ser algo individual, que nos diferencia de los demás, también nos separa de ellos.

Otro dato que amenaza con minar la imagen que tenemos de nosotros mismos es el tema de la voluntad libre. Los datos de que hoy disponemos apuntan a que la libertad es una ilusión, una ficción cerebral. Nadie puede afirmar que estos datos sean definitivos, porque definitivo no hay nada en ciencia, pero son datos experimentales que nos dicen que no somos libres de tomar decisiones cuando estamos ante la posibilidad de elegir entre varias opciones. Antes de que tengamos la impresión subjetiva de voluntad, el cerebro se ha puesto en marcha de manera inconsciente.

Experimentos realizados con modernas técnicas de imagen cerebral han mostrado que esa actividad inconsciente del cerebro precede a la impresión subjetiva de voluntad nada menos que en seis segundos. Y, sin embargo, de nuevo la impresión subjetiva de libertad es tan fuerte que pensamos que la interpretación de los resultados de estos experimentos no puede ser cierta.

Se suele decir que libertad es la capacidad de hacer lo contrario de lo que realmente hacemos. Pero esto no es otra cosa, a mi entender, que tener grados de libertad, o sea una gama de opciones entre las cuales elegimos una. Estos grados de libertad son mayores mientras más desarrollado sea el cerebro, de manera que los humanos tenemos más grados de libertad que otros mamíferos y éstos más que los anfibios, etc. Pero si confundimos la libertad con los grados de libertad entonces todos los animales son libres por tener distintas opciones en su conducta. Lo decisivo no es que tengamos posibilidades de elección, sino por qué y cómo elegimos lo que elegimos y no otra posibilidad.

La ciencia nos dice que el universo está sometido a leyes deterministas, por lo que el físico Albert Einstein se preguntaba que por qué el cerebro tenía que ser una excepción y fuese la única parte de la materia del universo que fuese libre y no determinada como el resto.

Hoy en día muchos filósofos llamados compatibilistas piensan que a pesar de estar determinados como el resto del universo, los humanos somos libres siempre y cuando nuestras acciones surjan de nosotros mismos. Aquí se olvida lo que había dicho Freud de los condicionamientos inconscientes que dirigen nuestra conducta. En psicología no se dice que seamos libres si nuestra conducta está guiada por motivaciones inconscientes sobre las que el llamado yo consciente no tiene ningún control.

No deja de ser curioso el hecho de que sepamos que no tenemos ningún control consciente sobre lo que almacenamos en la memoria y, sin embargo, no nos preocupe este hecho, cuando precisamente desde el punto de vista de la supervivencia la memoria es mucho más importante que la libertad.

La falta de libertad ya había sido planteada en el pasado por el filósofo holandés Baruch Spinoza que decía que los hombres se consideraban libres porque ignoraban las causas que determinaban sus acciones.

La importancia de estos resultados es evidente. La existencia o no de libertad, libre albedrío o voluntad libre es también de enorme importancia para otras disciplinas, por ejemplo para la religión, ya que sin libertad el ser humano no es culpable de pecado, concepto clave y fundamental para las tres religiones abrahámicas: judaísmo, cristianismo e islamismo.

En jurisprudencia y en psiquiatría forense, el tema de la libertad es de gran relevancia, dado que de ahí se derivan los conceptos de responsabilidad, imputabilidad y castigo para los que delinquen. Pero la libertad es también importante en ética, en filosofía social y política, en la filosofía de la mente, en metafísica, en la teoría del conocimiento, en la filosofía de las leyes, en la filosofía de la ciencia y en la filosofía de la religión.

El cerebro y la espiritualidad

Otro tema que está siendo estudiado por la neurociencia es el tema de la espiritualidad. Desde que es posible provocar experimentalmente experiencias espirituales, religiosas o místicas estimulando determinadas regiones del lóbulo temporal pertenecientes al sistema límbico o cerebro emocional, la neurociencia ha entrado en un tema que tradicionalmente ha pertenecido a la teología. Se habla hoy, a mi entender equivocadamente, de neuroteología para referirse a la búsqueda de la espiritualidad en el cerebro. Y digo que equivocadamente, porque teología significa etimológicamente un tratado de dios, como si ya se diese por sentado su existencia, algo que la neurociencia no hace.

Pero lo realmente revolucionario, a mi juicio, es el hecho de que la materia, como el cerebro, sea capaz de producir espiritualidad. De ahí que yo al cerebro le he llamado “espiriteria”, una contracción de espíritu y materia. En cualquier caso, parece evidente que el concepto tradicional de ‘materia’ no debería ser aplicable al cerebro. Además, la separación dualista cartesiana entre espíritu y materia no tendría sentido.

Como vemos, en el pasado se consideraba inapropiado que la neurociencia se ocupase de las funciones mentales, antes llamadas funciones anímicas, o sea del alma, como lo está haciendo ahora. Hoy estamos al comienzo de un derribo sistemático de conceptos que, algunos de ellos, son pilares en los que se asienta nada menos que gran parte de nuestra cultura occidental.

De ahí que piense que se avecina una nueva humillación del ser humano, una revolución protagonizada por los resultados de la neurociencia. De nuevo, una ciencia está a punto de abrirnos los ojos a realidades que nada tienen que ver con las que hemos vivido durante siglos: éstas han sido producto de nuestro cerebro y las realidades que las sustituyan también lo serán. Pero ahora, soñar con una realidad independiente del cerebro humano será posible pero no real.

Nos llama la atención el progreso objetivo de la neurociencia, como el papel de la genética en varios trastornos mentales, los estudios de biología molecular que nos han explicado cómo determinados genes pueden llevar a producir síntomas clínicos. Admiramos los descubrimientos que muestran la producción de nuevas neuronas en el hipocampo, o los mecanismos moleculares asociados a la memoria y al aprendizaje. Hemos descubierto neuronas que son la base de la empatía, probablemente también del lenguaje y de la moralidad, como las neuronas espejo, pero los temas que he mencionado en relación con la revolución subjetiva van más allá porque van a cambiar la imagen que tenemos del mundo y de nosotros mismos. Las humanidades, junto con la neurociencia, tendrán que colaborar para diseñar una nueva imagen del ser humano que, sin duda, será distinta a la que hoy conocemos.

En suma: estamos ante una auténtica revolución de nuestras ideas: una revolución neurocientífica.

Feldenkrais, No Forzar, Hacer sin hacer, Wu Wei.

El-Tao-Te-Ching-y-la-empresa-960x720Cuando muchos admiradores de Feldenkrais le decían: “¡Moshé, eres un genio!”, él solía responder: “Sólo soy genio en una cosa, en hacer concreto lo abstracto“.

Feldenkrais tuvo el genio de crear más de 1500 clases para que pudiéramos experimentar en nuestro propio cuerpo, en nuestro propio ser, conceptos tan abstractos como el Wu Wei.

Wu Wei, en chino antiguo, significa “No acción”. La “no acción” es un estado de sabiduría elevado. No significa “no hacer nada” sino “NO FORZAR”.

Los Taoístas entienden que el universo ya funciona de forma armónica según sus propios principios y que es el ser humano quien altera sus leyes forzando el desarrollo del mundo según sus propios criterios personales, según sus propias creencias.

De la misma forma el sistema nervioso, el cuerpo y el movimiento humano funcionan según sus propias leyes intrínsecas. Es el ser humano quién, por ignorancia, tiende a pasarlas por alto e incluso a ir en su contra. Y esto tiene consecuencias…

Son muchos los paralelismos entre el Método Feldenkrais y la Sabiduría Taoísta, a saber:

. Tao, significa “camino”.

. Feldenkrais siempre habla de la importancia de prestar atención al “proceso”. El Método Feldenkrais no está orientado a la consecución  de objetivos, al logro de metas a través del esfuerzo o la voluntad, sino a prestar una atención muy precisa al proceso de la acción, o lo que es lo mismo, a darnos cuenta de “cómo hacemos lo que hacemos”, con el fin último de mejorar la calidad de nuestras acciones.

. Para los Taoístas ir en contra del Tao genera incomprensión y sufrimiento.

. Según Feldenkrais ir en contra del funcionamiento del sistema nervioso denota ignorancia y genera sufrimiento físico, mental y emocional. Por lo cuál aprender cómo funciona nuestro sistema nervioso, comprender las relaciones entre el hecho de pensar, de sentir y de movernos nos ayudará, progresivamente, a aliviar nuestro sufrimiento y aumentar nuestra comprensión.

. El Taoísmo habla de la conciliación entre las fuerzas ying y yang.

. Feldenkrais habla de la importancia del equilibrio entre el Sistema Nervioso Simpático y el Parasimpático, que como el ying y el yang realizan funciones opuestas y complementarias. El ying es la fuerza pasiva, sutil, femenina equiparable a la función recuperativa del S.N. Parasimpático. El yang es la fuerza activa, concreta, masculina comparable al S. N. Simpático que nos prepara para la acción.

. En los escritos de Lao-Tse se compara el arte de gobernar con freír un pescado: “mucho calor y la comida se arruina”.

. Feldenkrais nos recuerda que toda fuerza que no se transforme en movimiento, dentro del cuerpo, generará fricción en el sistema ocasionando daños en nuestros músculos, tendones y articulaciones.

. El Taoísmo hace referencia a la “acción decreciente”.

. Feldenkrais siempre nos invita a “hacer cada vez menos” y a “ir más despacio”.

. El Tao nos avisa de que la ambición es un camino sin fin, por que siempre desearemos  conseguir más y más.

. Feldenkrais orienta nuestra atención, siempre, hacia la calidad no hacia la cantidad.

Durante las clases de Feldenkrais® aprendemos a movernos sin esfuerzo. Descubrimos, a través de la propia indagación interna, cuáles son las leyes funcionales que rigen nuestro sistema. Una vez conocidas estas leyes las respetamos, así como respetamos los ritmos de acción y descanso. Observamos, sin interponer nuestros propios juicios y creencias acerca de lo que es correcto. Nos damos cuenta y, por supuesto, disfrutamos del proceso de conocernos a través del movimiento.

Entonces, aprendemos a “no forzar”, ni a nosotr@s mism@s, ni a las circunstancias externas. Aprendemos a dejar de controlar y por consiguiente dejamos de sufrir.  Con Feldenkrais “Aprendemos a hacer  sin hacer”.

Sé uno con el Tao, practica Feldenkrais.

            Helena Guevara

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Un regalo diferente

Regala Clases en Audio de Feldenkrais®, “Autoconciencia a través del Movimiento”, guiadas por Helena Guevara, con mucho cariño y profesionalidad.

¿Cómo regalar las Clases de Feldenkrais en Audio?

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¿Por qué regalar Clases de Feldenkrais?

• Por todos los beneficios físicos, emocionales, neurológicos y creativos que ofrece el Método Feldenkrais®.

• Por que ayudas a tu ser querido a que mejore su salud y a que encuentre un espacio de paz y conciencia.

• Por que las clases en audio no ocupan espacio, no generan residuos y son un tesoro para toda la vida.

“Exploro el movimiento de una forma científica y radical con el fin de examinar innumerables temas, desde los detalles más prácticos de la vida cotidiana hasta la psicología, la medicina, el amor y la moralidad; así también la estética, la educación y la religión.” Moshé Feldenkrais 

Destruyendo quien creías ser

¿Qué es la autoimagen?

Según el Dr. Feldenkrais todas las personas actuamos según la imagen que tenemos de nosotras mismas. Todo lo que elegimos y todo a lo que nos resistimos, a cada momento, está determinado por nuestra autoimagen. Este impulso de apego y rechazo es lo que conforma nuestro sentido de identidad, es decir, quienes creemos que somos.

La autoimagen es lo que “pensamos” acerca de nosotros mismos. Es como una fotografía interna a través de la cual nos definimos: “yo soy así” o “yo no soy así”, “me gusta” o “no me gusta”, “yo puedo” o “yo no puedo”.

¿Cómo se formó nuestra autoimagen?

Nuestra autoimagen deriva de los condicionamientos que se derramaron sobre nosotros. Se formó durante el embarazo de nuestra madre y durante nuestra primera infancia, quizás incluso antes: Según cómo fuimos concebidos, paridos, cuáles fueron las expectativas familiares, en qué orden nacimos en relación a nuestros hermanos, cuál fue nuestro sexo, nuestras condiciones genéticas, la clase social de nuestra familia, el contexto cultural e histórico que nos rodeaba, cómo nos trataron, cómo nos educaron, qué opinaban otros de nosotros, que experiencias tuvimos, etc.

Así se fue forjando nuestro caracter y esas ¿falsa? sensación de quiénes somos.

Oriente denomina “carga kármika” a estos condicionamientos. Todos los trabajos y métodos que existen en este mundo, que vale la pena señalar, tratan, bien de liberarnos de nuestros condicionamientos con el fin de que descubramos quienes somos realmente, o bien de ir más allá de ellos y comprendamos cual es nuestra verdadera naturaleza.

En relación a esto…

¿Qué puede aportarnos Feldenkrais?

Moshé Feldenkrais considera que nuestra autoimagen esta compuesta de cuatro ingredientes: movimiento, sentimiento, sensación y pensamiento. Dándose todos simultáneamente en cada acción. Esto es, no podemos pensar, sin sentir y sin movernos.

Como sabéis, Feldenkrais® eligió el movimiento, como estrategia de autoconocimiento, por ser el aspecto más concreto y fácil de sentir para todos nosotros.

Él consideraba que nuestra autoimagen corporal es muy restringida, lo cual limita nuestras posibilidades de acción en la vida cotidiana.

Por ejemplo: Si tú no sientes tus clavículas, es prácticamente imposible que las uses en todo su potencial. Si no las sientes significa que no están integradas en tú autoimagen. Sucede lo mismo con todas y cada una de las partes que componen nuestro cuerpo y con sus relaciones.

Al tener una pobre autoimagen corporal, nuestros movimientos se tornan limitados automáticos y repetitivos. Lo mismo ocurre con nuestros pensamientos y sentimientos, por lo que acabamos moviéndonos siempre en base a los mismos “cuatro” registros conocidos. Esta forma de movernos, de pensar, de sentir y de percibir el mundo se hacen tan habituales que acabamos creyendo que “nosotros somos así y la vida también es así”.

Feldenkrais®, a través de sus lecciones de “Autoconciencia a través del movimiento”, nos ayuda a ampliar nuestra autoimagen, a crear más registros de movimiento, a agudizar nuestra capacidad de sentir y a desarrollar nuestro pensamiento creativo. Esto facilita que se vayan desdibujando los patrones habituales y restringidos a través de los cuales hemos vivido nuestra vida hasta ahora.

Las lecciones del Método Feldenkrais® disuelven la imagen fija que tenemos de nosotros mismos, desmantelan quien creíamos ser.

Y esto se siente como un gran alivio.

Pero no te creas lo que digo, mejor compruébalo por tí mism@.

Muchas gracias.

Helena Guevara

“Para dejar de sufrir y cambiar hay que estar dispuesto a cambiar nuestras preciosas creencias y estar dispuestos a convertirnos en personas totalmente diferentes… Por paradójico que parezca la gente quiere cambiar y seguir siendo la misma a la vez.” Moshé Feldenkrais

Quitarse la máscara

12 Razones por las que Feldenkrais® será la “Gimnasia del Futuro”

 

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1.- ENTRENA EL CUERPO Y LA MENTE

Es un verdadero método psicosomático. Entrena y mejora las funciones del cuerpo y del cerebro al mismo tiempo. Ejercita la memoria, desarrolla la inteligencia mientras mejora y alivia la tensión y el dolor del cuerpo.

2.- REJUVENECE PORQUE ESTIMULA EL CEREBRO, NO PORQUE TE VUELVE “MÁS GUAPA”

Genera nueva información para el cerebro. Crea nuevas conexiones neuronales. Te saca de hábitos repetitivos y aprendes nuevas formas de ver y estar en la vida. Por eso rejuvenece, por que  mejora la capacidad funcional y la autonomía y, como consecuencia, te hace sentir más vivo.

3.- PROVOCA SORPRESA Y ASOMBRO, NO ABURRIMIENTO Y PEREZA

Estimula la sorpresa, por que cada clase es nueva y cada movimiento es inesperado. Mantiene al cerebro vivo y la curiosidad despierta.

No se repiten ejercicios mecánicos, posturas, ni movimientos conocidos que acaban aburriendo y haciendo que, al tiempo, se abandone la actividad.

4.- SUSTITUYE EL ESFUERZO POR LA INTELIGENCIA

Aumenta la fuerza por que mejora la calidad de la organización interna de todo el sistema, no por que existe mayor masa muscular o se ha “entrenado más”. Mejora el fondo por que se gasta menos energía al eliminar el esfuerzo superfluo del sistema, optimizando, así, el engranaje de todo el sistema musculo-esquelético.

5.- DESARROLLA LA CAPACIDAD DE PERCIBIR Y SENTIR

Nos hace más sensibles, vulnerables, empáticos y adaptables. Nos conecta con la vida, con los otros, con la tierra, con la fuerza de la gravedad.

No nos vuelve más acorazados y menos disponibles por exceso de tono.

6.- ENTRENA LA ATENCIÓN Y CULTIVA LA PRESENCIA – TE HACE MÁS CONSCIENTE

No distrae con pantallas, músicas altas, ni movimientos bruscos. No te invita a evadirte, a dejar de pensar y desconectar. Al contrario, te trae al presente, te ayuda a conocerte y a conectar profundamente contigo.

7.- CENTRADO EN LA CALIDAD, NO EN LA CANTIDAD

Mejora la calidad y la eficacia de todos nuestros movimientos, es decir, mejora la acción de todo lo que realizamos en la vida, por que se basa en aprender a organizarse mejor en vez de en seguir enforzándose más.

No apuesta por llegar más lejos, estirar más la musculatura, tonificar más los músculos, resistir más tiempo en la postura o conseguir mejor marca.

8.- APUESTA POR LA LENTITUD, NO POR EL ESTRÉS Y LA ACELERACIÓN

Anima a buscar un ritmo más lento, a bajarse del vertiginoso acelerón social y recuperar el propio ritmo vital. Por que la lentitud invita al silencio, al descanso y la contemplación, y el estado contemplativo es el refugio de ideas brillantes que nos ayudan en nuestro proceder.

9.- INVITA A DISFRUTAR DEL PROCESO, NO A LOGRAR METAS

Alienta a gozar del proceso del movimiento, a sentir, a disfrutar… No anima esforzarse, a sufrir “un poco más”, para conseguir el tono adecuado, la elasticidad necesaria o el cuerpo ideal.

10.- INTEGRA Y UNE, NO SEPARA

Trabaja con todo el esqueleto, con todos los músculos, con todos los sentidos y sus relaciones. Devuelve a cada músculo y a cada hueso su función.

No entrena músculos por separado: abdominales, bíceps, cuádriceps… ni disocia el cuerpo en partes: rodillas, caderas, cuello… Sino que integra, conecta y une todas y cada una de las partes que componen el movimiento de nuestro cuerpo, mejorando, así, la función y la acción en el mundo.

11.-PREPARA PARA MEJORAR, NO PARA COMPETIR

Por que no existe la posibilidad de compararse con otros durante la clase. Cada persona está centrada en mejorar la calidad de su propio proceso. Si acaso, sólo, una misma compara si cada movimiento es más fácil y agradable que el anterior. Es decir, si se ha mejorado la calidad de la acción.

12.- NADIE ENSEÑA, LA PERSONA APRENDE

Es una enseñanza no directiva y un aprendizaje experimental. Uno aprende por si mismo sin un modelo “ideal” al que imitar.

Helena Guevara

Sé tu propio fisio-psico-terapeuta.

“La grandeza de Moshé Feldenkrais fue la de ser un maestro que

entrenó a maestros y no a discípulos”

pies hacia techo feldenA través del Método Feldenkrais® no se enseña ningún sistema de creencias, sino que se invita a las personas a cuestionarse a si mismas constantemente. La clases de Feldenkrais® son un laboratorio en el que, a través del movimiento, cada alumno se convierte en el investigador y en el objeto investigado. Son clases de autoconocimiento experimental.

No existe una autoridad externa que sabe, diagnostica y orienta al alumno acerca de cómo proceder. Por el contrario, el facilitador crear un ambiente amable y propicio para que cada persona se conozca y se enseñe a sí misma.

“ El objetivo de este aprendizaje es quitar toda autoridad externa de su vida interior. Eliminar el viejo hábito de escuchar a los demás acerca de su propia comodidad o conveniencia.” Moshé Feldenkrais

Gracias al original diseño de las clases de Feldenkrais®, a las orientaciones y preguntas del facilitador y, sobre todo, gracias a la inteligencia intrínseca del sistema nervioso humano, cada alumno, paulatinamente, podrá hacer conscientes muchos aspectos inconscientes de sí mismo y descubrir las claves para generar un cambio profundo y duradero.

En las clases de Feldenkrais® no se ejercitan los músculos sino que se entrena la atención y se educa el sentido de la percepción. Es esencial mantener un alto grado de atención en las sensaciones, durante el desarrollo del movimiento, para darnos cuenta de qué estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo.

Darnos cuenta de qué estamos haciendo nos abre la puerta a la posibilidad de explorar formas alternativas, más sanas e inteligentes, de hacer lo que hacemos.

Explorar y descubrir nuevas opciones de hacer lo que hacemos, despierta nuestro potencial creativo, desarrolla nuestra capacidad de inventar nuevas preguntas y aumenta nuestra capacidad de elección.

Al aumentar nuestra capacidad de elección, nos sentimos más libres y autónomos. Los límites de lo posible se empiezan a expandir…

“Una persona madura es aquella que es capaz de tomar la responsabilidad de su vida y de dirigir los propios pasos a través de las tormentas sin vacilaciones y sin necesitar el apoyo sentimental de otra persona.” Moshé Feldenkrais

Lo que expresan, a menudo, las personas que prolongan este entrenamiento de la atención y la percepción en el tiempo, es que van aprendiendo a solucionar sus propias dificultades, sean estas físicos, emocionales, laborales, familiares, etc., sin necesitar apoyos externos.

La experiencia y sensación interna de ser capaz de solventar e integrar cualquier situación que se presente en nuestra vida es lo que crea las bases de una autoestima real. Por ello es primordial aprender por uno mismo a resolver los propios desafíos.

gente alegra haciendo feldenSi Moshé Feldenkrais, cuando se lesionó tan gravemente su rodilla, hubiera hecho caso a los médicos acerca de que jamás volvería a caminar y no se hubiera convertido en su propio “fisio-psico-terapeuta“, quizás yo también les habría hecho caso cuando me dijeron, con 27 años, que tenía una enfermedad genética degenerativa en la columna, para la cual no había cura, y que tenía que asumir el dolor crónico y la limitación de movimiento progresiva como parte de mi vida.

El día que comencé a levantarme de la cama, con 27 años, cómo si tuviera un cuerpo de 90, ese día, gracias a Feldenkrais, empecé a convertirme en mi propia maestra.

Helena Guevara

El dolor de la infancia somatizado en el cuerpo de adulto

¿CÓMO MEJORAR NUESTRA POSTURA?

“Si no hacemos nada por cambiar nuestro modelo sentimental de conducta,

el mañana se parecerá al ayer en todo menos en la fecha”

dolor emocional en el cuerpoSegún Feldenkrais tener una “mala postura” significa que continuamos repitiendo compulsívamente, una y otra vez , las estrategias de adaptación que desarrollamos en nuestra infancia para adaptarnos al medio en el que nacimos.

Para facilitar la comprensión del siguiente artículo te recomiendo que leas los tres anteriores: “Cómo nacieron tu carácter y tus creencias”; “¿Niños dependientes en cuerpo de adulto?” y “Cómo los adultos condicionaron nuestra buena o mala postura.”

Cuando éramos bebés y niños, muchas veces, se nos exigió más de lo que podíamos dar. Fue entonces cuando comenzamos a forzar nuestro cuerpo: por un lado para cumplir con las demandas de los adultos y no perder su aprobación y, por otro, para no sentir la angustia que nos producían las vivencias a las que estuvimos expuestos cuando éramos seres tan vulnerables.

Toda la musculatura flexora se encogió para proteger nuestro corazón y nuestras vísceras de la intensidad emocional. La cabeza quedó más adelantada que nuestro pecho y nuestro cuello tuvo que tensarse para sostener la cabeza.

El diafragma optó, también, por contraerse para disminuir la entrada y salida de oxígeno de nuestro organismo y minimizar el intercambio entre nosotros y el mundo para, así, no sentir tanto.

Nuestras manos y mandíbulas se tensaron crónicamente para no expresar nuestro dolor emocional convertido, a menudo, en rabia por no poder defendernos ni reclamar lo que realmente necesitábamos en aquellos momentos.

Estas estrategias de adaptación desarrolladas en la infancia, durante el periodo de dependencia, se convirtieron a nivel somático, en nuestra mala postura; a nivel emocional, en nuestro particular y restringido repertorio de respuestas emocionales; y a nivel mental, en nuestra peculiar manera de entendernos a nosotros mismos e interpretar el mundo.

Feldenkrais nos recuerda que, en esta vida, podemos elegir entre dos opciones:

a) Perpetuar el viejo estilo de conducta y seguir funcionando como lo hemos hecho siempre, como niños carentes necesitados de aprobación, afecto, reconocimiento y con miedo al aislamiento.

b) Madurar y enfrentar la angustia generada en la infancia, enquistada hoy en nuestro cuerpo y, también, tomar la responsabilidad de nuestra vida y reformar nuestro modo de acción para cambiar el rumbo de nuestra existencia.

Dice Feldenkrais:

“La Madurez es una manera de hacer en la que ya no se siguen las pautas de conducta formadas durante el periodo de dependencia , como únicas posibles.”

“Una persona madura debería poder obrar independientemente de la necesidad de atención y aprobación, del ansia de afecto y del miedo al rechazo, así como estar libre del miedo a quedarse sólo”

Así que aquí tienes algunas pistas para ir mejorando tu postura:

¿Sigues necesitando de la atención de los demás para sentirte bien? ¿Necesitas ser valorada por lo que haces? ¿Tienes miedo a estar soló? ¿Tienes miedo a que te rechacen?

En este link tienes algunas Lecciones diseñadas por Feldenkrais y guiadas por mi, para que puedas ir transformando el miedo en confianza, la duda en certeza y la angustia en paz, a través del movimiento.

Para que puedas ir encontrando el apoyo en tu propio esqueleto y no en las circunstancias externas, para que puedas liberar tu diafragma y vivir en contacto profundo con tu medio, soltar tus mandíbulas y liberar tu expresión y tu tensión, apoyar la cabeza sobre tu columna y mirar cómodamente hacia adelante, abrir el pecho para que la vida te penetre y así vivir con más  alegría, agradecimientodignidad.

Para que explores otras formas de moverte, de pensar, sentir y vivir y descubras nuevas posibilidades de acción latentes en tu interior.

Aprovecho para presentaros la “Tienda Online de Clases de Feldenkrais® en Audio” que diseñé con el fin de apoyar a todas las personas que quieren madurar y mejorar su postura y no tienen una profesora de Feldenkrais® cerca.

Con cariño.

Helena Guevara

VISITAR TIENDA ONLINE CLASES AUDIO

¿Niños dependientes en cuerpo de adulto?

Padres modelan a hijosPor Helena Guevara: Cuando éramos niños, la atención y el afecto de nuestros padres, su aprobación, eran los únicos medios de subsistencia que teníamos a nuestro alcance y como es lógico, aunque no nos acordemos, hicimos todo lo posible por conseguirlos. Es entonces cuando inconscientemente comenzamos a asociar la seguridad con la aprobación.

Aprendimos que debíamos “ser buenos” para conseguir el afecto que necesitábamos y a sentirnos “culpables” si no obedecíamos dicha pauta establecida por los adultos.

Durante más de 10 años trabajé como asistente social con niños y adolescentes “maltratados” en centros de acogida. Vi casos en extremo dramáticos, pero siempre me impresionaba cómo, a menudo, los niños hablaban con orgullo y cariño de sus padres aunque éstos les hicieran sufrir.

Ese proceso me ayudo ser consciente de cómo el ser humano, por supervivencia física y emocional, tiende a “besar la mano que le da de comer” aunque “esa mano” sea violenta y carezca de respeto y amor.

Años más tarde pude corroborar como mis observaciones estaban apoyadas por la visión de Moshé Feldenkrais, quien afirmaba que:

“La pérdida de la seguridad atormenta más que el dolor del castigo. La angustia por el abandono puede forzar al niño a besar la mano punitiva.”

Si bien es cierto que en los servicios sociales suelen presenciarse los casos más dramáticos, no creo que muchos de nosotros estemos exentos de haber vivido bajo esta circunstancia.

Ahora trata de recordar. Para tus padres y/o profesores… ¿Que significaba “ser bueno”?

¿Estarse quieto, callado, no llorar o no molestar? ¿Obedecer a todas las indicaciones que señalaban? ¿Atender a sus demandas silenciando las propias necesidades? ¿Pensar como ellos? ¿Tener la misma forma de entender el mundo, de funcionar y de relacionarse con él?

¿Sentías cierto “chantaje emocional” que dictaba algo así como… “Si no haces lo que yo quiero, si no te comportas como yo espero de ti, no te voy a querer, me voy a enfadar, me vas a defraudar…”?

Me temo, que la inmensa mayoría de nosotros hemos crecido bajo esta forma de pensar, en la que el adulto ha de modelar al niño según sus propios criterios, sin escuchar sus verdaderas necesidades e inquietudes.

Si nos observamos como adultos podremos darnos cuenta de que, actualmente, nuestra dependencia de otros es tan grande que continuamos teniendo que cumplir con lo que se quiere o se espera de nosotros, para no perder el afecto de nuestros padres, la aprobación social y/o nuestros medios de subsistencia.

Desgraciadamente seguimos siendo niños dependientes pero ahora con cuerpo de adulto. Por continuar viviendo con miedo al aislamiento y a la soledad seguimos perpetuando el patrón de hacer lo que se espera de nosotros, ahogando en silencio nuestra individualidad, nuestras inquietudes y nuestras verdaderas necesidades. Quizás, por eso, acarreamos una constante y subterránea sensación de frustración y de falta de conexión con la verdadera alegría de vivir.

Y lo que más me interesa de esta reflexión es que si no tomamos la responsabilidad sobre nosotros mismos y no maduramos, si continuamos siendo niños con cuerpo de adulto, perpetuaremos este patrón disfuncional de “amor condicionado” y lo transmitiremos a nuestros hijos, a nuestros alumnos y/o empleados y el mundo seguirá siendo como es, nos guste o no.

Por eso dice Feldenkrais que:

“Si queremos crear una sociedad de personas creativas y en desarrollo, hay que suprimir totalmente esa relación de dependencia por la que nos dan un caramelo si somos buenos chicos y hemos de ganarnos el derecho a vivir obedeciendo los deseos del otro”.

Y añade:

“Las personas realmente sanas son aquellas capaces de vivir sus sueños plenamente”.

Entonces, ¿Qué significa madurar? ¿Te consideras una persona creativa, libre y en desarrollo?

Se sincer@ contigo mism@, ¿Estas viviendo tus sueños más anhelados plenamente?

Y más importante aún, ¿Qué quieres para tus hij@s y las generaciones venideras?

Muchas Gracias

Helena Guevara

Mejorar sin esfuerzo.

Ley weber y FechnerCómo aprende el ser humano

La auto-conciencia y la capacidad de aprendizaje del ser humano son las dos cualidades más significativas que nos diferencian del resto de las especies de nuestro planeta.

Nuestra capacidad de aprendizaje se deriva de la plasticidad cerebral, esto es, de la capacidad que tiene nuestro cerebro, a lo largo de toda su vida, de modificar su organización para una mejor adaptación al medio. La autoconciencia es la capacidad de darnos cuenta de qué sucede en nuestro medio interno y en nuestro medio externo.

Tomando esto en consideración Moshé Feldenkrais llegó a la conclusión de que si descubriéramos cómo aprendemos los seres humanos, podríamos optimizarnos a nosotros mismos hasta niveles aún, hoy por hoy, desconocidos.

Podríamos modificar aprendizajes deficientes o limitados adquiridos en el pasado. Aprender nuevas maneras de funcionar y usarnos a nosotros mismos, más eficaces y placenteras, en el presente, para vivir una vida más cómoda, estimulante y creativa, en el futuro. De esta forma podríamos acelerar nuestra evolución como individuos y como especie.

Y a eso dedicó Moshé Feldenkrais gran parte de su obra: a investigar cómo aprende el ser humano y bajo que condiciones este aprendizaje se puede optimizar.

Una de las claves más importantes que descubrió y aplicó al diseñar su método fue la “Ley de Weber-Fechner” o “Ley de la mínima diferencia perceptible”, la cual afirma que:

“A más débil sea un estímulo más facilidad tiene el sistema nervioso en detectarlo y modificarlo.”

Más concretamente significa que al reducir el esfuerzo muscular se agudiza la sensibilidad y la capacidad de percepción, lo que nos ayuda a tomar conciencia de diferencias cada vez más sutiles y a captar pequeños detalles inconscientes en nuestra forma de organizarnos, de movernos y de responder en la vida.

Por eso durante las clases se sugiere constantemente que los movimientos realizados sean pequeños y se realicen con el menor esfuerzo posible, para que el cerebro pueda modificar con mayor precisión la actividad muscular.

Por lo expuesto anteriormente, podemos deducir que tomar conciencia de lo inconsciente es mucho más fácil en la medida en la que nos vamos sutilizando, haciéndonos más sensibles y como consecuencia más vulnerables.

Hacerse más vulnerable significa, sentir más, estar más abierto, más expuesto, con menos miedo. Ósea, que cuanto menos esfuerzo más sensibilidad y cuanto menos miedo más conciencia. Cuanta más conciencia, mayor capacidad de darnos cuenta y de elegir una nueva forma de actuar y responder a todos y cada uno de los desafíos que nos presenta la vida, por que aumentar la capacidad de discernimiento aumenta la capacidad de elección.

Después de todo esto yo me pregunto:

• ¿Por qué en nuestras escuelas se promueve que los niños y jóvenes se “esfuercen” más?

• ¿Por qué el campo de la salud física se obceca en promocionar deportes de “esfuerzo” y competitividad?

• ¿Por qué en la vida hay que “currárselo” y “ganar el pan con el sudor de tu frente”?

• ¿No será esta forma de pensar y de actuar, a través del esfuerzo, un mecanismo de control social que impide el desarrollo de la sensibilidad, la conciencia y por consiguiente de la evolución del ser humano?

El exceso de esfuerzo o de fuerza de voluntad no son sino la ausencia de inteligencia y de conocimiento de cómo estamos diseñados y cómo funcionamos los seres humanos.

Muchas Gracias

Helena Guevara

“El propósito de mi método es que el cuerpo esté organizado para moverse con el mínimo esfuerzo y máxima eficacia, no a través de la fuerza muscular, sino de un mayor conocimiento de su funcionamiento”. Moshé Feldenkrais

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