HELENA GUEVARA - Expandiendo los límites de lo posible -

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La revolución neurocientífica modificará los conceptos del yo y de la realidad.

Los hallazgos sobre el cerebro podrían suponer “la cuarta humillación humana”, afirma el neurocientífico Francisco J. Rubia

El pasado 10 de septiembre, el neurocientífico Francisco J. Rubia, Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, dictó la siguiente conferencia, dentro del marco del 43º Congreso de la European Brain and Behaviour Society de Sevilla, sobre los últimos avances de la neurociencia. Según Rubia, los hallazgos realizados en este campo en los últimos años han sido múltiples y podrían producir lo que él denomina “la cuarta humillación humana”, tras el final del geocentrismo, la aparición de la teoría de la evolución y el descubrimiento del inconsciente. Estos hallazgos llevarían, de hecho, a cuestionarse conceptos tan fundamentales para nuestra cosmovisión como la naturaleza de la realidad o del yo o la existencia del libre albedrío. Por Francisco J. Rubia.

Francisco J. Rubia.

Francisco J. Rubia.

Se ha dicho que la humanidad ha pasado por tres revoluciones sociales que han supuesto un avance considerable.La primera, la revolución agrícola hace unos 10.000 años, cuando el hombre se asienta y comienza a labrar la tierra produciendo alimentos y creando las ciudades. La segunda, la revolución industrial hace unos 250 años, con la invención de la máquina de vapor y la producción de mercancías y la extensión de los mercados.Y en nuestro tiempo, la tercera revolución debida a la creación del microchip, que dio lugar a la sociedad de la información con un intercambio de conocimientos antes desconocido.Algunos autores consideran que la cuarta revolución será la revolución neurocientífica, que ya está invadiendo numerosas disciplinas y creando nuevas, colocando el prefijo “neuro” ante disciplinas tradicionales.Así, hoy se habla de neuroeconomía, neuromarketing, neurofilosofía, neuroética, neuroeducación, neuropolítica y un largo etcétera. Todas estas nuevas disciplinas pretenden aplicar los nuevos conocimientos de la neurociencia a sus materias, esperando que esta aportación sirva para darles un nuevo impulso y desarrollo.

La revolución y sus efectos

Es un hecho que la declaración de la década del cerebro por el Congreso de los Estados Unidos, alentada por laLibrary of the Congress y por el NIH en los años noventa del siglo pasado, supuso una fuerte inyección, sobre todo económica, para las investigaciones neurocientíficas. Desde la neurobiología molecular hasta las técnicas modernas de imagen cerebral, los estudios tanto básicos como clínicos se multiplicaron, y desde entonces se han acumulado muchos conocimientos que ahora esas nuevas disciplinas pretenden aplicar.

A mi modo de entender, cuando se habla de revolución neurocientífica habría que diferenciar entre una revolución objetiva que se traduce en esos nuevos conocimientos y sus aplicaciones, y una revolución subjetiva de la que hablaremos luego y que, a mi juicio, es mucho más trascendente que la revolución objetiva.

Dentro de la revolución objetiva habría que mencionar la utilización cada vez más frecuente de las técnicas de imagen cerebral, o técnicas de neuroimagen, no sólo en el estudio de enfermedades, sino también del ser humano normal y sano, ya que son técnicas no invasivas que pueden aplicarse sin intervención cruenta alguna.

En el sistema judicial, por ejemplo, se están aplicando cada vez más esas técnicas que van a sustituir pronto a los polígrafos detectores de mentiras del pasado, ya que la exactitud de sus resultados supera a la de los detectores tradicionales, con la esperanza de que pronto será imposible engañar a los jueces y fiscales.

El presidente de la Fundación MacArthur de Estados Unidos, Jonathan Fanton, dice que la neurociencia puede tener un impacto sobre el sistema legal tan dramático como los test de ADN. Esta fundación invirtió 10 millones de dólares en 2007 en varias universidades, para entender cómo la neurotecnología impactaría sobre los sistemas legales en todo el mundo.

Y el neurocientífico Michael Gazzaniga, de la Universidad de California en Santa Barbara, afirma que pruebas neurocientíficas ya se han utilizado para persuadir a jurados a decidir sentencias, y que los tribunales han admitido los resultados del uso de técnicas de imagen cerebral durante juicios para apoyar peticiones que justificaban actos criminales basándose en la demencia de los implicados.

Neuroarmas y neurosociedad

Recientemente, en Estados Unidos se han invertido millones de dólares en universidades para investigaciones neurotecnológicas. El MIT, por ejemplo, recibió 350 millones de dólares para el Instituto McGovern de investigación cerebral y, en la última década, el National Institute of Health dobló su presupuesto, alcanzando los siete mil millones de dólares para el estudio de enfermedades del sistema nervioso.

Por otro lado, tanto empresas privadas como agencias de inteligencia están invirtiendo mucho dinero en ese intento de aplicación de los conocimientos generados en neurociencia para utilizarlos en su beneficio. El estudio, por ejemplo, de la base neurobiológica de la toma de decisiones es de suma importancia para los ejecutivos de las empresas. Y en la elaboración de los anuncios de productos y mercancías, la utilización de esos conocimientos también está adquiriendo una gran importancia.

El posible uso de los conocimientos neurocientíficos en el campo de batalla es más preocupante. Los ejércitos modernos están desarrollando ‘neuroarmas’ que pueden ir desde la eliminación de contenidos de la memoria hasta las armas neurotóxicas que pueden transformar los estados de ánimo, producir cambios psicológicos e incluso eliminar al enemigo. Recordemos lo sucedido en Chechenia el 26 de octubre del 2002, cuando las fuerzas rusas OSNAZ introdujeron un gas que mató tanto a terroristas como a rehenes en un teatro de Moscú.

Aunque durante mucho tiempo el descubrimiento del genoma humano ha centrado la atención del público creando numerosas expectativas futuras, la neurociencia ha ido avanzando y despertando asimismo la impresión de que se avecinan importantes descubrimientos. Las técnicas de neuroimagen, los psicofármacos, las interfases entre el cerebro y las máquinas, las técnicas de estimulación cerebral, los implantes de células troncales en el cerebro o las posibilidades que se abren con la terapia génica están hoy en todos los medios de comunicación.

En algunos casos, las técnicas de neuroimagen han podido detectar idearios racistas, diferenciar contenidos falsos y verdaderos de la memoria o el contenido de algunos pensamientos. Aunque estos datos son aún muy preliminares, sin embargo ya nos están indicando por dónde se orientarán los próximos hallazgos en este campo cuando mejore la resolución espacial y temporal de las técnicas que hoy se utilizan.

A pesar de todos estos avances, no podemos olvidar lo que aún falta por saber. Hace ya siete años, once conocidos neurocientíficos alemanes publicaron un Manifiesto sobre el presente y el futuro de la investigación cerebral. En él hablaban de tres niveles distintos: El nivel superior que explica la función de grandes áreas cerebrales; el nivel medio que describe lo que ocurre en las asociaciones de cientos o miles de células nerviosas en el cerebro; y el nivel inferior que abarca los procesos a nivel celular y molecular. Según estos neurocientíficos hemos avanzado significativamente en los niveles superior e inferior, pero no en el nivel medio, cuando precisamente son las asociaciones o redes neuronales la base de los procesos mentales.

Con qué reglas trabaja el cerebro; cómo refleja así el mundo, de manera que la percepción inmediata y la experiencia pasada se fundan; cómo la acción interna se vive como su acción y cómo planifica las acciones futuras, todo esto seguimos sin entenderlo más que en sus comienzos. Tampoco está claro, dicen los neurocientíficos alemanes, cómo podríamos investigarlo con los medios de que disponemos hoy.

Aparte de esto, queda por conocer lo más importante: cómo se pasa de las descargas neuronales a la consciencia; con otras palabras, cómo es el paso de lo objetivo a lo subjetivo, algo que se considera por muchos autores el problema más difícil en neurociencia. Es el antiguo enigma de la relación cerebro-mente.

Pero todo esto, como dije anteriormente, pertenece a lo que podíamos llamar la revolución neurocientífica objetiva, mientras que lo que, a mi juicio, es más relevante es lo que denomino revolución neurocientífica subjetiva, de la que trataremos a continuación.

Una cuarta humillación

Y digo que la revolución neurocientífica subjetiva es más relevante porque va a modificar de manera considerable la opinión que tenemos sobre el mundo que nos rodea y sobre nosotros mismos. El título de esta conferencia me vino a la mente cuando releí una pequeña obra de Sigmund Freud, el gran psicólogo vienés, titulada “Una dificultad del psicoanálisis”, en la que Freud hizo la reflexión de que el ser humano había sufrido a lo largo de la historia tres humillaciones importantes en su amor propio.

La primera, la de Nicolás Copérnico en el siglo XVI, que había acabado con el geocentrismo, es decir, con la idea de que la tierra era el centro del universo y de la creación. La tierra no era más que un planeta, y no de los más importantes, del sol. Hoy esta idea no sólo está confirmada, sino que sabemos que el sol no es más que uno de los millones de soles que componen una de las muchas galaxias que existen, por lo que la importancia de la Tierra ha ido disminuyendo a pasos agigantados.

Charles Darwin. Fuente: Wikimedia Commons.

Charles Darwin. Fuente: Wikimedia Commons.
La segunda humillación provino del biólogo inglésCharles Darwin en el siglo XIX, con su teoría de la evolución, que hoy nadie pone en duda excepto algunos grupúsculos cristianos creacionistas en Estados Unidos. Aunque después de más de 150 años todavía hay personas que no han asumido lo que ella significa, o sea nuestra procedencia de animales que nos han precedido en la evolución. Esto significó sin duda un gran golpe a la idea de que éramos la perla de la creación divina, que habíamos sido creados de golpe por un soplo de la divinidad, como se dice en el Génesis. Con ello, la explicación de la Biblia pasó a ser lo que es: un mito o leyenda como muchas otras.Para Freud, la tercera humillación vendría dada por su descubrimiento, que no fue tal, del inconsciente. El inconsciente ya había sido descrito a lo largo del siglo XIX por varios médicos naturalistas románticos alemanes, pero Freud hizo de él el centro de sus estudios y le dio una importancia que otros no le habían dado. El resultado de esos estudios fue saber que la consciencia era sólo la punta de un iceberg, y que debajo del agua se encontraba una inmensa mayoría de funciones que, a pesar de ser inconscientes, gobernaban y dirigían la conducta humana. La tercera humillación, pues, era que el ser humano no era ni siquiera dueño de muchos de sus actos. Hoy se calcula que de todas las operaciones que el cerebro realiza, sólo una ínfima parte, un uno o dos por ciento, es consciente; el resto se lleva a cabo sin que sepamos que se está realizando. Con otras palabras: probablemente Freud se quedó corto.A mi entender, nos aguarda una cuarta humillación, de la que hoy sólo vislumbramos su comienzo: la revolución neurocientífica que está poniendo en entredicho convicciones tan firmes como la existencia del yo, la realidadexterior o la voluntad libre.Temas todos estos que tradicionalmente no han sido objeto de estudio por parte de las ciencias naturales, convencidos como estábamos que eran objeto de la teología, la filosofía o, como mucho, de la psicología. Pero que hoy sí que se cuentan entre los objetos de estudio de la neurociencia para darnos a entender que hemos estado equivocados hasta ahora cuando dábamos carta de naturaleza a determinados conceptos que muy posiblemente eran y siguen siendo fruto de nuestros deseos.El ser humano no tiene, por ejemplo, ningún motivo para pensar en la continuidad de su persona, de su yo, que considera que es el mismo desde la cuna a la tumba, sabiendo que nada ni en su cuerpo ni en su alrededor tiene permanencia. Y, sin embargo, ¿quién nos va a convencer de que no existe ese yo que subjetivamente está tan presente como la propia realidad exterior?

Los órganos de los sentidos nos han engañado desde siempre y lo sabemos, como ya lo sabían los filósofos griegos de la naturaleza de las colonias jónicas en Asia Menor. La neurociencia moderna nos dice que ni los colores ni los olores, ni los gustos ni los sonidos existen en la naturaleza, sino que son creaciones del cerebro. Sin embargo, ¿quién no está convencido de que esas ‘proyecciones’ del cerebro no son tales y que las cualidades de los órganos de los sentidos son parte de la realidad que percibimos?

No obstante, ya en el pasado Descartes, por ejemplo, en el siglo XVII había dicho que las cualidades secundarias de las cosas, colores, sonidos, gustos, olores, etc., no existían fuera de nosotros, sino en nosotros como sujetos sintientes. Y el filósofo napolitano del siglo XVIII Giambattista Vico escribía en su libro “La antiquísima sabiduría de los italianos”: “Si los sentidos son capacidades activas, de ahí se deduce que nosotros creamos los colores al ver, los gustos al gustar y los tonos al oír, así como el frío y el calor al tocar”.

Revisión del concepto de realidad

El filósofo inglés Charli Broad decía que el cerebro es como una válvula reductora que filtraba el inmenso caudal de datos que fluía desde los órganos de los sentidos al cerebro. Además, los propios órganos de los sentidos perciben sólo una pequeña parte de la realidad. Por eso, desde el punto de vista neurofisiológico, llamar realidad a lo que percibimos es completamente inadecuado y sin sentido.

Y el filósofo irlandés George Berkeley decía que sólo conocemos lo que percibimos, de manera que sus contemporáneos discutieron si cuando caía un árbol en el bosque y nadie estuviera presente para escucharlo haría algún ruido o no. Por lo que hoy sabemos, indudablemente no habría ningún ruido, ya que el sonido no es ninguna cualidad de la realidad absoluta, sino sólo de la nuestra.

La conclusión que podemos sacar de todo esto es que cuando hablamos de materia, del mundo material, parece que nos estamos refiriendo a una realidad subyacente, cuando de hecho nos referimos en gran parte a imágenes de nuestra mente.

En uno de los escritos filosóficos hindúes, el llamado Ashtavakra Gita se dice: “El mundo que de mí ha emanado, en mí se resuelve como la vasija en el barro, la ola en el océano y el brazalete de oro en el oro de que está compuesto”. Como es sabido, en los Vedas hindúes el mundo, así como el yo, son considerados maya, esto es, ilusión. Y los Vedas se remontan a unos 2.000 años antes de nuestra era.

En el Libro tibetano de la Gran Liberación, también llamado Bardo Thodol, encontramos la frase siguiente: “La materia se deriva de la mente o consciencia y no la mente o consciencia de la materia”.

Por cierto, en física cuántica se conoce que el acto de observar un fenómeno afecta a lo que se está observando, algo similar a lo que sabemos que hace el cerebro durante la percepción.

Uno de los escritores llamados constructivistas, Heinz von Foerster dice: “Objetividad es el delirio de un sujeto que piensa que observar se puede hacer sin él”. Este mismo autor llama la atención sobre el hecho de que tenemos unos cien millones de receptores sensoriales frente a unos diez billones de sinapsis en nuestro sistema nervioso, lo que interpreta como que somos 100.000 veces más receptivos a lo que ocurre dentro de nuestro cerebro que a las informaciones procedentes de los órganos de los sentidos.

El descubridor de la dietilamida del ácido lisérgico, LSD, Albert Hoffmann, fallecido hace sólo tres años a la edad de 102 años, decía: “Reconocí que todo mi mundo se basaba en mis vivencias subjetivas, que estaba dentro de mí y no fuera”.

El yo como cualidad emergente

Se han planteado tres argumentos a favor de que el yo es una construcción cerebral. En primer lugar, su ontogenia, o sea cuándo surge ese concepto en el desarrollo del ser humano. Al parecer, el niño no nace con ese concepto del yo, sino que se encuentra en la primera fase de su vida en un estado indiferenciado de fusión con el mundo, es decir, sin autoconsciencia. Es a partir de los dos años y medio o tres cuando surge esa impresión subjetiva de un yo propio que se diferencia del resto de la realidad y se enfrenta a ella. No deja de ser curioso que hablemos del yo y del mundo cuando ese yo es parte también de ese mundo.

En antropología se sabe que en comunidades humanas más primitivas se tenía una concepción de la persona o del yo esencialmente sociocéntrica, o sea ligada a la pertenencia al clan o a la tribu y, desde luego, mucho menos individualista que en nuestra cultura occidental. Algunos antropólogos consideran que el yo individualizado no es una idea innata, sino una noción que ha tenido un desarrollo histórico.

Entre los indios ojiwba, por ejemplo, una tribu de los algonquinos que todavía existe en algunas reservas, principalmente en Minnesota en Estados Unidos, el concepto que estos indios tenían de sí mismos no tenía nada que ver con el concepto occidental. No diferenciaban bien entre mito y realidad, entre ensueño y vigilia o entre humanos y animales.

El antropólogo Brian Morris es de la opinión que el yo en esencia es una abstracción y que se refiere más a un proceso que a una entidad. Mientras que el pensamiento occidental tiene un concepto del yo egocéntrico, en otras culturas este concepto es más sociocéntrico y en muchas de ellas el dualismo tradicional del yo frente al mundo está completamente difuminado.

Hay otro argumento que nos hace sospechar que el yo es una construcción cerebral. Para evitar que los ataques epilépticos que se producen en un hemisferio cerebral se propaguen al hemisferio del lado contrario por las fibras que unen ambos y que forman lo que se llama el cuerpo calloso, con doscientos millones de fibras, algunos neurocirujanos seccionaron el cuerpo calloso generando así lo que se ha llamado pacientes con cerebro dividido o escindido que fueron estudiados intensamente sobre todo en Estados Unidos.

Aparte de muchos otros fenómenos, uno de los resultados más llamativos de esta operación fue que estos pacientes tenían pensamientos independientes en cada hemisferio. El investigador que recibió en 1961 el premio Nobel por estos estudios fue el psicólogo norteamericano Roger Sperry y que decía lo siguiente: “Cada hemisferio parece tener sus sensaciones separadas y privadas, sus propios conceptos y sus propios impulsos para la acción. La evidencia sugiere que dos consciencias van en paralelo en ambos hemisferios de estas personas con cerebro escindido”.

Como vemos, Sperry aceptaba la existencia en estos sujetos de dos consciencias, una en cada hemisferio, lo que sugiere que en condiciones normales estas dos consciencias aparecen como una sola, por la predominancia de una de ellas o por la fusión de ambas.

En algunos pacientes esta situación creaba enormes conflictos, como, por ejemplo, que la mano izquierda, controlada por un hemisferio, cometiese un error y la mano derecha intentase corregirlo, o lo que es peor, que una mano abriese un cajón y la otra intentase cerrarlo. La conclusión de estas observaciones fue que en estos pacientes existían dos personalidades distintas, dos yos, con dos consciencias diferentes que se expresaban no sólo en las acciones, sino también en los pensamientos. Otra conclusión importante fue que la consciencia del yo tenía que estar ligada a las funciones de la corteza cerebral.Esta división del yo en dos no es necesario que se produzca en los pacientes con hemisferios separados por el cirujano, La psiquiatría sabe hace mucho tiempo de casos de desdoblamiento de personalidad, como la que se describe en la película “Psicosis” de Hitchcock.También se conoce un trastorno de personalidad múltiple que se atribuye a una violación incestuosa en edad temprana de estos pacientes. Se ha supuesto que el shock emocional que supone ser violado o violada por una persona de la propia familia puede conducir, según algunos autores, a una excitación tan grande de la amígdala, una región perteneciente al sistema límbico o cerebro emocional, que lleve a una inhibición por ésta de distintas partes del hipocampo, otra región relacionada con la memoria, generando así personalidades múltiples e independientes.Se ha planteado la hipótesis de que todos nacemos con el potencial de desarrollar múltiples personalidades, y en el curso de un desarrollo normal conseguimos más o menos consolidar un sentido integrado de la personalidad. Algo de eso debe haber, pues si observamos el comportamiento, por ejemplo, de adolescentes normales cuando se encuentran con sus padres, con su novio o novia o con sus compañeros de juerga estos comportamientos son tan distintos que parece que proceden de distintas personalidades.Resumiendo todos estos hechos podríamos decir que el yo es una entidad que desarrolla el cerebro como cualidad emergente, entidad con la que no nacemos, sino que se desarrolla a partir de la maduración de estructuras corticales y en interacción con el entorno, dependiendo, por tanto, de la cultura en la que la persona se encuentra.

¿Qué pasa con la voluntad?

Sin duda, nuestra civilización occidental ha acentuado enormemente esta cualidad del yo, generando individuos especialmente poco sensibles a los intereses colectivos. Precisamente por ser algo individual, que nos diferencia de los demás, también nos separa de ellos.

Otro dato que amenaza con minar la imagen que tenemos de nosotros mismos es el tema de la voluntad libre. Los datos de que hoy disponemos apuntan a que la libertad es una ilusión, una ficción cerebral. Nadie puede afirmar que estos datos sean definitivos, porque definitivo no hay nada en ciencia, pero son datos experimentales que nos dicen que no somos libres de tomar decisiones cuando estamos ante la posibilidad de elegir entre varias opciones. Antes de que tengamos la impresión subjetiva de voluntad, el cerebro se ha puesto en marcha de manera inconsciente.

Experimentos realizados con modernas técnicas de imagen cerebral han mostrado que esa actividad inconsciente del cerebro precede a la impresión subjetiva de voluntad nada menos que en seis segundos. Y, sin embargo, de nuevo la impresión subjetiva de libertad es tan fuerte que pensamos que la interpretación de los resultados de estos experimentos no puede ser cierta.

Se suele decir que libertad es la capacidad de hacer lo contrario de lo que realmente hacemos. Pero esto no es otra cosa, a mi entender, que tener grados de libertad, o sea una gama de opciones entre las cuales elegimos una. Estos grados de libertad son mayores mientras más desarrollado sea el cerebro, de manera que los humanos tenemos más grados de libertad que otros mamíferos y éstos más que los anfibios, etc. Pero si confundimos la libertad con los grados de libertad entonces todos los animales son libres por tener distintas opciones en su conducta. Lo decisivo no es que tengamos posibilidades de elección, sino por qué y cómo elegimos lo que elegimos y no otra posibilidad.

La ciencia nos dice que el universo está sometido a leyes deterministas, por lo que el físico Albert Einstein se preguntaba que por qué el cerebro tenía que ser una excepción y fuese la única parte de la materia del universo que fuese libre y no determinada como el resto.

Hoy en día muchos filósofos llamados compatibilistas piensan que a pesar de estar determinados como el resto del universo, los humanos somos libres siempre y cuando nuestras acciones surjan de nosotros mismos. Aquí se olvida lo que había dicho Freud de los condicionamientos inconscientes que dirigen nuestra conducta. En psicología no se dice que seamos libres si nuestra conducta está guiada por motivaciones inconscientes sobre las que el llamado yo consciente no tiene ningún control.

No deja de ser curioso el hecho de que sepamos que no tenemos ningún control consciente sobre lo que almacenamos en la memoria y, sin embargo, no nos preocupe este hecho, cuando precisamente desde el punto de vista de la supervivencia la memoria es mucho más importante que la libertad.

La falta de libertad ya había sido planteada en el pasado por el filósofo holandés Baruch Spinoza que decía que los hombres se consideraban libres porque ignoraban las causas que determinaban sus acciones.

La importancia de estos resultados es evidente. La existencia o no de libertad, libre albedrío o voluntad libre es también de enorme importancia para otras disciplinas, por ejemplo para la religión, ya que sin libertad el ser humano no es culpable de pecado, concepto clave y fundamental para las tres religiones abrahámicas: judaísmo, cristianismo e islamismo.

En jurisprudencia y en psiquiatría forense, el tema de la libertad es de gran relevancia, dado que de ahí se derivan los conceptos de responsabilidad, imputabilidad y castigo para los que delinquen. Pero la libertad es también importante en ética, en filosofía social y política, en la filosofía de la mente, en metafísica, en la teoría del conocimiento, en la filosofía de las leyes, en la filosofía de la ciencia y en la filosofía de la religión.

El cerebro y la espiritualidad

Otro tema que está siendo estudiado por la neurociencia es el tema de la espiritualidad. Desde que es posible provocar experimentalmente experiencias espirituales, religiosas o místicas estimulando determinadas regiones del lóbulo temporal pertenecientes al sistema límbico o cerebro emocional, la neurociencia ha entrado en un tema que tradicionalmente ha pertenecido a la teología. Se habla hoy, a mi entender equivocadamente, de neuroteología para referirse a la búsqueda de la espiritualidad en el cerebro. Y digo que equivocadamente, porque teología significa etimológicamente un tratado de dios, como si ya se diese por sentado su existencia, algo que la neurociencia no hace.

Pero lo realmente revolucionario, a mi juicio, es el hecho de que la materia, como el cerebro, sea capaz de producir espiritualidad. De ahí que yo al cerebro le he llamado “espiriteria”, una contracción de espíritu y materia. En cualquier caso, parece evidente que el concepto tradicional de ‘materia’ no debería ser aplicable al cerebro. Además, la separación dualista cartesiana entre espíritu y materia no tendría sentido.

Como vemos, en el pasado se consideraba inapropiado que la neurociencia se ocupase de las funciones mentales, antes llamadas funciones anímicas, o sea del alma, como lo está haciendo ahora. Hoy estamos al comienzo de un derribo sistemático de conceptos que, algunos de ellos, son pilares en los que se asienta nada menos que gran parte de nuestra cultura occidental.

De ahí que piense que se avecina una nueva humillación del ser humano, una revolución protagonizada por los resultados de la neurociencia. De nuevo, una ciencia está a punto de abrirnos los ojos a realidades que nada tienen que ver con las que hemos vivido durante siglos: éstas han sido producto de nuestro cerebro y las realidades que las sustituyan también lo serán. Pero ahora, soñar con una realidad independiente del cerebro humano será posible pero no real.

Nos llama la atención el progreso objetivo de la neurociencia, como el papel de la genética en varios trastornos mentales, los estudios de biología molecular que nos han explicado cómo determinados genes pueden llevar a producir síntomas clínicos. Admiramos los descubrimientos que muestran la producción de nuevas neuronas en el hipocampo, o los mecanismos moleculares asociados a la memoria y al aprendizaje. Hemos descubierto neuronas que son la base de la empatía, probablemente también del lenguaje y de la moralidad, como las neuronas espejo, pero los temas que he mencionado en relación con la revolución subjetiva van más allá porque van a cambiar la imagen que tenemos del mundo y de nosotros mismos. Las humanidades, junto con la neurociencia, tendrán que colaborar para diseñar una nueva imagen del ser humano que, sin duda, será distinta a la que hoy conocemos.

En suma: estamos ante una auténtica revolución de nuestras ideas: una revolución neurocientífica.

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La experiencia y sensación interna de ser capaz de solventar e integrar cualquier situación que se presente en nuestra vida es lo que crea las bases de una autoestima real. Por ello es primordial aprender por uno mismo a resolver los propios desafíos.

gente alegra haciendo feldenSi Moshé Feldenkrais, cuando se lesionó tan gravemente su rodilla, hubiera hecho caso a los médicos acerca de que jamás volvería a caminar y no se hubiera convertido en su propio “fisio-psico-terapeuta“, quizás yo también les habría hecho caso cuando me dijeron, con 27 años, que tenía una enfermedad genética degenerativa en la columna, para la cual no había cura, y que tenía que asumir el dolor crónico y la limitación de movimiento progresiva como parte de mi vida.

El día que comencé a levantarme de la cama, con 27 años, cómo si tuviera un cuerpo de 90, ese día, gracias a Feldenkrais, empecé a convertirme en mi propia maestra.

Helena Guevara

El dolor de la infancia somatizado en el cuerpo de adulto

¿CÓMO MEJORAR NUESTRA POSTURA?

“Si no hacemos nada por cambiar nuestro modelo sentimental de conducta,

el mañana se parecerá al ayer en todo menos en la fecha”

dolor emocional en el cuerpoSegún Feldenkrais tener una “mala postura” significa que continuamos repitiendo compulsívamente, una y otra vez , las estrategias de adaptación que desarrollamos en nuestra infancia para adaptarnos al medio en el que nacimos.

Para facilitar la comprensión del siguiente artículo te recomiendo que leas los tres anteriores: “Cómo nacieron tu carácter y tus creencias”; “¿Niños dependientes en cuerpo de adulto?” y “Cómo los adultos condicionaron nuestra buena o mala postura.”

Cuando éramos bebés y niños, muchas veces, se nos exigió más de lo que podíamos dar. Fue entonces cuando comenzamos a forzar nuestro cuerpo: por un lado para cumplir con las demandas de los adultos y no perder su aprobación y, por otro, para no sentir la angustia que nos producían las vivencias a las que estuvimos expuestos cuando éramos seres tan vulnerables.

Toda la musculatura flexora se encogió para proteger nuestro corazón y nuestras vísceras de la intensidad emocional. La cabeza quedó más adelantada que nuestro pecho y nuestro cuello tuvo que tensarse para sostener la cabeza.

El diafragma optó, también, por contraerse para disminuir la entrada y salida de oxígeno de nuestro organismo y minimizar el intercambio entre nosotros y el mundo para, así, no sentir tanto.

Nuestras manos y mandíbulas se tensaron crónicamente para no expresar nuestro dolor emocional convertido, a menudo, en rabia por no poder defendernos ni reclamar lo que realmente necesitábamos en aquellos momentos.

Estas estrategias de adaptación desarrolladas en la infancia, durante el periodo de dependencia, se convirtieron a nivel somático, en nuestra mala postura; a nivel emocional, en nuestro particular y restringido repertorio de respuestas emocionales; y a nivel mental, en nuestra peculiar manera de entendernos a nosotros mismos e interpretar el mundo.

Feldenkrais nos recuerda que, en esta vida, podemos elegir entre dos opciones:

a) Perpetuar el viejo estilo de conducta y seguir funcionando como lo hemos hecho siempre, como niños carentes necesitados de aprobación, afecto, reconocimiento y con miedo al aislamiento.

b) Madurar y enfrentar la angustia generada en la infancia, enquistada hoy en nuestro cuerpo y, también, tomar la responsabilidad de nuestra vida y reformar nuestro modo de acción para cambiar el rumbo de nuestra existencia.

Dice Feldenkrais:

“La Madurez es una manera de hacer en la que ya no se siguen las pautas de conducta formadas durante el periodo de dependencia , como únicas posibles.”

“Una persona madura debería poder obrar independientemente de la necesidad de atención y aprobación, del ansia de afecto y del miedo al rechazo, así como estar libre del miedo a quedarse sólo”

Así que aquí tienes algunas pistas para ir mejorando tu postura:

¿Sigues necesitando de la atención de los demás para sentirte bien? ¿Necesitas ser valorada por lo que haces? ¿Tienes miedo a estar soló? ¿Tienes miedo a que te rechacen?

En este link tienes algunas Lecciones diseñadas por Feldenkrais y guiadas por mi, para que puedas ir transformando el miedo en confianza, la duda en certeza y la angustia en paz, a través del movimiento.

Para que puedas ir encontrando el apoyo en tu propio esqueleto y no en las circunstancias externas, para que puedas liberar tu diafragma y vivir en contacto profundo con tu medio, soltar tus mandíbulas y liberar tu expresión y tu tensión, apoyar la cabeza sobre tu columna y mirar cómodamente hacia adelante, abrir el pecho para que la vida te penetre y así vivir con más  alegría, agradecimientodignidad.

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Helena Guevara

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Cómo los adultos condicionaron nuestra buena o mala postura.

¿Qué significa buena o mala postura? ¿Cómo contribuyeron nuestros padres, cuidadores y profesores a crear una buena o mala postura en nosotros cuando éramos niños?

Para Moshé Feldenkrais “postura” es un término dinámico. Es el modo en el que una persona se organiza a sí misma para la acción. En palabras textuales: “Postura es el empleo que se hace de toda la función neuromuscular.”

BUENA POSTURA

Según su entendimiento, una persona con buena postura es alguien hábil en el uso de sí mismo. Eficaz biomecánicamente y sereno mentalmente. Que sabe actuar deprisa pero sin precipitación, y sobre todo, capaz de emplear toda la potencia que posee sin elementos parásitos.

MALA POSTURA

Una persona con mala postura es alguien que obra con una excesiva tensión muscular o emocional. Ineficaz, en el sentido de que gasta más energía de la que es necesaria para la acción. Torpe o brusca en su forma de actuar, incapaz de realizar acciones sosegadas, precisas o sutiles.

¿CÓMO SE GENERA LA MALA POSTURA?

Existen dos visiones acerca de cómo y cuándo nace la mala postura, de dos investigadores diferentes, que merecen ser expuestas. La de M. Feldenkrais y la de E. Hengstenberg.

VISIÓN DE MOSHÉ FELDENKRAIS

Feldenkrais argumenta que:

“La mala postura se cultiva, en la infancia, durante el periodo de dependencia, cuando el adulto exige al niño que realice actos para los cuales no tiene medios… cuando el fin a alcanzar esta fuera de las posibilidades reales del niño…” M.F

Niña jugando campoExplica que los niños, para no perder la aprobación, la protección o el reconocimiento de los adultos, tratarán de lograr, por todos los medios posibles, encarar la acción que se les demanda, aunque aún no estén preparados. Esto les obligará a forzar su sistema aún en desarrollo, tensándose, encorvándose, contrayendo músculos de cuello, manos o cara, agarrotando las articulaciones pélvicas y paralizando la respiración para no sentir la angustia que les genera la situación.

Estas contracciones excesivas, gestadas en un contexto emocionalmente intenso y perpetuadas en el tiempo, son los componentes de una “mala postura”.

“La mala postura manifiesta, siempre, la tensión emocional a la que se debió su formación.” M.F

Reflexionemos juntos.

¿En que situaciones de la vida los niños se ven obligados a realizar actos para los cuales no están preparados?

Por ejemplo:

• ¿Cuándo, nada más nacer, se separa al bebé de la madre, por que ésta necesita recuperarse?

• ¿Cuando se le pide al niño que duerma sólo, cuando aún anhela el contacto con su madre?

• ¿Cuándo se le obliga a comer “por su propio bien”?

• ¿Cuándo se le incita a andar antes de haber terminado su aprendizaje del gateo?

• ¿Cuándo se le pone un andador, cuando no anda por sí mismo?

• ¿Cuándo se le sienta en el orinal para que aprenda a orinar y a defecar, antes de que él lo demande, porque tiene que ir a la escuela y no puede entrar si usa pañal?

• ¿Cuándo se le separa de la familia y se le mete en centros cerrados cuando aún el niño necesita a sus padres y no a sus iguales?

• ¿Cuándo se le enseña a leer y a escribir, antes de que sienta un interés genuino por números y letras, y así se satisfaga la necesidad de lo adultos de “ver que aprende”?

• ¿Cuándo se le anima a un desafío motriz que no ha elegido por sí mismo, pero da a los adultos la sensación de que le están “enseñando a superarse”?

Veamos ahora que opina E. Hengstenberg…

VISIÓN DE ELFRIEDE HENGSTENBERG

Esta maestra e investigadora, colega de Elsa Gindler, Heinrich Jacoby y Emmi Pickler, en su libro “Desplegándose” habla de la importancia de:

No coartar la libertad de los niños de proceder libremente, de observar, investigar, probar y vencer los obstáculos sin la interferencia del adulto.

Respetar el afán del niño de querer probar las cosas por sí mismo, sin recortar sus iniciativas.

Aprender sin modelos. Por que los niños tienden a realizar los actos que el modelo muestra, cuando ellos aún no han pasado por el proceso de aprendizaje que requieren dichos actos. Además de que el aprendizaje por imitación les acaba alejando de sus propias percepciones internas.

No amenazar, castigar o imponer modos de obrar, ya que esto:

“Obliga al niño a abandonar el contacto natural con su organismo y a exigirle esfuerzos excesivos.”

Según su visión, todos estos aspectos deforman el cuerpo del niño y generan malas posturas.

En resumen, si no nos exigieron ir más allá de nuestros límites, si nos dejaron obrar a nuestra manera, nos permitieron tomar decisiones y aprender a nuestro ritmo y por nosotros mismos, en un contexto emocionalmente equilibrado, cultivamos, una buena postura.

Si nos forzaron a actuar antes de tiempo, si el fin a alcanzar estaba fuera de nuestras posibilidades reales, si no nos dejaron explorar libremente o nos castigaban o amenazaban, entonces cultivamos una mala postura.

Y tú, ¿Cómo te sientes? ¿Cómo es tu postura?

¿Te sientes ágil? ¿Te duele la espalda, los hombros, el cuello? ¿Estas encorvada? ¿Actuas precipitadamente? ¿Cómo es la tensión en tus mandíbulas y en la musculatura de tu cara? ¿Sientes la respiración amplia y libre?

¿Cómo fue tu infancia? ¿Qué quieres para los niños de la generación que te sigue?

Muchas gracias

Helena Guevara

* Próximo artículo: ¿Cómo mejorar nuestra postura?

Cómo nacieron tu carácter y tus creencias.

Crianza Padres HIjosCuando nacimos éramos un cuerpo que sentía. Aún no se había desarrollado nuestra mente racional, ni el lenguaje, ni el pensamiento abstracto, simplemente sentíamos.

Éramos, fundamentalmente, piel y boca. Una piel que pudo ser acariciada o no, que pudo ser respetada o abusada… Una boca que pudo ser alimentada con leche materna o no, alimentada cuando lo demandaba o cuando se le imponía.

Nuestro sistema nervioso se configuró gracias a la información que recibimos a través de las sensaciones tanto de nuestro entorno, como del interior de nuestro cuerpo.

Orinábamos y defecábamos, vomitábamos, nos caíamos, llorábamos… Dice Feldenkrais que según cómo nuestros cuidadores respondieron a estas demandas tan físicas comenzamos a crearnos un modo de comprender el mundo y a generar unas respuestas para adaptarnos a él y sobrevivir. Ante esa brutal dependencia no tuvimos opción y cada uno se adaptó como pudo al contexto que le envolvía. Hicimos todo lo que pudimos para no sentirnos abandonados y obtener afecto, aprobación, protección, seguridad y reconocimiento. Y así nacieron nuestros patrones de comportamiento y nuestro caracter…

Si los adultos aliviaron nuestras necesidades orgánicas con respeto, paciencia y amabilidad creamos una visión del mundo.

Si nos apartaron, nos hicieron sentir culpables o respondieron con dilación ante los diferentes sucesos que aparecían en nuestro cuerpo, formamos otra visión muy distinta.

Probablemente, en el primer caso, comprendimos, somáticamente, que este mundo era un lugar amable que merecía ser explorado con entusiasmo, alegría y agradecimiento. En el segundo caso, posiblemente, sentimos que esta vida, este mundo, era un lugar difícil al que debíamos adaptarnos y resignadamente comenzamos a aceptar el sufrimiento como parte inherente de la vida.

¿Cómo percibes tú la vida? Sé honesto, cómo la percibes realmente, no cómo se supone que la debes percibir.

¿Cómo era el contexto en el que te desarrollaste? ¿Eres consciente de las estrategias, funcionales o disfuncionales, que tuviste que inventar para no perder la sensación de seguridad y no sentirte abandonado?

¿Cómo respondes hoy en día ante los diferentes desafíos de tu vida? ¿Qué estrategias utilizas? ¿Has descubierto cierto patrón de funcionamiento o de respuesta que se va repitiendo a lo largo de tu vida?

Mantén estas preguntas presentes, porque son importantes. Y no tengas prisa por responderlas, por que no es tan fácil… A menudo nos hacemos trampas a nosotr@s mism@s, nos mentimos, para no sufrir…

Dice Moshé:

“Cuando nos hacemos conscientes de lo que, de hecho, estamos haciendo, y no de lo que decimos o pensamos que hacemos, el camino real a la mejoría se abre ante nosotros.”

Lo cual quiere decir que antes de mejorar, cambiar y evolucionar hemos de ser conscientes de “qué es realmente lo que estamos haciendo” y no engañarnos creyendo que “ya sabemos” lo que estamos haciendo.

Feldenkrais es un camino de auto-aprendizaje y auto-consciencia a través del movimiento. Sus clases  te van a enseñar tu potencial muy rápidamente, pero también, te aviso, es un camino de humildad, por que te van a mostrar las mentiras que te cuentas…

Helena Guevara

¿Niños dependientes en cuerpo de adulto?

Padres modelan a hijosPor Helena Guevara: Cuando éramos niños, la atención y el afecto de nuestros padres, su aprobación, eran los únicos medios de subsistencia que teníamos a nuestro alcance y como es lógico, aunque no nos acordemos, hicimos todo lo posible por conseguirlos. Es entonces cuando inconscientemente comenzamos a asociar la seguridad con la aprobación.

Aprendimos que debíamos “ser buenos” para conseguir el afecto que necesitábamos y a sentirnos “culpables” si no obedecíamos dicha pauta establecida por los adultos.

Durante más de 10 años trabajé como asistente social con niños y adolescentes “maltratados” en centros de acogida. Vi casos en extremo dramáticos, pero siempre me impresionaba cómo, a menudo, los niños hablaban con orgullo y cariño de sus padres aunque éstos les hicieran sufrir.

Ese proceso me ayudo ser consciente de cómo el ser humano, por supervivencia física y emocional, tiende a “besar la mano que le da de comer” aunque “esa mano” sea violenta y carezca de respeto y amor.

Años más tarde pude corroborar como mis observaciones estaban apoyadas por la visión de Moshé Feldenkrais, quien afirmaba que:

“La pérdida de la seguridad atormenta más que el dolor del castigo. La angustia por el abandono puede forzar al niño a besar la mano punitiva.”

Si bien es cierto que en los servicios sociales suelen presenciarse los casos más dramáticos, no creo que muchos de nosotros estemos exentos de haber vivido bajo esta circunstancia.

Ahora trata de recordar. Para tus padres y/o profesores… ¿Que significaba “ser bueno”?

¿Estarse quieto, callado, no llorar o no molestar? ¿Obedecer a todas las indicaciones que señalaban? ¿Atender a sus demandas silenciando las propias necesidades? ¿Pensar como ellos? ¿Tener la misma forma de entender el mundo, de funcionar y de relacionarse con él?

¿Sentías cierto “chantaje emocional” que dictaba algo así como… “Si no haces lo que yo quiero, si no te comportas como yo espero de ti, no te voy a querer, me voy a enfadar, me vas a defraudar…”?

Me temo, que la inmensa mayoría de nosotros hemos crecido bajo esta forma de pensar, en la que el adulto ha de modelar al niño según sus propios criterios, sin escuchar sus verdaderas necesidades e inquietudes.

Si nos observamos como adultos podremos darnos cuenta de que, actualmente, nuestra dependencia de otros es tan grande que continuamos teniendo que cumplir con lo que se quiere o se espera de nosotros, para no perder el afecto de nuestros padres, la aprobación social y/o nuestros medios de subsistencia.

Desgraciadamente seguimos siendo niños dependientes pero ahora con cuerpo de adulto. Por continuar viviendo con miedo al aislamiento y a la soledad seguimos perpetuando el patrón de hacer lo que se espera de nosotros, ahogando en silencio nuestra individualidad, nuestras inquietudes y nuestras verdaderas necesidades. Quizás, por eso, acarreamos una constante y subterránea sensación de frustración y de falta de conexión con la verdadera alegría de vivir.

Y lo que más me interesa de esta reflexión es que si no tomamos la responsabilidad sobre nosotros mismos y no maduramos, si continuamos siendo niños con cuerpo de adulto, perpetuaremos este patrón disfuncional de “amor condicionado” y lo transmitiremos a nuestros hijos, a nuestros alumnos y/o empleados y el mundo seguirá siendo como es, nos guste o no.

Por eso dice Feldenkrais que:

“Si queremos crear una sociedad de personas creativas y en desarrollo, hay que suprimir totalmente esa relación de dependencia por la que nos dan un caramelo si somos buenos chicos y hemos de ganarnos el derecho a vivir obedeciendo los deseos del otro”.

Y añade:

“Las personas realmente sanas son aquellas capaces de vivir sus sueños plenamente”.

Entonces, ¿Qué significa madurar? ¿Te consideras una persona creativa, libre y en desarrollo?

Se sincer@ contigo mism@, ¿Estas viviendo tus sueños más anhelados plenamente?

Y más importante aún, ¿Qué quieres para tus hij@s y las generaciones venideras?

Muchas Gracias

Helena Guevara

Mejorar sin esfuerzo.

Ley weber y FechnerCómo aprende el ser humano

La auto-conciencia y la capacidad de aprendizaje del ser humano son las dos cualidades más significativas que nos diferencian del resto de las especies de nuestro planeta.

Nuestra capacidad de aprendizaje se deriva de la plasticidad cerebral, esto es, de la capacidad que tiene nuestro cerebro, a lo largo de toda su vida, de modificar su organización para una mejor adaptación al medio. La autoconciencia es la capacidad de darnos cuenta de qué sucede en nuestro medio interno y en nuestro medio externo.

Tomando esto en consideración Moshé Feldenkrais llegó a la conclusión de que si descubriéramos cómo aprendemos los seres humanos, podríamos optimizarnos a nosotros mismos hasta niveles aún, hoy por hoy, desconocidos.

Podríamos modificar aprendizajes deficientes o limitados adquiridos en el pasado. Aprender nuevas maneras de funcionar y usarnos a nosotros mismos, más eficaces y placenteras, en el presente, para vivir una vida más cómoda, estimulante y creativa, en el futuro. De esta forma podríamos acelerar nuestra evolución como individuos y como especie.

Y a eso dedicó Moshé Feldenkrais gran parte de su obra: a investigar cómo aprende el ser humano y bajo que condiciones este aprendizaje se puede optimizar.

Una de las claves más importantes que descubrió y aplicó al diseñar su método fue la “Ley de Weber-Fechner” o “Ley de la mínima diferencia perceptible”, la cual afirma que:

“A más débil sea un estímulo más facilidad tiene el sistema nervioso en detectarlo y modificarlo.”

Más concretamente significa que al reducir el esfuerzo muscular se agudiza la sensibilidad y la capacidad de percepción, lo que nos ayuda a tomar conciencia de diferencias cada vez más sutiles y a captar pequeños detalles inconscientes en nuestra forma de organizarnos, de movernos y de responder en la vida.

Por eso durante las clases se sugiere constantemente que los movimientos realizados sean pequeños y se realicen con el menor esfuerzo posible, para que el cerebro pueda modificar con mayor precisión la actividad muscular.

Por lo expuesto anteriormente, podemos deducir que tomar conciencia de lo inconsciente es mucho más fácil en la medida en la que nos vamos sutilizando, haciéndonos más sensibles y como consecuencia más vulnerables.

Hacerse más vulnerable significa, sentir más, estar más abierto, más expuesto, con menos miedo. Ósea, que cuanto menos esfuerzo más sensibilidad y cuanto menos miedo más conciencia. Cuanta más conciencia, mayor capacidad de darnos cuenta y de elegir una nueva forma de actuar y responder a todos y cada uno de los desafíos que nos presenta la vida, por que aumentar la capacidad de discernimiento aumenta la capacidad de elección.

Después de todo esto yo me pregunto:

• ¿Por qué en nuestras escuelas se promueve que los niños y jóvenes se “esfuercen” más?

• ¿Por qué el campo de la salud física se obceca en promocionar deportes de “esfuerzo” y competitividad?

• ¿Por qué en la vida hay que “currárselo” y “ganar el pan con el sudor de tu frente”?

• ¿No será esta forma de pensar y de actuar, a través del esfuerzo, un mecanismo de control social que impide el desarrollo de la sensibilidad, la conciencia y por consiguiente de la evolución del ser humano?

El exceso de esfuerzo o de fuerza de voluntad no son sino la ausencia de inteligencia y de conocimiento de cómo estamos diseñados y cómo funcionamos los seres humanos.

Muchas Gracias

Helena Guevara

“El propósito de mi método es que el cuerpo esté organizado para moverse con el mínimo esfuerzo y máxima eficacia, no a través de la fuerza muscular, sino de un mayor conocimiento de su funcionamiento”. Moshé Feldenkrais

Desarrolla tu potencial a través del Movimiento.

Depertar potencial con Feldenkrais¿Desarrollar mi potencial gracias al Método Feldenkrais? ¿Qué significa eso exactamente?. Además… ¿Feldenkrais no es una técnica de movimiento consciente dirigida a enseñar a las personas a que se muevan mejor? ¿No es un método para mejorar los dolores de espalda y articulaciones y para mejorar tanto la calidad como la amplitud del movimiento del cuerpo? Sí, pero no.

Si bien es cierto que los resultados de practicar el Método Feldenkrais tienen que ver con aliviar los dolores de músculos, huesos y articulaciones, alinear la columna, curar y prevenir lesiones, y mejorar la calidad y amplitud del movimiento, esta no fue la verdadera intención de Moshé cuando creó su método.

Su auténtico anhelo era ayudar a las personas, que así lo quisieran, a desarrollar su auto-conciencia, incrementar su capacidad de aprendizaje, fomentar su imaginación, impulsar su creatividad y avivar su espontaneidad.

Para facilitar todo esto Feldenkrais eligió el movimiento. ¿Por qué?

Si te paras a observar detenidamente, te darás cuenta de que en cada acción que realizamos están implicados el pensamiento, el sentimiento y el movimiento.

Por experiencia sabemos que no es fácil reconocer nuestros hábitos de pensamiento, nuestras creencias, ni tampoco nuestros hábitos de reacción emocional. Es complejo cambiar el pensamiento pensando, también cambiar nuestras emociones por ser tan intangibles y difíciles de detectar, sin embargo…

Sentir el movimiento es mucho más perceptible, concreto y accesible para todos.

Además, teniendo en cuenta que a nivel neurológico un cambio en la corteza motriz genera cambios equivalentes en el área emocional e intelectual, podemos entender por qué Moshé Feldenkrais escogió el Movimiento como puerta de entrada para originar cambios en el Sistema Nervioso y paralelamente en nuestra forma de pensar y de sentir.

Por misterioso que parezca, a través del movimiento podemos dar luz a todos esos hábitos que nos impiden vivir con más libertad y contactar con nuestro ser más profundo y crear el espacio necesario para que se exprese nuestro potencial, es decir, todas las posibilidades existentes y disponibles pero no usadas hasta ahora.

Feldenkrais resume su pensamiento aludiendo a la siguiente parábola tibetana:

“Una persona sin autoconciencia se parece a un carruaje en el que los pasajeros son los deseos, los caballos los músculos y el carruaje mismo el esqueleto. La auto-conciencia es el cochero, dormido. Mientras el cochero siga dormido, el carruaje será arrastrado sin objetivo alguno hacia este o aquel sitio, cada pasajero procurará dirigirse hacia un sitio particular y los caballos tirarán en otras direcciones. Pero cuando el cochero se despierta y empuña las riendas, los caballos tiran del carruaje hacia los destinos a donde deben llevar a los pasajeros.”

A esto añade:

“En los momentos en los que se une el sentimiento, los sentidos, el pensamiento y el movimiento, el carruaje avanza a gran velocidad por el camino que le corresponde. El ser humano puede, entonces efectuar descubrimientos, inventar, crear, innovar y “saber”. Comprende, entonces, que su pequeño mundo y el mundo que le rodea no son sino uno y el mismo y, en esa unión, ya no se siente sólo.”

Si esto es Feldenkrais… ¡Yo me apunto! ¿Y tú?

Muchas gracias

Helena Guevara

Envejecimiento y falta del movimiento.

Felden clase 5¿Cómo te sientes cuando ves a un hombre o mujer de edad avanzada moverse lentamente y con gran dificultad? ¿Crees que ese es tu destino? ¿Crees que los seres humanos estamos condenados, con el paso de los años, a movernos de forma más restringida, a ser cada vez menos adaptables, más rígidos e inflexibles?

Si nos guiamos por lo que observamos a nuestro alrededor esta creencia esta bien fundamentada, ya que la mayor parte de las personas mayores que vemos en nuestra sociedad están muy limitadas a nivel de movimiento y cada vez son menos autónomas y más dependientes.

Pero si nos guiamos por cómo, efectivamente, está diseñado el sistema nervioso del ser humano, la creencia de que el envejecimiento trae consigo la limitación del movimiento quedará invalidada.

Abreviadamente podemos decir que el sistema nervioso humano está diseñado para mejorar, sin fin, su capacidad de moverse, de pensar y de sentir. Es decir, la posibilidad de aprender, en cualquiera de estas áreas, no tiene límites y no disminuye con la edad.

Lo que sucede es que una vez que encontramos una manera de desenvolvernos y de movernos en la vida que más o menos funciona, nos dedicamos a repetir esa estrategia una y otra vez, generando una serie de hábitos que se graban “a fuego” en nuestro cerebro. Al “movernos” siempre, de la misma manera, dentro de lo conocido, de forma automática, sin explorar nuevas opciones, afianzamos y perpetuamos unas rutas neuronales concretas, que con el paso de los años se convierten en las conocidas “manías de viejo”. Ser maniático no es un rasgo de la personalidad, ni una desgraciada cualidad de la vejez. Significa tener un escaso repertorio de respuestas a las demandas de una vida misteriosamente cambiante y una compulsión interior a repetir reiteradamente las mismas formas de funcionar.

Una persona “maniática” es una persona que ha dejado de aprender, que por desconocimiento e inconsciencia, ha elegido dejar de alimentar a su cerebro con nuevas opciones, con nuevos registros de movimiento, nuevos puntos de vista sobre un mismo aspecto, nuevas maneras de hacer lo mismo de forma diferente.

El Método Feldenkrais, de auto-conciencia a través del movimiento, pretende, precisamente, ofrecer a nuestro sistema nervioso más opciones de movimiento, ampliar el rango de movilidad de todas y cada una de las articulaciones del cuerpo, despertar nuevas posibilidades de acción más eficaces, suaves y fáciles a las usadas hasta hoy.

Dice el Dr. Feldenkrais:

“El perfeccionamiento no tiene límites. El hombre que estaba habituado a leer a la luz de una antorcha o una lámpara de aceite pensó que la vela de cera era la última palabra y no prestó mayor atención al humo, el hollín o el olor que despedía. Cuando consideramos el posterior desarrollo de la iluminación artificial, comprendemos que al fijar límites sólo nos basamos en la ignorancia. Cada vez que ampliamos los confines de nuestro conocimiento y auto-conciencia, aumentan nuestra sensibilidad y la precisión de nuestras acciones y se expanden los límites de lo que consideramos normal”.

Personalmente cuando miro al futuro tengo claro que tipo de viejecita quiero ser.

• Quiero ser autónoma, ágil y despierta. Quizás no tenga “el traje tan planchado como ahora”, pero espero sentirme en él más cómoda que hoy.

• Quiero moverme de forma más armoniosa y liviana, subir al monte y cansarme menos por estar mejor organizada, levantarme del suelo con más agilidad y al caminar descalza por las rocas, a la orilla del mar, tener más habilidad y mejor equilibrio.

• Quiero sentir siempre curiosidad por la vida, ganas de aprender y fuerza vital para hacerlo.

• Quiero conocer mi propio ritmo y respetarlo, sin importarme cuál es el ritmo marcado por la sociedad actual.

• Quiero sensibilizarme, desarrollar más y más la capacidad de sentir, y así poder discernir con más claridad lo que realmente necesito en cada momento. Empatizar mejor, por ser más sensible, y tener el corazón más abierto para que puedan entrar en él más personas, sean como sean y piensen como piensen.

• Quiero seguir investigando, practicando y compartiendo el Método Feldenkrais, por que es la herramienta más completa e inteligente, que hasta hoy he conocido, para lograr todo lo que he expuesto anteriormente.

Y, también, quiero “meterte el gusanillo” para que te animes a conocer ¿Qué es Feldenkrais? y despertar tu curiosidad y que nunca dejes de aprender y que descubras, sean cuales sean tus condiciones de salud y tu edad, que tu capacidad de mejora no tiene límites.

Por cierto… ¿Tú cómo quieres ser de mayor?

Muchas Gracias

Helena Guevara

“Idear nuevas alternativas contribuye a que seamos

más fuertes y sabios.” M. Feldenkrais

Calmar la mente a través del Movimiento

cuerpo relajado mente sosegada

La unidad cuerpo-mente es indiscutible.

Todos anhelamos una mente en paz, tranquila y sosegada, capaz de observar y disfrutar del momento presente. Todos deseamos que el “parloteo mental” cese y todos buscamos estrategias que nos ayuden a esto.

Hemos de ser conscientes de que es más fácil tener una mente en calma si tenemos un cuerpo relajado, lo cual sólo es posible si tenemos un cuerpo bien organizado. La relajación es la consecuencia de una buena organización interna.

Pero… ¿Qué significa un cuerpo bien organizado?

El Dr. Feldenkrais nos lo explica a través de la física:

“En una máquina eficiente, todas las piezas se ajustan con exactitud entre si; todas están bien aceitadas y no presentan polvo ni suciedad en las superficies de contacto; todo el combustible consumido se convierte en energía cinética hasta el límite termodinámico, y no hay ruido ni vibración, es decir, no se gasta energía en movimiento inútil que disminuye la capacidad operativa efectiva de la máquina”.

¿Puedes imaginar cómo aplicar esto a tu cuerpo?

Reflexiona acerca de cómo te sentirías si todos tus huesos estuvieran perfectamente ajustados entre sí, si no existiera fricción alguna entre tus articulaciones, si toda la energía empleada en moverte no quedara estancada y pudiera viajar libre y fluidamente a través de todo tu esqueleto…

Las clases que Moshé Feldenkrais diseñó se proponen lograr, precisamente, eso:

“Eliminar, gradualmente, del modo de movernos y de actuar, todos los movimientos innecesarios, todo cuanto obstaculice el movimiento, interfiera en éste o se oponga a él”.

Sacar fricción de nuestro sistema es dejar de malgastar nuestra propia energía, a menudo utilizada para perpetuar bloqueos y estructuras físicas y de personalidad disfuncionales.

Mantener  en el tiempo dichos modos de moverse, de pensar y de vivir disfuncionales (que no funcionan bien pero los seguimos usando por desconocer otras alternativas), es como mantener el interruptor de la luz encendido las 24h del día aunque no haga falta.

En la medida que vamos disolviendo estas estructuras, a través del movimiento, más y más energía quedará libre y disponible para vivir de forma más fácil, ágil, alegre y creativa. Al mismo tiempo, al ir progresivamente eliminando movimientos parásitos, iremos eliminando, también, pensamientos  compulsivos y repetitivos y conociendo, por fin, qué es la paz mental.

No es fácil imaginar lo que nunca hemos vivido, lo que nunca hemos sentido. Por eso te animo a que realices alguna Clase de Feldenkrais Gratuita, para que puedas sentir y comprender estos conceptos a través de tu propia experiencia. Si no, esta información sólo quedará a nivel mental, y estoy segura, de que en este nivel ya tienes demasiada información.

Ábrete al sentir, aventúrate en lo desconocido, confía en mi.

¡Gracias!

Helena Guevara

“Sacar fricción del sistema musculo-esquelético es igual a sacar el parloteo mental de tu cabeza”

Cómo cambiar – Cómo aprender.

“No sé que hacer… no sé por donde tirar… no se me ocurre nada… Me siento atrapado… Tal y como están las cosas hoy en día no puedo quejarme, tampoco estoy tan mal… Esto es todo lo que tengo ¿y si pretendo cambiar y lo pierdo?… En el fondo deseo cambiar pero me da miedo… Sé que tengo un potencial creativo, pero no sé cómo desarrollarlo… Me gustaría cambiar pero no sé cómo…”

La mayoría de nosotros, en estos últimos años, estamos sintiendo la necesidad de cambiar en alguna esfera de nuestra vida:

. Cambiar de trabajo y realizar una actividad que nos satisfaga verdaderamente.

. Cambiar de pareja y encontrar una persona más afín.

. Cambiar de casa y vivir en un sitio más tranquilo y natural

. Cambiar de gente y relacionarnos con personas más amables, respetuosas e interesantes.

. Cambiar la forma de alimentarnos, de pensar, de sentir, de vivir…

Pero… ¿Cómo? ¿Qué podemos hacer para cambiar? ¿Cómo podemos generar un cambio profundo y real en nosotros mismos y en el mundo que nos rodea? ¿Cómo desarrollar nuestra creatividad? ¿Cómo desplegar nuestro potencial?

Somos los seres con el sistema nervioso más complejo y evolucionado del planeta, con la mayor capacidad de aprendizaje de nuevas destrezas y de adaptación al cambio.

Sin embargo, por desconocer el funcionamiento de dicho sistema e ignorar cómo aprendemos, permanecemos estancados y sometidos bajo el paradigma de la limitación y de la ausencia de posibilidades.

Es lógico. Si no sabemos cómo funciona el motor de nuestro coche no podremos arreglarlo si se estropea, por lo que si no sabemos cómo funcionamos los seres humanos no podremos hacer un mejor uso de nosotros mismos, no podremos optimizarnos, ni desarrollar nuestro potencial.

Cómo aprendemosAquí es donde Moshé Feldenkrais con sus investigaciones nos aporta un gran rayo de luz. Él estudió, durante más de la mitad de su vida, cómo funciona el sistema nervioso humano y bajo que condiciones éste aprende.

En los siguientes artículos, iré desglosando poco a poco, de la forma más sencilla y concreta posible, los aspectos más relevantes acerca de cómo aprendemos, para que podamos efectuar un cambio real, profundo y duradero en nosotros mismos y, como consecuencia, en el mundo que nos rodea.

Nadie esta capacitado para hacer este trabajo por nosotros, aunque lo quisiera.

Helena Guevara

Reinventarse a través de la conciencia y el movimiento

F2¿Qué es el Método Feldenkrais?

¿Algo parecido al Yoga, Tai-Chi o Pilates?

No, el Método Feldenkrais no se parece, en nada, a lo que has conocido hasta ahora. Que se ofrezca en salas de yoga, baile, en centros culturales o gimnasios no quiere decir que Feldenkrais se parezca a ninguna de estas tres disciplinas. Es tentador querer meter a todas en un mismo cajón por ser trabajos de cuerpo y conciencia.

El Dr. Moshé Feldenkrais desarrolló, durante más de 50 años, este ingenioso método para potenciar  la  capacidad de aprendizaje y adaptación al cambio del sistema nervioso y así facilitar, a toda persona que lo desee, el tránsito del viejo al nuevo paradigma.

Sabemos que son tiempos de cambio, que debemos reinventarnos, y que cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de contribuir al nacimiento del ser verdaderamente humano. Un ser humano respetuoso con la tierra, consigo mismo y con los demás, que viva en armonía con todos los seres y reinos del planeta, un ser humano creativo, amoroso, feliz y en paz. Este es nuestro potencial y nuestro destino, sí o sí.

Pero estamos infectados por una vieja forma de pensar en la que el miedo, el control, el autoritarismo y la limitación no dejan espacio al amor, a la confianza, a la responsabilidad personal y a las infinitas posibilidades de la vida humana.

El Método Feldenkrais es una herramienta útil y concreta para deshacer los condicionamientos heredados del viejo paradigma que nos limitan y que se expresan en nuestra forma de pensar, de movernos y de actuar.

Este método fue concebido para que cada persona pueda disolver, por si misma, sus propios nudos internos, a través de la auto-conciencia y el movimiento, y permitir que brote su verdadero potencial.

El Método Feldenkrais es un regalo para la humanidad.

Helena Guevara

 

Cambio de paradigma

agua claridad

• Antes pensábamos que personas y circunstancias exteriores a nosotros eran las responsables de nuestro malestar, ahora sabemos que somos nosotros los responsables de dichas circunstancias.

• Antes pensábamos que éramos víctimas, ahora sabemos que somos responsables.

• Antes pensábamos que la mejor forma de ayudar al otro era solucionándole los problemas, ahora sabemos que la mejor forma de ayudarle es animarle para que se responsabilice de sus problemas y encuentre la solución a ellos por sí mismo.

• Antes pensábamos que para que el ser humano aprendiera había que enseñarle, ahora sabemos que el ser humano aprende por sí mismo, a través de su propia experiencia y en un contexto de amor y respeto.

• Antes pensábamos que los niños, para desarrollarse, necesitaban la guía de los adultos, ahora sabemos que son los adultos los que necesitan la guía de los niños.

• Antes pensábamos que el sufrimiento era el motor del cambio, ahora sabemos que podemos aprender y mejorar con conciencia, sin sufrimiento y con disfrute.

• Antes pensábamos que el esfuerzo era la mejor manera de lograr nuestras metas, ahora sabemos que el esfuerzo es falta de inteligencia y creatividad.

• Antes pensábamos que el envejecimiento traía falta de movimiento y mala salud, ahora sabemos que es la falta de movimiento la que trae envejecimiento y la inconsciencia la mala salud, no el paso de los años.

• Antes pensábamos que el centro de la inteligencia estaba en el cerebro, ahora sabemos que está ahí y, también, en nuestro corazón.

• Antes pensábamos que necesitábamos instituciones, jerarquías, gobiernos y líderes que nos dirigieran, ahora sabemos que somos autónomos, libres y creativos y que los humanos somos sabiamente guiados y organizados por una corriente subterránea de amor y sabiduría.

• Antes pensábamos que todo terminaba con la muerte, ahora sabemos que ese fin es un nuevo comienzo.

• Antes pensábamos que todo estaba separado, ahora sabemos que todo esta conectado.

• Antes pensábamos que despertar de este sueño era el privilegio de unos pocos, ahora sabemos que es una posibilidad real despertar en esta vida.

ANTES PENSÁBAMOS, AHORA SENTIMOS.

Helena Guevara

 

Aprender en Libertad gracias a Feldenkrais.

Aprender en LIbertadUno de los aspectos que más sorprende a las personas que se acercan a conocer el Método Feldenkrais es que no existe un profesor que enseña cuál es la forma correcta de moverse.

Cuando llegas a clase, la profesora, o más exactamente, la persona que facilita el aprendizaje, te pide, por favor, que te tumbes en el suelo, sobre la colchoneta y que cierres los ojos.

Comienza la aventura…

A partir de ahí, quién facilita el aprendizaje irá guiando tu atención, amablemente, a través de la voz, hacia diferentes áreas de tu cuerpo y, lentamente, te orientará para que observes las sensaciones que generan en tí los movimientos sugeridos por ella.

Disfruta de la sensación de no saber…

Movimientos pequeños, no habituales, lentos y casi siempre… ¡Sorprendentes!. Nunca sabrás de antemano en qué va a consistir la clase y te será imposible anticipar el movimiento que vendrá a continuación.

Esto está diseñado para entrenar tu atención y que aprendas a permanecer siempre alerta, también para que tu mente se vaya deshabituando de la tendencia de querer anticipar el futuro y controlar lo que va a suceder.

Respetando tu propio ritmo…

La clase transcurrirá en un tempo lento, para que puedas realizar tu viaje de auto-exploración despacio, con tranquilidad, y así encontrar tu propio ritmo, el tuyo, sin importar cuál sea el de los demás. Solamente, en un estado de semi-trance, los pequeños detalles imprescindibles para el cambio podrán aflorar a tu conciencia.

Tomando conciencia de ti mismo en movimiento…

Darte cuenta, por ti misma, de cómo organizas la manera en la que te mueves, es el primer paso para el cambio y la mejora que anhelas, porque no puedes cambiar si no sabes qué es lo que debes cambiar ni cómo.

En un espacio respetuoso y sin juicio…

Sorprendentemente, en las clases de Feldenkrais, nadie te va a decir cómo hacerlo, pero sí se te ofrecerán las herramientas para que aprendas cómo mejorarte a ti mismo. Nadie te va a juzgar ni a corregir durante la clase, todo el espacio es para tí, porque sólo tú estás realmente capacitado para cambiarte a ti mismo. Nadie lo puede hacer por tí. eres el protagonista y el responsable de tu propio cambio. Se acabó depender de autoridades externas que, supuestamente, saben más que tú.

Por todo esto y más, Feldenkrais es un sistema creado para aprender por uno mismo, para desarrollar la tan anhelada autonomía y para descubrir que tomar la responsabilidad de nuestro propio cambio nos abre la puerta a la verdadera libertad.

Helena Guevara

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